
En Costa Rica, el derecho al voto de las mujeres fue reconocido en 1949. Parece un dato simple, pero detrás de esa fecha existe una lucha profunda, y valiente. Antes de ese año, las decisiones del país se tomaban sin la mitad de su población. Fue tras la Guerra Civil de 1948 y la redacción de la nueva Constitución Política cuando se incorporó oficialmente el sufragio femenino, un derecho que las mujeres ejercieron por primera vez en las elecciones nacionales de 1953.
La historia costarricense reconoce a Ángela Acuña Braun como una de las pioneras en el tema: la primera abogada costarricense, fundadora -junto con otras mujeres- de la Liga Feminista y una de las voces más firmes por los derechos civiles de la mujer. También Emma Gamboa, educadora y escritora que defendió la formación cívica como base de la democracia. Estas mujeres entendieron que la participación política no era un privilegio, sino una responsabilidad.

La escritora y pensadora Simone de Beauvoir decía: “No se nace mujer, se llega a serlo”. A esta famosa frase, se puede agregar que tampoco se nace ciudadana activa, se aprende a serlo. ¿Usted lo es?
Sin duda, este aprendizaje ocurre en casa. Cuando una mujer vota, sus hijos observan. La palabra enseña pero el ejemplo arrastra, dicen. Se moldea un ciudadano cuando los hijos ven que opinar, elegir y comprometerse importa, sin importar la edad de los hijos. La democracia no se hereda: se enseña.
Votar no es un acto abstracto. Es una decisión que impacta en la educación de nuestros hijos, en la seguridad de nuestros barrios, en la atención médica de nuestros padres, en nuestras oportunidades laborales y en nuestra vejez. Como escribió Rigoberta Menchú, “La paz no es solo la ausencia de guerra, es la presencia de justicia”. Y la justicia empieza cuando todas las voces cuentan.

Muchas mujeres hoy se sienten cansadas de la política. ¡Es comprensible! Pero renunciar al voto es renunciar a la posibilidad de influir. La pensadora Hannah Arendt afirmaba que el poder nace cuando las personas actúan juntas. Cada voto es una forma de acción.
Con su voto este primero de febrero, honra a sus abuelas y bisabuelas que no pudieron elegir. También da ejemplo a sus hijas que hoy alzan su voz; y cuidan el país que se comparte con todos los que conoce. En cada papeleta va su historia y la de su familia, su presente y el futuro que sueña junto a ellos.
Porque cuando una mujer vota, no solo decide: transforma.