Fabrice Le Lous. 27 junio

Cada vez que bajamos la palanca del inodoro, unos 10 litros de agua potable se desperdician de un solo en una actividad que --obviamente-- no requiere de agua para beber. ¿Qué tal si para los inodoros usáramos agua de lluvia? ¿Y qué tal si usáramos esta misma agua para ayudar a lugares donde el agua limpia hace falta? En este reportaje exploramos a fondo los sistemas de captación de agua de lluvia en Costa Rica.

Para empezar, es importante saber que esta solución no es ciencia ficción: ya existe y ya se aplica en una escuela, un salón comunal, una cabaña de guardaparques y un hotel recomendado en páginas de turismo. Nosotros visitamos estos cuatro sistemas en comunidades de Bahía Ballena, en Uvita (Puntarenas). Los usuarios del sistema lo catalogan como “una bendición” y algunos incluso están ahorrando ¢40.000 de agua al mes.

La iniciativa tiene limitantes que también analizamos, pero, en principio, se trata de darle valor a un bien que literalmente nos cae del cielo; es gratuito, y beneficia al medioambiente y al bolsillo.

¿Cómo se recoge el agua de lluvia?

Es muy sencillo. Básicamente se necesitan cinco cosas.

1. Superficie de captación del agua: techo

Es lo más importante. Debe ser liso y uniforme para que el agua escurra. Puede ser de láminas de zinc, tejas de arcilla o concreto. Lo ideal es que esta superficie permanezca lo más limpia posible.

Techo que capta agua de lluvia en el patio central de la escuela de Dominicalito (Uvita, Puntarenas). Foto: Rafael Pacheco / La Nación.
Techo que capta agua de lluvia en el patio central de la escuela de Dominicalito (Uvita, Puntarenas). Foto: Rafael Pacheco / La Nación.

2. Canoas y tuberías bajantes

Se colocan donde termina el techo para recolectar el agua de lluvia. Por el declive y la gravedad, se redirecciona a un tanque de almacenamiento gracias a una bajante.

Canoas y tuberías bajantes del agua recolectada en el techo de la escuela de Dominicalito (Uvita, Puntarenas) Foto: Rafael Pacheco / La Nación.
Canoas y tuberías bajantes del agua recolectada en el techo de la escuela de Dominicalito (Uvita, Puntarenas) Foto: Rafael Pacheco / La Nación.

3. Trampa de sólidos

Es importante que el agua llegue lo más limpia posible al tanque de almacenamiento, pues se utilizará para labores domésticas. El bajante de tuberías por el que el líquido viajará de las canoas al tanque debe tener una trampa de hojas y demás sólidos que se arrastran desde tejado. Esta trampa puede ser un tubo en forma de T en el cual, por gravedad, los sólidos bajan. Al final de este tubo, donde se acumulan los sólidos, debe haber una tapa para extraerlos y limpiarlo para recibir nuevas lluvias.

Trampa de sólidos por gravedad en el sistema de de captación de agua de la escuela de Dominicalito (Uvita, Puntarenas). Foto: Rafael Pacheco / La Nación.
Trampa de sólidos por gravedad en el sistema de de captación de agua de la escuela de Dominicalito (Uvita, Puntarenas). Foto: Rafael Pacheco / La Nación.

4. Dispositivo de almacenamiento: tanque

Un tanque de PVC u otros materiales impermeables que se llenará con el agua de lluvia. Debe tener tapa y esta debe permanecer cerrada para evitar la evaporación y el ingreso de insectos u otros animales. También debe estar dotado de dispositivos para drenaje o salida de agua, para que cuando se llene, el agua que sobra vaya al alcantarillado local, y al a la vez para poder limpiarlo y darle mantenimiento.

Para evitar el uso de una bomba de presión, se recomienda colocar el tanque en altura. Esto puede hacerse construyendo una estructura metálica sencilla sobre una base de concreto sólida.

El tanque de almacenamiento de agua de lluvia de la escuela de Dominicalito (Uvita, Puntarenas) tiene capacidad para 2.600 litros. Foto: Rafael Pacheco / La Nación.
El tanque de almacenamiento de agua de lluvia de la escuela de Dominicalito (Uvita, Puntarenas) tiene capacidad para 2.600 litros. Foto: Rafael Pacheco / La Nación.

