Revista Dominical

Río Celeste y Bijagua, un combo de naturaleza intensa

Dantas que sorprenden en la noche; los secretos del cacao; caminatas en medio de un verdor desbordado; vida silvestre por doquier y personajes entrañables son parte de los atractivos de una zona turística que deberíamos conocer más y mejor

A unas cuatro horas y media de San José se encuentra un icono costarricense: Río Celeste. Un tesoro natural que por el color y limpieza de sus aguas parece mágico. Es impresionante. Siempre luce bien, pero un imperdible es contemplarlo con su cascada y esto se logra en el Parque Nacional Volcán Tenorio.

El recorrido hasta la zona, que lleva el mismo nombre de su ícono, y que se ubica en Guatuso de Alajuela, puede resultar largo, pero la buena noticia es que además de visitar Río Celeste, también puede ir a Bijagua, un pueblo cercano en el que hay mucho por hacer, incluso las aventuras más salvajes en busca de otro de los emblemas de la región: la danta.

Los siguientes son diferentes relatos de personajes y experiencias de una zona rural en la que la creatividad, emprendimiento y apego con la naturaleza hacen posible disfrutar de innumerables bellezas. En setiembre, la industria turística local se prepara con promociones especiales para que turistas nacionales se encuentren de cerca con la grandeza silvestre.

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El amo del cacao

Gerardo Solorzano tiene la esencia del campesino costarricense. “Nací campesino”, dice mientras desenvaina el machete que lleva guindando del lado izquierdo de su cadera. Con memorizada técnica parte por la mitad el fruto que la naturaleza pintó de rojo y amarillo. Es cacao.

Procede a ofrecer la pulpa blanca del cacao a los asistentes. “¡Qué delicia!”, se escuchan voces de sorpresa al unísono. Y es verdad, qué dulzor, qué sabor tan agradable. Eso sí, no hay que morder la semilla: es amarga.

Es de la semilla que viene el cacao y es justo el cacao lo que impulsa a Gerardo Solorzano, de 65 años, a despertarse con entusiasmo cada día. Tiene mucho que enseñar. A él le encanta compartir todo lo que ha aprendido de la vida en el campo.

Él es uno de los ejemplos de que el pueblo de Bijagua, distrito del cantón de Upala, tiene mucho para mostrar si las personas planean ir a visitar el cercano y majestuoso Río Celeste.

Don Gerardo es el gestor de Tree Chocolate Tour, un emprendimiento que llegó a él por casualidad y en el que los costarricenses pueden pagar (en el marco del mes de las dantas, que se detalla más adelante) ¢5.000 (deben participar al menos dos personas) y conocer todo sobre el cacao en un recorrido por una finca que luego conecta con el bosque. Este camino también permite adentrarse en el reino de plantas curativas y de matas de todo tipo.

Con suerte, mientras aprende del fruto y de las bondades de la naturaleza, vivirá la maravilla de ver a diferentes criaturas silvestres en su hábitat. En este recorrido de poco más de dos horas topamos con la dicha de ver a dos murciélagos (actor importantísimo del bosque porque lo nutre de semillas) y dos tucanes. También centenarios árboles de hasta 400 años.

Hace más de 40 años, don Gerardo trabajó por 36 meses en el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), se ganó ¢90.000 y los invirtió en unas remotas tierras montaña adentro. Luego las vendió y con eso adquirió las 14 hectáreas en las que se disfruta del Tour de cacao.

Primero empezó sembrando coco, luego vio potencial en el cacao. Solamente lo hacía pensando en generar mejores ingresos por lo bien que podía cotizarse el quintal de este producto… pero el destino era otro.

Un día, un hotelero belga llamado Daniel le preguntó si podía llevar una familia de turistas para que hiciera el tour de cacao. Don Gerardo dijo que sí, aunque no tenía idea de que esa afirmación cambiaría su destino y proyecto. Los visitantes quedaron encantados y este señor, quien llegó hasta sexto grado de la escuela ( porque a los 11 años debió empezar a trabajar para ayudar a su familia), comenzó a ofrecer un trayecto en el que además de mostrar cinco variedades de cacao (tres criollos y dos forasteros) comparte todos sus conocimientos.

Como no dominaba el inglés, pues la mayoría de interesados eran extranjeros, encontró la manera de usar un traductor y para tener señal en todo el recorrido le agregó un router y una gran batería: así caminaba enseñando. Hoy, él y su emprendimiento son un atractivo de Bijagua, donde si se ve con ojos de interés se puede descubrir mucho más.

