
Durante cinco décadas, Rubén Vargas Calvo ha visto pasar el auge, la caída y la reinvención del taxi en Costa Rica. A sus 72 años, el secretario general de la Unión de Taxistas Costarricenses sostiene que el golpe más duro para el gremio fue la irrupción de Uber.
En conversación con Revista Dominical, habla de la crisis del sector, recuerda la época en que ser taxista era sinónimo de prosperidad y explica qué cree que se debe hacer.
—¿Qué análisis hace usted sobre el ajuste del mercado del taxi tradicional?
—Es el resultado de varios factores que han dañado al taxista. El primero fue la pandemia, que hizo estragos en el gremio, y el segundo, el ingreso de las plataformas. El ingreso de Uber fue un cáncer terminal para el sector. Se permitió el funcionamiento de plataformas ilegales y los diferentes gobiernos nunca actuaron con firmeza. Hacen dos o tres operativos y luego el tema vuelve a quedar en el olvido. En cambio, al transporte legal sí se le exige cumplir con todo.
“Muchos compañeros perdieron la casa, la concesión e incluso la vida. La situación ha sido muy dura. Además, existe una enorme diferencia en las cargas. Un vehículo particular paga alrededor de ¢80.000 al año, mientras que un taxi paga cerca de ¢380.000 entre el canon del CTP, el canon de Aresep, seguros, responsabilidad civil y otras obligaciones propias del transporte público."
—¿Cuál fue la mejor época para el taxi?
—Yo tengo 50 años en este oficio. Empecé a los 20 y hoy tengo 72. La mejor época fue antes de la administración de Rafael Ángel Calderón Fournier. Ser taxista era un orgullo. Los taxistas vivían en barrios como Córdoba o Zapote y tenían una buena condición económica.
“Después de los años noventa el taxi comenzó a deteriorarse. Ingresaron personas que habían sido excluidas y pasaron a ser propietarios de concesiones. Ahí empezó la decadencia. Antes uno iba a un banco, decía que era taxista y le financiaban un Mercedes-Benz o un Volvo. Hoy los bancos prácticamente nos cerraron las puertas”.
—¿Cómo están los taxis en los puertos y las zonas costeras?
—En Limón, Puntarenas y Guanacaste existe un mejor control. El gran problema está en la Gran Área Metropolitana, donde hay mayor concentración de personas y vehículos.
“También ha ocurrido que algunos malos taxistas simplemente migran de una provincia a otra cuando quedan coloreados. Si tienen problemas en San José, se van a Cartago; después a Guanacaste o Limón. Eso ocurre porque la administración no los saca definitivamente del gremio. A esas personas se les debería retirar la licencia y la concesión. No pueden seguir ejerciendo.”
—Sobre el trato al usuario existen muchas críticas hacia algunos taxistas. Incluso se cuestiona la alteración de taxímetros. ¿Qué reflexión ha hecho el gremio?
—Nosotros hemos pedido que el Gobierno sea mucho más estricto. Si una persona maltrata a los usuarios o comete irregularidades, debe perder la concesión y la licencia de taxi. Hay que sacar del gremio a quienes perjudican la imagen del servicio.
—¿Qué opinión tiene sobre el proyecto de ley para regular las plataformas como Uber?
—Antes vimos al menos siete proyectos que finalmente fueron archivados. Este nació de un trabajo conjunto con el entonces ministro Luis Amador. Logramos construir un borrador por consenso, pero cuando el documento pasó al Ministerio de la Presidencia (cuando estaba Natalia Díaz) salió completamente modificado. No sé quién lo manoseó. Pero lo que entró no fue lo que salió. A partir de ahí empezó un peregrinaje por distintos ministerios hasta que conseguimos introducir mociones para corregir el rumbo del proyecto.
“Ahora las plataformas están inconformes y quieren modificar 17 de los cerca de 40 artículos que tiene la iniciativa. El proyecto tiene que ser aprobado tal y como está. Podemos hacer cambios en consenso una vez que esto sea ley. Tras de ilegales quieren que los legalicen con corona. Esta gente está pidiendo una carta al niño Dios.”
—¿Qué opina de que los taxis puedan operar mediante Uber u otras plataformas?
—Yo no tengo ningún problema con que los taxis trabajen en cualquier plataforma, siempre que todos estén regulados y exista una tarifa base igual para todos. Después será el usuario quien decida con quién viajar según el trato que reciba.
—¿Cómo siente que está hoy la Fuerza Roja?
—Somos como una familia. Hay diferencias, como en cualquier familia, pero la desunión es mínima. Nos mantenemos unidos. Eso sí, la mayoría ya somos personas mayores. Hoy el gremio está compuesto, principalmente, por taxistas de más de 50 años. Pero acá seguimos.
Días después de la entrevista, don Rubén envió a este medio un documento que la organización presentó el 31 de julio en Casa Presidencial con una propuesta para acelerar la modernización del servicio.
La iniciativa plantea reconocer legalmente el taxímetro digital con la misma validez que el dispositivo físico, desarrollar un Sistema Nacional de Taxímetro Digital certificado por Aresep, ejecutar un plan piloto antes de su implementación nacional y permitir que ambos sistemas convivan durante un período de transición.
Puede leer el reportaje completo sobre la situación social y legal de los taxis aquí.