5. Salida de tanque y red de tuberías

Entre más alto se coloque el tanque, más presión de agua se ganará a la caída. Así se aprovecha la gravedad para una red de tuberías que llevará el líquido a los baños u otras áreas del espacio beneficiado.

Los cuatro sistemas de captación de aguas de lluvia en Bahía Ballena fueron instalados como una iniciativa de la ambientalista Fundación Keto, con consultorías y diseños del arquitecto Ariel Hidalgo, y con la instalación de un vecino de la zona llamado Ronald Guzmán, quien ahora sabe diseñar e instalar estos sistemas para más personas interesadas. Los sistemas se instalaron en 2019 y funcionan perfectamente en la actualidad.

Este es el plano A que ellos proponen para este tipo de soluciones. Del tanque, ubicado en altura sobre una estructura metálica, sale una red de tuberías con suficiente presión para abastecer los usos requeridos.

Elaboración y cortesía: Fundación Keto / Arquitecto Ariel Hidalgo
Elaboración y cortesía: Fundación Keto / Arquitecto Ariel Hidalgo

Este es el plano B que Fundación Keto propone para este tipo de soluciones. Del tanque, ubicado sobre una base de concreto, sale un grifo para conectar mangueras o llenar baldes.

Elaboración y cortesía: Fundación Keto / Arquitecto Ariel Hidalgo
Elaboración y cortesía: Fundación Keto / Arquitecto Ariel Hidalgo

Este es el plano C que Fundación Keto propone para este tipo de soluciones. Del tanque, ubicado en el suelo, con su base bajo tierra, sale una red de tuberías que necesita una bomba de agua para adquirir la presión necesaria para abastecer los usos requeridos.

Soluciones LN #5 - Cómo usar el agua de lluvia en Costa Rica
Soluciones LN #5 - Cómo usar el agua de lluvia en Costa Rica
¿El agua de lluvia es potable?

No. Es agua limpia, pero no es agua potable, porque puede contener:

--Contaminantes depositados en los techos (como humo de los vehículos en zonas urbanas).

--Esporas, semillas, hojas, partes de plantas que caen sobre el techo.

--Excremento de animales como gatos, lagartijas, roedores, aves, etc.

--Microorganismos que transporta el viento.

--Insectos.

--Herrumbre de techos.

Además, como explica el químico Víctor Arias Mora, del Centro de Investigación de Contaminación Ambiental de la Universidad de Costa Rica (UCR), esta es agua de lluvia que viaja en la atmósfera, y su recorrido es en gran medida desconocido.

“Al viajar por la atmósfera, esa agua arrastra una importante cantidad de sustancias”, detalla el químico. “Material particulado, molecular, moléculas de gas que se pueden disolver. Contiene sustancias de interés analítico en cuanto a la salud que es difícil de cuantificar”.

Según Arias, beber esta agua puede enfermar a las personas. “Puede ocasionar diarrea por los bajos contenidos minerales”, precisa el especialista. “Es muy arriesgado sugerir que con un balde se pueda recoger agua de lluvia para consumo humano”.

Toda agua en Costa Rica debe ser desinfectada para la ingesta humana. La recomendación es no utilizar el agua pluvial para beber ni para tratar alimentos ni trastos de cocina. Sus usos son muchos, pero son otros.

¿Cómo podemos usar el agua de lluvia?

Esta agua tiene muchos usos que no requieren de agua potable:

--Descarga de inodoros (el uso más recomendado y uno de los que consumen más agua).

--Limpieza de suelos interiores y exteriores.

--Limpieza de automóviles.

--Lavado de ropa.

--Llenado de piscina (el sistema de cloración y filtración vuelven el agua adecuada para bañarse).

--Riego de plantas, jardines y cultivos.

No debe usarse para:

--Beber.

--Manipular alimentos.

--Lavar trastos de cocina.

--Lavarnos las manos.

--Ducharnos/bañarnos.