“Me cambió la vida en una parte porque he conocido muchas cosas. Tengo muchos amigos en el extranjero por medio de WhatsApp, hablo con ellos, de su vida, me preguntan cosas a mí. Es como cuando llega un amigo a la casa. No lo veo como un cliente, sino como un amigo.

Me fascina explicar, no soy egoísta en nada de eso, me gusta ayudar en lo que pueda. Creo en Dios y creo que en este mundo todos somos iguales y que tenemos que ayudarnos unos a otros. Invito a los costarricenses a que nos visiten, todo lo que hay en la zona es muy importante”, aseguró don Gerardo, quien combina su chonete con el uso riguroso de la mascarilla.

En su tour, además se puede conocer el proceso del cacao para convertirse en chocolate y hasta comprar un souvenir.

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El mes de las dantas

Antes de continuar con las vivencias que pueden experimentarse en estos lugares, es necesario contar por qué setiembre es especial en Bijagua y Río Celeste.

Este es el mes en el que Caturi, la Cámara de Turismo de Río Celeste, promueve la conservación de las datas, los imponentes mamíferos que pueden avistarse en el lugar y que son esenciales para la preservación del bosque. En el marco de esta actividad, se busca, además, impulsar los negocios y emprendimientos turísticos que han resultado tan afectados por la pandemia y que son poco vistos por ojos nacionales. Anteriormente esta actividad tenía menor duración y estaba enfocada en educar.

“El mes de la danta nace bajo charlas; Caturi se planteaba esa pregunta de qué hacer después de la pandemia para ayudar a pequeños, medianos y comerciantes de todo tipo a tratar de traer más movimiento, gente y turismo. He aprendido que este lugar es magnífico para ver dantas, después de Corcovado tal vez esto es mejor y la gente no lo sabe, por lo que tendríamos que ser pioneros en esto dentro del país. Se planteó en alargar todo el mes de setiembre. Traer más turismo. Crear movimiento y que este festival sea el parteaguas y tenerlo cada año”, explicó Claudia Silva, miembro de la cámara y gerente del hotel boutique Origins Lodge, la opción de alojamiento más lujosa del lugar y que tiene como propuesta regresar a los orígenes que ofrece la Madre Tierra.

Esta mexicana vive en Costa Rica hace seis años y acumula una larga trayectoría trabajando en hotelería internacional. Sus conocimientos los transfiere e inculca al personal del hotel para el que labora. Ella cree que el talento se debe pulir. La gran mayoría de sus colaboradores son vecinos de la zona.

En Bijagua, ubicada entre los volcanes Tenorio y Miravalles, se puede disfrutar de maravillosas bellezas naturales y también del lujo y el bienestar de algunos hoteles y de la comodidad de otros. En este lugar hay opciones para todos los gustos y presupuestos.

La conservación

En Bijagua las dantas viven en el bosque lluvioso, pero también pueden cruzar la calle en busca de su hábitat: es común verlas cerca de fincas y comiéndose lo que han sembrado los agricultores. Para el biólogo Esteban Brenes, cofundador y director de Costa Rica Wildlife Foundation, no hay mejor comunidad en el mundo para ver a las dantas que Bijagua.

Usualmente ha sido común observarlas por el Cerro de la Muerte y en el Parque Nacional Corcovado, pero desde hace unos años se tornó en un animal con mucha presencia en Bijagua, tanto que se ha convertido en un símbolo de la comunidad, donde se trabaja por conservar a esta especie, también llamada tapir.

Se estima que en el mundo hay unas 5.000 dantas y es posible que de esas 1.500 estén en Costa Rica. Por años muchas han estado en peligro por los cazadores. Actualmente, la fundación Costa Rica Wildlife en unión con Nai Conservation (fundación creada por el biólogo Esteban Brenes) realiza esfuerzos para conservar a estos animales. Una de las prácticas que están ejecutando es colocarles radiocollares satelitales GPS para así poder monitorear sus movimientos en el llamado corredor biológico Tenorio Miravalles y entender en qué lugares prefieren estar y cuáles sitios es necesario reforestar.

