
Las pestañas dejaron de ser un lujo ocasional para convertirse en parte de la rutina de muchísimas mujeres. Y detrás de esa transformación apareció también una nueva generación de profesionales que encontraron en esta industria una forma de construir carrera e independencia económica.
En Instituto Embelleze lo vieron venir desde hace tiempo. La carrera de Lashista Profesional nació en 2021 y desde entonces no ha dejado de crecer. Lo que comenzó como una formación de cuatro meses evolucionó a un programa de seis meses, pensado para preparar estudiantes en un mercado donde las tendencias cambian rápido y la técnica hace toda la diferencia.

Mauricio Jiménez Flores, docente de Embelleze, ha visto esa evolución desde adentro. Lleva más de 16 años trabajando en el mundo de la belleza y cinco formando estudiantes dentro del instituto. Habla rápido, mezcla conceptos técnicos con marketing, anatomía, química y redes sociales, y deja claro que para él esta profesión va mucho más allá de “poner pestañas”.
“Estamos trabajando sobre el rostro de una persona. Eso requiere muchísima responsabilidad, precisión y preparación”, explica.
Su historia también rompe bastante con el estereotipo tradicional del sector belleza. Mauricio empezó como maquillista, pero con el tiempo fue ampliando su formación hasta convertirse en trainer profesional, micropigmentador, esteticista, cejista y especialista en extensiones de pestañas. Paralelamente estudia Ingeniería Química y Dirección de Empresas en la Universidad de Costa Rica, conocimientos que hoy incorpora directamente en sus clases.
“Yo siempre les digo a mis estudiantes que el título no hace al profesional. Lo que realmente marca diferencia es el conocimiento, la ética y el valor agregado que usted pueda ofrecer”.
Y justamente esa idea atraviesa toda la formación.
Porque aunque muchas estudiantes llegan pensando únicamente en aprender una técnica, terminan entrando a un mundo mucho más amplio. La carrera incluye desde aplicación clásica japonesa pelo por pelo hasta tendencias mucho más modernas y visuales que dominan hoy las redes sociales: Foxy Eye, Comic Lashes, Medusa, estilos fantasía y diseños inspirados incluso en anime.
Pero Mauricio insiste en algo: las tendencias cambian constantemente, la base no.
“La técnica clásica japonesa sigue siendo la base de todo. Si una estudiante domina eso, puede desarrollar cualquier otro diseño después”.
También hay un componente importante de precisión física. El trabajo requiere control de pulso, buena visión y muchísima concentración. Las extensiones que utilizan tienen apenas 0.15 milímetros de grosor, prácticamente el tamaño de un cabello. Un detalle mínimo puede cambiar completamente el resultado final.
“La gente a veces no imagina el nivel de precisión que esto requiere”.
En medio del crecimiento acelerado del sector, Mauricio reconoce que también aumentó la competencia. Redes sociales, tutoriales y plataformas como TikTok hicieron que muchas personas intenten aprender de manera autodidacta. Sin embargo, él cree que justamente eso le da más valor a la formación profesional.
Y usa una palabra que repite constantemente durante la entrevista: pacientes. No clientes.

“Trabajamos directamente con autoestima, imagen personal y percepción. Hay una parte emocional muy importante en este trabajo”.
Parte de esa visión también lo llevó a impulsar dentro de Embelleze un proyecto de formación inclusiva para personas sordas, integrando LESCO (lengua de señas costarricense) dentro de sus clases. Actualmente ya completó varios niveles de formación en LESCO y trabaja para ampliar el acceso a este tipo de carreras dentro del sector belleza.
“Quiero que más personas encuentren oportunidades reales dentro de esta industria”.
Y viendo cómo ha crecido el mercado de lashistas en Costa Rica, parece claro que esas oportunidades apenas comienzan.
Porque detrás de las pestañas, las tendencias y las fotografías perfectas para redes sociales, existe una industria que mezcla técnica, estética, emprendimiento y especialización.