Agua de lluvia para instituciones con mucha demanda de personas

En una empresa grande o una entidad del Estado, la cantidad de veces que se utilizan los inodoros con agua potable es enorme. Y el ahorro potencial si se utiliza agua de lluvia para ello es igual de importante. Veamos el ejemplo de usar agua de lluvia en una escuela.

La entrada principal de la Escuela de Dominicalito, en Puntarenas. Foto: Rafael Pacheco / La Nación.
La entrada principal de la Escuela de Dominicalito, en Puntarenas. Foto: Rafael Pacheco / La Nación.

Este es quizás el mejor ejemplo de uso de aguas pluviales que visitamos en Puntarenas. La escuela de Dominicalito, dirigida por Seidy Pérez Herrera, implementó en junio de 2019 un sistema de captación de lluvia con un tanque de almacenamiento con capacidad para 2.600 litros, con apoyo de la Fundación Keto.

Dominicalito es una comunidad sin abastecimiento continuo de agua potable, pero es una zona donde llueve mucho. La escuela no beneficia de una red de alcantarillados: el AyA les llena tanques con una cisterna esporádicamente y también reciben agua de una quebrada cuando llueve, pero esta suele bajar turbia y no es potable.

Por eso, con el agua pluvial que recogen del techo, se lava la escuela y se descargan los inodoros.

“Sin agua la escuela no abre sus puertas, porque hablamos de 100 alumnos”, comentó la directora Seidy Pérez. “Sin agua las instituciones educativas no pueden funcionar. Muchas veces la falta de agua produjo que se suspendieran las lecciones. Había muchas dificultades con la parte de la limpieza”.

Ella llama “una bendición” al sistema de cosecha de agua, pues les ha permitido no cerrar el centro educativo cuando el líquido escasea.

Aquí el proyecto abastece y beneficia la batería sanitaria. O sea que por más que falta agua en la zona, los inodoros pasan limpios. Si llueve por la noche, el tanque utilizado durante el día amanece lleno al día siguiente.

Es importante resaltar, como lo hace la directora, que las aguas están separadas. Las tuberías que llevan el agua potable que les da el AyA vía cisterna están en una red aparte de la red de tubos que trasladan el agua pluvial del tanque de 2.600 litros.

El sistema de captación de agua de lluvia ha beneficiado a la Escuela de Dominicalito al punto que ya no cierran sus puertas por falta de agua, como sucedía antes de junio de 2019. Foto: Rafael Pacheco / La Nación.
El sistema de captación de agua de lluvia ha beneficiado a la Escuela de Dominicalito al punto que ya no cierran sus puertas por falta de agua, como sucedía antes de junio de 2019. Foto: Rafael Pacheco / La Nación.
El sistema de captación de agua de lluvia ha beneficiado a la Escuela de Dominicalito al punto que ya no cierran sus puertas por falta de agua, como sucedía antes de junio de 2019. Foto: Rafael Pacheco / La Nación.
El sistema de captación de agua de lluvia ha beneficiado a la Escuela de Dominicalito al punto que ya no cierran sus puertas por falta de agua, como sucedía antes de junio de 2019. Foto: Rafael Pacheco / La Nación.

Ojo: en comunidades rurales de escasos recursos, ir a la escuela y almorzar en el recinto educativo representa muchas veces la única comida balanceada que los estudiantes comerán en el día. Esto suma al impacto positivo que el sistema de captación de agua trajo a la escuela de Dominicalito.

Luis Monge, de la Fundación Keto, se dice satisfecho por la implementación de este sistema en la escuela. “Es muy importante en una comunidad como esta. Pero la idea es establecer estos sistemas como pilotos para que otra gente se dé cuenta de que sí funciona”, añade.

Por su parte, el arquitecto Ariel Hidalgo, considera que las escuelas y colegios, precisamente, son “el lugar ideal para este tipo de iniciativas”.

“En la Gran Área Metropolitana (GAM) bien puede implementarse este sistema en escuelas. Porque en primer lugar, los futuros arquitectos e ingenieros llevarán esa idea al futuro. La educación puede hacer eso indirectamente. Y en segundo lugar, los padres de familia indudablemente se alimentarán de esa idea que se usa en el colegio de sus hijos. Habrá más conciencia. Y tres, el beneficio es enorme. ¿Cuántos inodoros hay en escuelas y cuántas veces se utilizan?”