“Básicamente estamos estudiando sus movimientos, preferencias de hábitat y cómo se está moviendo en el corredor biológico en el que tenemos potreros, parches de habitat pequeños, asentamientos, fincas, parcelas; queremos entender cómo se mueve la danta a partir de la tecnología de los radiocollares con GPS. Se les colocan mediante una captura donde se les aplica anestesia, todo con monitoreo veterinario y se rastrea al animal por lo menos por dos años. Eso nos va a ayudar a entender en qué puntos hay mayor interacción con las personas, ya sean negativas o positivas, para que en caso de que sean negativas (como cuando arrasan con un pepinal de algún agricultor) promover acciones de mitigación para disminuir estas interacciones que pueden llegar a ser conflictos”, comentó el médico veterinario Jorge Rojas, quien participa como investigador asociado de Costa Rica Wildlife.

En algunas partes del bosque también se han colocado cámaras trampa para conocer las amenazas a las que se enfrentan estos enormes mamíferos.

“La danta para Bijagua es un icono. Junto al Río Celeste y los volcanes Tenorio y Miravalles son los emblemas de la zona. Para mí en Bijagua la danta significa una oportunidad de desarrollo única. No hay otra comunidad en el mundo para ver esta especie como se ve en Bijagua, con las facilidades turísticas, con la actitud positiva de las personas, con la investigación. No hay lugar como este. Recibo visitantes de Europa y Asia que vienen emocionados ya no a ver el río, sino a la danta”, explica el biólogo Esteban Brenes, quien desde los cinco años tiene al tapir como su animal preferido.

Conservar a las dantas añade relevancia porque personas de la zona han encontrado en el avistamiento del animal oportunidades de emprendimientos. Ese es el caso de Donald Varela Soto, fundador de la reserva Tapir Valley Nature Reserve, un terreno con acceso al bosque en el que con suerte se pueden ver dantas. Actualmente tres de estos mamíferos cuentan con el collar GPS, pero los datos de su ubicación no se pueden ver en tiempo real, aseguran.

“Otros beneficios directos de la danta son toda esta parte de la biodiversidad y su efecto en el cambio climático. Estudios brasileños demuestran que cuando las dantas y los herbívoros en general se extirpan del bosque tropical el secuestro de carbono disminuye. Las dantas son dispersoras importantes, dispersan semillas de árboles grandes que secuestran gran cantidad de carbono. Incentivamos la restauración del hábitat de la danta, pues el hecho de protegerla como especie es garantía de que esos bosques van a seguir secuestrando carbono sin reforestación. Sus heces están llenas de semillas. Abren trillos”, añadió Brenes.

El infaltable Río Celeste

Conocí Río Celeste de dos maneras. La primera fue por medio del Río Celeste Hideaway, el único hotel de la zona que tiene un sendero privado que te lleva directo a un encuentro con aguas celestes que intensifican sus colores según les impacte el sol.

Este lugar, en el que se camina entre naturaleza y las habitaciones tienen “como patio” al bosque lluvioso y unas duchas externas para quienes quieran darse un baño bajo la luz de la luna, cuenta con dos caminos que llevan al río: uno más extenso que al otro y que al finalizarlos, si se quiere, es posible bañarse en las frías aguas.

En el mes de las dantas, este lugar de alojamiento ofrece igualmente promociones para quienes quieran visitar y descubrir la zona, y además, tener un acceso VIP a tan apreciado símbolo natural (ver el recuadro adjunto). Asimismo, ingreso nocturno a la Reserva Natural el Tapir.

“El tour tiene una duración de una hora y van con un guía naturalista especializado, lo que lo hace seguro y educativo. Ir a buscar la danta es toda una experiencia. (...) No se puede asegurar que se vaya a ver la danta, pero la experiencia vale la pena. Se recomienda hacerlo entre las 5:30 p. m. y 8:30 p. m. En setiembre además es el mayor mes de producción de guayaba, el alimento favorito de la danta, en la noche sale a buscar comida y las oportunidades son mayores”, comentó Kenneth Hidalgo, gerente residente del Río Celeste Hideaway.

“El hotel cuenta con su propia reserva natural y es parte de los esfuerzos que queremos hacer de conservación. Para que las personas se lleven esa experiencia natural de la zona ofrecemos de manera complementaria el tour de caminata nocturna en el que se pueden observar, más que todo, diversidad de especies de anfibios y reptiles. En algunas ocasiones han existido encuentros con mamíferos como la danta.

—  Kenneth Hidalgo, gerente residente del Río Celeste Hideaway.

Mi otro encuentro con Río Celeste es al que acuden todos los días muchas personas: ingresando al Parque Nacional Volcán Tenorio. Tras una caminata moderada de 1.5 kilómetros se llega a la ansiada y espectacular catarata. Para verla de cerca, y por supuesto, hacerse selfies y fotos para el recuerdo, se deben bajar unas 400 gradas que al regreso se tornan bastante empinadas.

Todo vale la pena. El río es majestuoso. Por un momento el bullicio de quienes caminan se detiene. El entorno natural habla. Los sonidos de aves y de otros animales que no se pueden detectar nos aterrizan. El aire se siente más puro y la potencia de la pequeña cascada cayendo al río reanima. Impresiona. Allí no se permite meterse al agua, pero no hace falta. La vista es suficiente.

Una recomendación es llevar su botella reutilizable para que así pueda cargar su agua sin tener que introducir plástico al lugar.

El parque, que desde agosto, al igual que todos los Parques Nacionales, puede tener el 100% de capacidad de aforo, abre todos los días y su horario es de 8 a. m. a 2 p. m. (se puede permanecer dentro hasta las 4 p.m.) y el costo de entrada para nacionales y residentes es de ¢800. Extranjeros deben pagar $12.

Luego del encuentro con la catarata, el recorrido por el parque permite apreciar la laguna azul, un remanso del río o posa donde se puede admirar la calma del agua celeste. Aquí también es prohibido entrar: sus aguas concentran sustancias químicas naturales.

Posteriormente, se llega a la zona de los borbollones o hervideros que son “fisuras y grietas por donde se escapan, a alta temperatura, gases propios de la actividad volcánica del lugar”, se explica en la página web del parque nacional.

En la caminata, en la que tras pasar la catarata se aumenta la dificultad, también se llega hasta los teñideros. Allí se puede apreciar cómo se inicia el fenómeno que da la coloración celeste al río.

Aparte de esta experiencia, en esta zona se puede descubrir mucho más. Es así como llegamos a la caminata nocturna en el bosque en busca de dantas. Hay una alta probabilidad de que el recorrido pueda tornarse bastante salvaje por las especies con las que se puede topar.

El encanto del bosque

Donald Varela Soto es de esas personas que permiten que de sus labios salgan solamente las palabras que se deben decir. Siempre se ve taciturno y enfocado. Tiene 43 años, y es una de las figuras más conocidas de la zona por su amplio trabajo con la naturaleza y la reactivación del turismo.

Donald es el propietario y uno de los guías de Tapir Valley Nature Reserve, el lugar en el que, en grupo, realizamos un tour nocturno en busca de dantas pero en el que encontramos otras salvajes sorpresas.

La gran mayoría de sus conocimientos son empíricos. Llevó un curso de historia natural de Costa Rica y se ha capacitado con el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y el Instituto Costarricense de Turismo (ICT).

Mientras esperábamos a que cayera la noche y con un atardecer amarillo pastel de testigo, Donald habló de su reserva privada, emprendimiento que inició hace dos años como forma de crear oportunidades en la comunidad. “No queremos migrar a buscar oportunidades afuera”, dice el hombre, quien junto a su esposa Pipa, una australiana enamorada de la naturaleza, tiene Casitas Tenorio, otra opción de hospedaje en la zona.

En esta reserva es posible vivir una experiencia plena con la naturaleza. El recorrido, que no se puede realizar sin guía, es por senderos que atraviesan un frondoso bosque en el que viven incontables criaturas silvestres.

Cayó la noche.

Todos llevamos botas de hule puestas. Son para poder andar sobre las zonas con barro. Este calzado, aunque alto, no asegura inmunidad, por ejemplo, contra la mordedura de una serpiente. Una terciopelo. Una venenosa culebra que habita en este bosque, en el que caminamos la noche del 17 de agosto en busca de poder ver dantas. Por esto la importancia de ir guiados por expertos, quienes examinan la zona al andar al frente del grupo. Igualmente este tipo de zapatos transmiten confianza.

Lo que se escucha y se ve, gracias a una lamparita de luz led que llevamos en la cabeza, es vida en su estado más natural.

Donald dirige al grupo. También nos acompaña Marlon Calderón, uno de los guías turísticos más experimentados de la región y que parece incansable. Siempre luce fresco, aunque sus jornadas sean de hasta 18 horas, con largas manejadas transportando turistas incluidas. No se queja. Agradece. Cuando la pandemia paralizó su trabajo y el de miles de personas en Costa Rica, él se aventuró a sembrar pepino. El proyecto no salió tan bien. Hoy está feliz de tener días extenuantes. Es trabajo y en su oficio es probable que por temporadas merme la labor.

Continuamos caminando. Nos detenemos para ver ranitas o insectos poco familiares que los guías encuentran gracias a su ojo afinado. Se siente increíble. