
Roberto Cambronero es un nombre cuyos ecos suenan cada vez más fuerte y que, sin duda, seguirá ganando plataforma. Su recorrido comenzó en la dramaturgia: en 2015 obtuvo el Premio UNA Palabra por El insólito rapto de doña Inés. Después vendrían otras piezas teatrales, entre ellas Secuestrador de dos reyes: Retrato de Diego Gutiérrez y Toledo (Letra Maya), Tiberio Rex (Tacna) y Cómo Julio III quedó ciego y por qué su sobrino Inocencio no perdió el apetito (Editorial Costa Rica).
En narrativa comenzó con Como gigantes ahogados (Pre-Textos) y en 2025 apareció el cuentario Parece que en el sol se mueve nuestra sombra (HH Editores). Para 2026, su nuevo libro El higo del Edén (Pre-Textos), obtuvo el III Premio de Novela Fundación Mediterráneo entre 1.263 novelas de 41 nacionalidades.
A eso se suma su selección entre los 26 escritores menores de 40 años que integran “26 en el 26”, iniciativa de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. También, Cambronero fue elegido para viajar a España y participar en la quinta edición del Festival Letras de Costa Rica.
De todo eso, y sobre cómo comienza a encontrar lectores más allá de nuestras fronteras, conversamos.

—¿Quién es Roberto Cambronero para un lector que aún no te conoce?
—Me considero un escritor que le huye un poco a etiquetarse de una forma. Tal vez por mi formación (estudié Literatura y Lingüística) estuve expuesto a muchas tradiciones por así decirlo canónicas, y después como lector me interesé por autores más contemporáneos.
”Eso resultó en que mi escritura cambia un poco según el libro, creo que uno debe adaptarse a lo que el libro requiere y no al revés. En cuanto a influencias, fuera de los clásicos, diría nombres como Saramago, César Aira, Annie Ernaux. Y los tres, a cierta forma, representan formas muy diferente de hacer literatura.
—¿Cómo te sentís en este momento de tu carrera literaria y hacia qué proyectas?
—No creo que haya nada más que proyectar una cosa: seguir escribiendo, el trabajo callado de escritorio. Aún así, por supuesto me siento muy agradecido. Yo no esperaba este tipo de recepción de mi obra. Uno no piensa algo así cuando es un escritor centroamericano que publica en editoriales independientes. Mis libros todavía son difíciles de conseguir, con la excepción de mi última novela, El higo del Edén, que sí se distribuye en librerías de España. Lo único que queda es esperar llegar a los lectores correctos.
—¿De dónde salió El higo del Edén?
—En realidad proviene de una imagen bastante infantil. Un collar de ámbar que tenía mi abuela. No recuerdo que tenía adentro, una astilla o algo así. Yo pensaba, por ejemplo, como se vería una culebra momificada en el ámbar. Exageré esa imagen para la novela, una criatura monstruosa.
”Luego la coloqué en una aldea colonial, aquí mismo donde vivo, en La Sabana (que se conocía como el Llano de Mata Redonda) pero en el siglo XVIII. Lo que siguió fue solo poner en acción ese hallazgo con un grupo de personajes, algo así como una simulación de una histeria colectiva. Ese fue el origen.

—¿Qué significa el Premio de Novela Fundación Mediterráneo?
—Fue curioso. Yo, por alguna razón, me había olvidado que había enviado la novela a ese premio. Cuando me llegó la noticia, me agarró tan desprevenido que duré como tres días en entender qué estaba pasando. Y creo que entendí el impacto hasta mucho después, cuando empezaron a llegar todas estas nuevas oportunidades.
—Ahora viene Guadalajara: ¿qué esperas que ocurra allí con tu obra?
—Esto también me tomó por sorpresa, sobre todo porque no es algo a lo que uno se postule. Eligieron 26 autores de menos de cuarenta años. Lo primero, para mí, fue conocer a los demás autores y sus propuestas. Investigué sobre ellos y tienen libros muy interesantes, libros que tal vez no hubiera escuchado o descubierto si no fuera por la lista.
”Supongo que ese es el objetivo de este tipo de iniciativas. Me alegra estar en la lista sobre todo porque de Centroamérica solo somos dos, Fátima Vilalta de Nicaragua y yo. Vamos a tener un par de mesas de diálogo y siempre es bueno tener esos espacios para hablar de literatura".
—Irás a España también. ¿Qué sentís que representa tu literatura allí?
—Este viaje se da en el contexto del Festival Letras de Costa Rica. La idea es tener un grupo variado de escritores costarricenses en España. Este año se celebra la quinta edición y se eligieron dos grupos. Por un lado, de dramaturgia, lo que es muy bueno porque por lo general no se toma en cuenta, con José Fernando Álvarez, Silvia Campos y Arnoldo Ramos. En mi caso voy a estar con un grupo que representa la narrativa, junto a Rod Saturnine y Jurgen Ureña.

—¿Qué sentís que está sucediendo con la literatura del país?
—Creo que más que a nivel país, hay un cambio en la forma en que se valora lo humano frente a la revolución tan vertiginosa que ha sido la inteligencia artificial. Hace poco fui a una mesa de diálogo donde Roberto Acuña hablaba, por ejemplo, de cómo se revaloriza el error porque indica que el texto lo escribió un humano.
”Pienso en el jumento robado de Cervantes. La gente está buscando una conexión con eso que nos hace humanos, estamos reflexionando sobre que significa eso y me gustaría pensar que esto nos va a llevar a resucitar términos como “hermandad”. La literatura tiene mucho de guía en estos tiempos tecnocráticos.
—¿Qué temas o ideas te interesan hoy?
—Estoy trabajando en una novela. Como mencioné entre mis influencias, tengo una fuerte atracción hacia lo que escribió Annie Ernaux. Diría que en este momento lo que más me interesa es la memoria, como rescatarla, como formar literatura a partir de lo cotidiano.
”Ella (Ernaux) habla de la escritura como cuchillo, así como Kafka habló de una hacha. Hay cierta violencia en ese tipo de libros porque hay que enfrentarse a uno mismo, a la resistencia de ocultar.