La lógica de usar agua de lluvia en servicios sanitarios para edificios o instituciones grandes, donde convergen cientos de personas todos los días, será utilizada en el nuevo edificio de la Asamblea Legislativa.

El ingeniero Marlon Velásquez, quien trabaja en el proyecto, dijo a La Nación: “Todas las aguas freáticas que están bajo el nivel de la calle y las aguas de lluvia se canalizarán a un tanque ubicado en el puro centro (del edificio), y ese líquido se aprovechará para servicios sanitarios y también para el aire acondicionado”.

Idea del sistema de recolección de agua de lluvia según la presentación oficial del edificio de la Asamblea.
Idea del sistema de recolección de agua de lluvia según la presentación oficial del edificio de la Asamblea.

Cuando una casa o edificio están en la fase de construcción, es cuando resulta más sencillo idear e instalar un sistema de captación de agua de lluvia. En edificaciones ya hechas se pueden instalar, pero la tarea es menos intuitiva y puede requerir más trabajos para modificar la estructura existente (sobre todo por las tuberías).

Agua de lluvia para negocios

Aquí es donde el ahorro económico puede ser más grande. Si bien el agua potable es un servicio relativamente barato en Costa Rica, las facturas de comercios aumentan considerablemente. Por ejemplo, la tarifa fija mensual para domicilios en Costa Rica en 2019 era de ¢9.724. Para empresas era de ¢32.983.

En Bahía Ballena, en Uvita, visitamos el hotel Bahía Azul, que cuenta con dos tanques de 900 litros de capacidad cada uno que captan aguas pluviales.

La propietaria del hotel, Tania Calderón, indicó que aquí utilizan esta agua para toda la lavandería de sábanas, toallas y demás textiles, y también para rellenar la piscina.

Tania Calderón, propietaria del hotel Bahía Azul, utiliza el agua de lluvia para el relleno de la piscina y la lavandería. Fotos: Rafael Pacheco / La Nación.
Tania Calderón, propietaria del hotel Bahía Azul, utiliza el agua de lluvia para el relleno de la piscina y la lavandería. Fotos: Rafael Pacheco / La Nación.
Tania Calderón, propietaria del hotel Bahía Azul, utiliza el agua de lluvia para el relleno de la piscina y la lavandería. Fotos: Rafael Pacheco / La Nación.
Tania Calderón, propietaria del hotel Bahía Azul, utiliza el agua de lluvia para el relleno de la piscina y la lavandería. Fotos: Rafael Pacheco / La Nación.
Tania Calderón, propietaria del hotel Bahía Azul, utiliza el agua de lluvia para el relleno de la piscina y la lavandería. Fotos: Rafael Pacheco / La Nación.
Tania Calderón, propietaria del hotel Bahía Azul, utiliza el agua de lluvia para el relleno de la piscina y la lavandería. Fotos: Rafael Pacheco / La Nación.

“Tenemos un año de usar el sistema de recaudación. Principalmente se usa para la piscina, todos los días, y para la lavandería”, relata Calderón. “La piscina la llenamos normal. Conectamos la manguera a un grifo cerca del tanque y la rellenamos. Luego hacemos la cloración, medimos el pH y añadimos los químicos necesarios. En la lavandería usamos el agua de lluvia como si fuera el agua potable, como antes”, explica Tania Calderón.

Además, la dueña de este hotel reveló que antes de tener este sistema, la factura de agua rondaba los ¢100.000. El sistema le ha permitido ahorrar un 40% del agua potable que consumían. Son ¢40.000 de ahorro mensual.

“En 10 o 12 meses se paga el sistema en un hotel como el de Tania”, explica Luis Monge, de Fundación Keto, quien supervisó la donación del mismo. En este sistema la fundación invirtió entre ¢400.000 y ¢500.000 (plan de sistema de captación A --ver gráficos más arriba).

En este negocio el ahorro es grande porque el uso de agua también lo es. Si un lavacar de la GAM implementa la misma idea, con tanques de almacenamiento incluso más grandes, el ahorro económico y el de agua potable sería incluso mayor en época lluviosa.

