Don Gustavo pensó que se estaba concretando la venta de su automóvil a un neurocirujano, cuando en realidad un grupo de estafadores estaba vulnerando su cuenta del Banco Nacional para extraerle cerca de ¢7 millones mientras hablaban con él por teléfono.
El afectado relató a La Nación cómo el 16 de octubre del 2022 se completó una estafa que tardó horas en gestarse, pues el ladrón le brindó datos para hacerle creer que en serio estaba hablando con un doctor, de forma que Gustavo confiara completamente en que la transacción sería legítima.

“Ese vehículo lo estaba vendiendo para efecto de ayudar a mi papá a conseguir un carrito para que él siguiera trabajando, porque el carro que él tenía ya estaba en muy mal estado”, contó Gustavo, quien labora como abogado y pidió que no se divulgara su apellido por razones de seguridad.
El supuesto cirujano vio el anuncio de la venta del Volkswagen Jetta 2017 y le escribió a Gustavo por WhatsApp, donde el estafador tenía fotos del hombre cuya identidad suplantó así como de los quirófanos de hospitales privados donde trabajaba. Le mandó su número de cédula, código del Colegio de Médicos, su número telefónico e incluso la identidad de su esposa, quien supuestamente se iba a dejar el carro, para que Gustavo verificara que todo estaba en orden.
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“Uno encuentra como cierta seguridad en seguir conversando con esa persona. Realmente no es que hubo conversaciones días de días, sino que fue rápido. Fue como decirte, él me escribió un sábado en la noche y acabamos de conversar un domingo, por decirle algo”, relató.
El principio del timo, la búsqueda de confianza
El día después de contactarlo, el hombre llamó a Gustavo y le dijo que quería hacer una señal de trato, en el cual iban a ejecutar un mecanismo usado para transferir dinero de una cuenta empresarial a una cuenta de persona física.
“Eso lo vi normal. Yo dije, ‘no me están pidiendo ni ningún dato, no me están diciendo nada. En fin, está bien, perfecto’, quedamos de hablar ese día, en la tarde”.
Como acordaron, lo llamó, y el supuesto doctor le dijo que su cuenta empresarial la tenía en el BAC, y para transferirle el enganche le pidió que tuvieran una llamada tripartita, junto a un agente ejecutivo de ese banco que los guiaría durante la transacción, sin pedirle ningún tipo de información personal.
El falso doctor empezó a conversar con el falso agente bancario, se brindaron datos personales entre ellos, mientras Gustavo solo escuchaba sin sospecha alguna, hasta que el agente le preguntó si él tenía firma digital, a lo que Gustavo respondió negativamente.
Según el agente, él necesitaba tener firma digital para completar la transacción, por lo que le envió un vínculo por WhatsApp al que debía ingresar para, supuestamente, realizar el trámite de solicitud de firma digital en un sitio del Banco Central.
Gustavo ingresó a ese sitio desde su navegador, sin meterse al vínculo, para verificar que la página era legítima. Al observar que la misma sí existía y era del Banco Central, siguió el trámite con total confianza.
“No me están pidiendo datos, no estoy haciendo absolutamente nada, no estoy metiendo pines ni tokens ni nada. En fin, para simplificar este proceso, el señor me envía ese link y entonces yo ya ingreso, cuando le doy click me dirige a esa página y el muchacho me dice ‘te va a aparecer tu número de cédula en la pantalla, va a aparecer una cejilla’, la cual decía los bancos donde usted quería solicitar la firma digital".
Él quería asociar su firma al BAC, por lo que escogió esa opción, y el “ejecutivo” le dijo que aparecería una barra de progreso en la pantalla, que llegó hasta trabarse en un 70%. Eso activó las primeras sospechas de Gustavo, quien le pidió a los dos hombres que siguieran el trámite otro día.
“(El agente) me dice, ‘no, no, Gustavo, tranquilo, no te preocupés’. Le digo, “no, no, es que a mí me parece algo extraño que estemos haciendo este trámite y no camine, y además, si es por una cuestión de firma digital, para mí no es necesario porque no me interesa’”.
El hombre logró persuadir a Gustavo de permanecer en la llamada, y después de una media hora que la barra seguía sin progresar, le sugirió tramitar la firma digital en otro banco, por lo que Gustavo accedió a realizarlo en el Banco Nacional.
La barra de progreso se reinició y cuando llegaba a 90%, el “doctor” le dijo “mirá, Gustavo, tranquilo, todo esto es real”.
“Sí, doctor, lo que pasa es que uno se sabe que en estos momentos uno tiene que estar ojo al Cristo por el tema de las estafas y todo este asunto”, le respondió.
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Es entonces cuando el presunto comprador le consultó por qué quería vender el carro, cuando Gustavo le dijo que era para ayudar su padre, le empezó a “echar bendiciones” y decir que “a los hijos que ayudan a sus papás, Dios los bendice”.
Tras ese intercambio, la barra de progreso llegó al 100%, y abruptamente el doctor dijo “bueno, Gustavo, muchísimas gracias”, y colgó.
Gustavo pensó que tal vez se había cortado la llamada, intentó llamar de nuevo pero nadie contestaba. A los cinco minutos, empezaron a llegarle mensajes y correos del Banco Nacional avisando que se estaban ingresando cuentas favoritas. Al revisar, observó que todas habían sido ingresadas en una categoría que permite que se pueda transferir dinero de inmediato.

Todo estaba consumado
En cuestión de minutos, se ejecutaron cuatro transferencias hacia otra cuenta del Banco Nacional, en las que le sustrajeron un total de ¢7,3 millones. Gustavo aseguró que el banco le notificó casi una hora después de que le habían vaciado la cuenta.
“Usted nota la diferencia, cuando lo llamaban de un call center de la Reforma, usted oía ahí el bullón por detrás y la forma en que hablaban. Pero este señor no (el falso agente), este señor se identificaba, me dieron el número de código del banco, hasta su correo electrónico del banco".
Gustavo presentó su queja ante el Banco Nacional, donde le indicaron que todo fue culpa de él por no cuidar sus datos. Sin embargo, él sostiene que para poder realizar todas esas gestiones, los estafadores tuvieron que deshabilitar el hardware token de su cuenta, trámite que solo era posible si hubieran accedido al token que él tenía físicamente en su casa.
También reclamó que su cuenta fue cambiada a perfil de persona no vidente, lo que le permite evitar algunos pasos en trámites bancarios para volverlos más fáciles.
Durante la investigación, se determinó que el dinero robado fue trasladado a la cuenta de una señora, y de allí fue retirado en cajeros automáticos.
Sin embargo, la denuncia por estafa no prosperó en el Ministerio Público, pues no se encontraron videos de retiros de dinero en ningún cajero, ni ninguna prueba que vincule a la señora con la estafa.
“Pero no importa, a mí el proceso penal realmente me deja sin interés, porque yo no ando detrás de quién me robó el dinero. Yo ando detrás de quién es el verdadero responsable de que el sistema del banco sea vulnerable”.
Por esto, Gustavo presentó una demanda contra el Banco Nacional por presuntamente no actuar con celeridad para evitar el desfalco, tramitada dentro del expediente 25-002079-1027-CA-0.
El Departamento de Prensa del Poder Judicial confirmó a La Nación que en ese caso se encuentra pendiente el señalamiento de audiencia preliminar, en el Tribunal Contencioso Administrativo.
De igual forma, la Dirección Jurídica del Banco Nacional indicó que “por tratarse de un caso que se encuentra en discusión en sede judicial el Banco no puede referirse al tema. Adicionalmente, la información relacionada con el cliente está cubierta por secreto bancario”.
Esta no es la primera demanda de esta naturaleza que se tramita contra dicho banco, el cual fue condenado el 9 de junio, en el Tribunal Contencioso Administrativo, a pagarle ¢442.500 a un cliente por no tomar las acciones suficientes para evitar que fuera víctima de estafa.
Por su parte, el médico cuya identidad fue suplantada afirmó a este medio que él presentó la respectiva denuncia ante el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), la cual continúa en trámite.
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