
Las relaciones abusivas no siempre son violentas, pero en su forma más extrema terminan en consecuencias fatales para decenas de mujeres cada año en Costa Rica. Este 2026, nueve casos de violencia han culminado en femicidio, lo que significa que se reportan 3,8 asesinatos por mes.
Esta cifra es superior al promedio que por lo general registra el país, de dos femicidios mensuales. Identificar las señales de que una mujer podría estar siendo víctima de violencia en su hogar puede salvarle la vida.
El miedo a cometer errores, la ansiedad por complacer a su pareja, que la mujer no tenga control de su dinero, que parezca ansiosa o deprimida, que su apariencia y su personalidad cambien, o lesiones físicas con explicaciones improbables. Estas son, según la psicóloga y psicoanalista Carolina Gölcher, algunos de los indicadores de que una mujer está siendo víctima de violencia.
A la lista, la experta agrega situaciones en las que una mujer recibe llamadas o mensajes de texto constantes de su pareja, se muestra hipervigilante o comienza a aislarse de su entorno cercano.
En casos más severos, las señales pueden incluir amenazas explícitas, control sobre dónde está la mujer, la aparición del agresor sin avisar en su lugar de trabajo o en su centro de estudios, o que nadie pueda comunicarse con ella libremente. Entonces, su vida corre peligro.

¿Cómo ayudar a una mujer víctima de violencia?
Cada caso de violencia depende de distintos factores, desde lo económico y laboral hasta lo social y familiar. De ello depende que algunas mujeres decidan guardar silencio y no logren separarse de su agresor, justamente por dependencia económica o por no contar con refugio.
A ello se suma, según Gölcher, que los abusadores se alimentan del miedo de las víctimas y por eso el simple hecho de contarle a alguien requiere de mucho valor.
Ante este escenario, explica que el círculo cercano nunca debe perder el contacto con la víctima, pues el agresor aprovecha el aislamiento de amigos y familiares para ejercer un dominio completo. Aunado a ello, explica que es necesario abrir espacios de escucha, sin juzgar y siempre validando la experiencia de abuso de la víctima.
Esto es especialmente importante porque, en muchos casos, a las mujeres se les dificulta más abandonar una relación si reciben de ella comportamientos y actitudes que interpretan como amor y las lleva a pensar que el agresor puede cambiar.
En otros casos, el abusador incluso logra el anulamiento de la confianza en ella misma y consigue convencerla de que merece el maltrato.
Así, el círculo de violencia se profundiza y el apoyo externo debe ir más allá de señalar que el vínculo es dañino. Es posible que una mujer requiera de apoyo material.
“Con hambre y/o sin techo la capacidad de pensar queda muy comprometida (...) No sirve sólo persuadirlas de lo inadecuado del vínculo y ofrecerles ayuda para la ruptura. Sobre todo cuando se trata de situaciones cronificadas. No es suficiente porque ese escenario de ruptura les abre un horizonte de vacío y de pérdida que provoca una angustia paralizante”, afirmó la experta.
Es entonces, explica, cuando sus allegados deben brindarle un plan de salida organizado, recursos económicos y emocionales para hacer frente a la separación y suministrarle resguardo físico. La ayuda, dice, debe extenderse a guiarla hacia los servicios especializados en violencia familiar y apoyo profesional.
Si siente peligro por su vida o conoce de alguien que está en riesgo inminente, llame al 9-1-1 o acuda a la oficina del Organismo de Investigación Judicial más cercana. También puede llamar a Denuncias ante OIJ: 800-8000-645, al INAMU, Derechos de las Mujeres: 1125.