Agua de lluvia para hogares

Otro de los sistemas de captación de agua de lluvia que visitamos en Bahía Ballena se encuentra en la cabaña de habitación de los guardaparques del Parque Nacional Marino Ballena.

Cristian Gallardo Solano, uno de los administrativos del parque, que ha dormido en esta residencia de madera por su trabajo, relató que el suministro de agua que usaban antes era un pozo, pero este tendía a secarse. La cosecha de agua pluvial representa una solución para los “altibajos que hay con las lluvias”, según Gallardo.

En esta localidad no hay un alcantarillado que lleve el agua potable a las moradas del parque, así que se utiliza el agua de precipitaciones para usos que sobrepasan los recomendados.

El guardaparque Cristian Gallardo y Luis Monge, naturista y facilitador de procesos de Fundación Keto, explican cómo funciona el sistema de captación de aguas pluviales en el Parque Nacional Marino Ballena, en Uvita (Puntarenas). Foto: Rafael Pacheco / La Nación.
El guardaparque Cristian Gallardo y Luis Monge, naturista y facilitador de procesos de Fundación Keto, explican cómo funciona el sistema de captación de aguas pluviales en el Parque Nacional Marino Ballena, en Uvita (Puntarenas). Foto: Rafael Pacheco / La Nación.

A petición de los guardaparques, el tanque que guarda el agua proveniente del cielo alimenta la ducha, el lavamanos y el inodoro del baño.

Aunque el uso del agua de lluvia en la ducha y el lavamanos no es apropiado, Gallardo indicó que en poco más de un año de usarlo no han tenido problemas.

Ronald Guzmán, un vecino de la zona que instaló un sistema similar en su casa, únicamente usó el agua para lavado de ropa, riego de jardín, limpieza de suelo e inodoro. Guzmán relata que su factura de consumo de agua pasó de ¢14.000 en promedio a ¢9.000. Tuvo un ahorro mensual de ¢5.000.

Cosecha de agua en la Gran Área Metropolitana

Antes de instalar un sistema así en su hogar, hay que valorar algunos aspectos. No es lo mismo instalarlo en zonas rurales que en ciudades.

En la comunidad que visitamos, en el litoral Pacífico, las casas tienen bastante espacio a sus alrededores. Las construcciones vecinas no están pegadas las unas con otras, y esto facilita la instalación de un sistema de captación de agua de lluvia al lado del muro del baño.

Según el arquitecto Ariel Hidalgo, quien diseñó los sistemas que la Fundación Keto instaló en la cabaña de Gallardo o en la casa de Guzmán, el costo contando la mano de obra no sobrepasa los ¢220.000. Es un precio para un tanque de almacenamiento de unos 450 o 600 litros, y es un precio en el litoral (en zona rural).

En zonas más urbanas, no obstante, las casas suelen tener menos espacio de maniobra a sus alrededores. Y la mayoría de las veces las viviendas están pegadas entre sí, con poco patio y poco terreno en general. Ubicar el tanque de almacenamiento de agua pluvial sobre el techo no es viable, porque el agua que recoge el tejado deberá entonces ser proyectada vía bomba hacia el tanque para llenarlo. Y esto encarece la operación.

La poca maniobrabilidad para instalar el sistema en zonas urbanas, además, urge de más perforaciones; lo que incrementa el costo. Y también está el componente estético. Los sistemas visitados para este reportaje son útiles y funcionales. Más de 18 meses de uso regular lo comprueban, pero no son nada estéticos. Si en la Gran Área Metropolitana (GAM) hay interesados en implementar esta solución, habrá que tomar una decisión acerca del tema “cómo se verá en mi casa”.

Pero no es que resulte imposible instalarlo en ciudades. Todo lo contrario. Es importante hacer las mediciones para conocer de antemano si el proyecto dará los resultados buscados (ahorro económico vs. costo de instalación). El ahorro más grande, desde luego, es no gastar agua potable para consumo humano en los inodoros.

La empresa tica Hidrovital se especializa en la instalación de estos sistemas, aunque está dirigida a un público con una situación económica solvente. Ellos ubican tanques de 1.700 a 2.500 litros de agua de capacidad en casas de habitación. Estos van enterrados y tienen medición de niveles para saber cuándo usar agua de lluvia y cuándo agua potable. También poseen una bomba de agua automatizada y un filtro con autolavado.

Hidrovital cobra hasta $2.500 dólares para instalar este sistema en casas. Suelen hacerlo durante la fase de construcción, cuando resulta más práctico, y hacen diseños “acordes” a la estética arquitectural del recinto donde trabajan, según explicó uno de sus representantes.

Instalar un sistema más simple (similar a los de Bahía Ballena) en la GAM puede salir aproximadamente en ¢300.000. El precio final dependerá de los materiales, los acabados que el usuario desee y el costo de mano de obra.

Un ejemplo de buen uso de agua pluvial en la GAM se encuentra en el edificio de residencias universitarias de la UCR, donde estudiantes instalaron un sistema para el lavado de ropa en 2015. Según cálculos de los universitarios, el ahorro asciende a 170.000 litros de agua potable al mes.

Sistema de captación de agua de lluvia en las residencias universitarias de la UCR. Foto: Diana Méndez / La Nación.
Sistema de captación de agua de lluvia en las residencias universitarias de la UCR. Foto: Diana Méndez / La Nación.
Sistema de captación de agua de lluvia en las residencias universitarias de la UCR. Foto: Diana Méndez / La Nación.
Sistema de captación de agua de lluvia en las residencias universitarias de la UCR. Foto: Diana Méndez / La Nación.
Sistema de captación de agua de lluvia en las residencias universitarias de la UCR. Foto: Diana Méndez / La Nación.
Sistema de captación de agua de lluvia en las residencias universitarias de la UCR. Foto: Diana Méndez / La Nación.
Sistema de captación de agua de lluvia en las residencias universitarias de la UCR. Foto: Diana Méndez / La Nación.
Sistema de captación de agua de lluvia en las residencias universitarias de la UCR. Foto: Diana Méndez / La Nación.

Como es lógico, lo ideal es pensar en un sistema de este tipo antes de iniciar las construcciones. Si se instala en la fase constructiva, resultará mucho más fácil lograr que todo encaje y que el sistema funcione a cabalidad para abastecer baterías sanitarias o lavanderías de ropa.

Valoración de expertos para instalar este sistema en hogares en la GAM

Consideraciones del arquitecto Ariel Hidalgo, con subespecialidad en arquitectura y urbanismo sostenible.

--Por la cercanía de las casas, puede resultar complicado instalar un sistema de captación de agua pluvial porque la fachada exterior del baño posiblemente esté obstruida. Hay que tener en cuenta que el proceso será más caro.

--Es vital determinar la altura del tanque de almacenamiento y la salida hacia el inodoro para no perder presión del agua que se usará. Usar un sistema de bombeo lo vuelve todo más caro pero más práctico.

--En zonas rurales es más fácil perforar una pared de madera u otro material ligero. En zonas más urbanas los muros de concreto encarecen el problema. Además, en el campo el uso de tuberías externas es frecuente con estos sistemas. En zonas urbanas es posible que los interesados quieran esconder las tuberías.

Consideraciones del químico Víctor Arias, del Centro de Investigación de Contaminación Ambiental de la Universidad de Costa Rica. Arias recomienda replicar los sistemas de Bahía Ballena con estas condicionantes:

--Definir bien los usos que se le dará al agua de lluvia. Por ejemplo: si es para inodoros, se ahorran 60 litros de agua potable por persona por día.

--Calcular el valor de autonomía del tanque de abastecimiento (cuánto tiempo dura un tanque lleno con qué actividades). Esto para dimensionar el tamaño del tanque necesario.

--Saber de cuánta agua se dispondrá realmente (cuánto llueve sobre mi vivienda por año y en qué meses llueve más).

--Definir el área del techo y la forma en la que se va obtener esa agua.

--Tomar en cuenta dónde se encuentra geográficamente. ¿Llueve suficiente para aprovechar el sistema? Revisar la estación meteorológica donde se encuentra la vivienda.

--Definir bien los costos de instalación del sistema y los posibles beneficios que se lograrán con ello. ¿Tiene sentido económico esta instalación?

