Vida

Niños de cuidados paliativos alegran Navidad en Grupo Nación

Sebas tiene ocho años y tres de haber sido diagnosticado con cáncer en la vejiga. Su proceso ha sido lento, doloroso y ha traído consecuencias como la aparición de pequeñas llagas e infecciones.

Sebas tiene ocho años y tres de haber sido diagnosticado con cáncer en la vejiga. Su proceso ha sido lento, doloroso y ha traído consecuencias como la aparición de pequeñas llagas e infecciones.

A los ocho años ya es conocedor del proceso de quimioterapia y radioterapia, necesarias para poder salvar su vida. Fue necesario sacrificar su vejiga, ahora el trabajo de ese órgano lo suple con pañales. Está a la espera de una cirugía reconstructiva que devuelva un poco de estabilidad a su vida.

Fotografías de Sara Quesada para GN.

La muerte no ha estado lejos, momentos de crisis han sido constantes. Justo dos días antes de su visita a Grupo Nación estaba "mal", pero no lo suficiente para apagar su ánimo y pasión por vivir. Porque en definitiva, cada momento se debe disfrutar al máximo.

Esta es solo una parte de la historia de vida de este pequeño paciente de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Nacional de Niños. Son más de 2.000 los menores que luchan contra enfermedades terminales como el cáncer.

Pese a sus dificultades, este jueves 17 de diciembre cerca de 25 menores fueron parte de Grupo Nación y llenaron con su alegría las instalaciones de la redacción integrada, incluyendo el proceso de producción de Revista Perfil.

Se podría decir que todo inició como un trabajo de acción social hacia los menores, pero la realidad es que compartir con estos niños permite recargar baterías, dejar las quejas de lado y aprender a disfrutar las cosas simples tanto como ellos lo hacen.

Durante su visita lograron conocer cómo se genera la noticia desde distintas mesas redactoras, tomar fotografías y ser tomados.

"Este tipo de actividades son necesarias para ellos. Son muy bonitas porque ellos pasan muchas tensiones y eventos. Estos son lapsos de felicidad, poder compartir experiencias nuevas los distrae del dolor que constantemente sufren", decía Alejandra Bonilla, madre de Sebastián.

Antes de marcharse cada niño vio plasmado en una fotografía impresa su experiencia. Aunque hay que confesar que el espacio era muy pequeño para dejar grabado todo lo que ellos dejaron en nosotros.

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