En hogares, los sistemas de captación de agua de lluvia son primero soluciones ambientales, de ahorro de agua potable, antes de ser soluciones económicas. La inversión se recupera eventualmente, pero deben pasar muchos años.

--Ahorro de dinero en casa particular en Bahía Ballena con sistema de cosecha de agua de lluvia: ¢4.000 - ¢5.000 por mes

En negocios que usan mucha agua (lavacar, hotel, sector agro), estos sistemas son soluciones ambientales y económicas viables. La inversión se recupera a mediano plazo. Y una vez recuperada, los beneficios son notables:

--Ahorro de dinero en hotel pequeño en Bahía Ballena con sistema de cosecha de agua de lluvia: ¢40.000 por mes

Luis Monge, de Fundación Keto, examina el sistema de captación de agua de lluvia en el Salón Comunal de Punta Ballena, en Puntarenas. Foto: Rafael Pacheco / La Nación
Luis Monge, de Fundación Keto, examina el sistema de captación de agua de lluvia en el Salón Comunal de Punta Ballena, en Puntarenas. Foto: Rafael Pacheco / La Nación
Tanque de agua de lluvia del sistema de captación pluvial en el Salón Comunal de Punta Ballena, en Puntarenas. Foto: Rafael Pacheco / La Nación
Tanque de agua de lluvia del sistema de captación pluvial en el Salón Comunal de Punta Ballena, en Puntarenas. Foto: Rafael Pacheco / La Nación
Así desperdiciamos el agua potable en Costa Rica

Actualmente pasan dos cosas en Costa Rica y el mundo:

1) No paramos de escuchar, ver y leer proclamas ambientalistas para encontrar soluciones al cambio climático.

2) Desperdiciamos agua potable en cantidades industriales. En cantidades dramáticas.

Un tico promedio gasta 200 litros de agua potable por día. De esos 200 litros, entre 60 y 80 no se emplean en usos que necesitan que el agua sea para consumo humano.

Son 60 litros de agua potable por día por habitante en Costa Rica que se van por el inodoro.

Es decir: los 5 millones de costarricense usan 300.000.000 litros de agua potable en inodoros por día.

Son 1.500.000.000.000.000 (1,5 trillones) litros de agua potable al año que se usa para descarga de inodoros en el país.

Esto equivale a 1.500.000.000.000 (1,5 billones) de metros cúbicos de agua potable que se emplea en una actividad que no necesita agua potable.

Según el AyA, en el país una familia promedio (con 4 miembros) utiliza 24 metros cúbicos de agua potable.

Y los inodoros apenas son la apertura del debate.

Si examinamos el caso de las lecherías, donde se ordeña las vacas para producir leche, vemos que el gasto de agua potable en actividades que no necesitan líquido para consumo humano es indiscriminado.

Las estancias donde se ordeñan estos cuadrúpedos deben estar limpias de boñigas y excrementos de los animales, pero en la actualidad, para limpiarlas, se utilizan cantidades astronómicas de agua potable. ¿Qué tal si usáramos agua de lluvia para esto durante la época húmeda?

Un estudio de 2014 realizado por el ingeniero agrónomo Félix Zumbado, del Programa de Investigación en Desarrollo Urbano Sostenible (ProDUS) de la UCR, encontró que existe un desperdicio de agua potable en labores de limpieza en la mayoría de lecherías del país.

El estudio, que el investigador nos proveyó para esta publicación, contiene la siguiente tabla:

En el estudio de Zumbado también se destaca que, según datos científicos de 2006, en Costa Rica los productores de leche gastaban 10.385 litros de agua por día en tareas específicas de lavado de corrales y de la sala de ordeño.

Si las lecherías usaran agua de lluvia para estas tareas, el ahorro de agua potable sería grandísimo.

Nota: este reportaje se investigó en 2019. El 25 de junio de 2020 contactamos a Luis Monge, de Fundación Keto, y comentó que todos los sistemas de captación de aguas pluviales de Puntarenas siguen funcionando normalmente en época lluviosa.

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Periodista: Fabrice Le Lous

Fotografía: Rafael Pacheco

Edición: Kattia Bermúdez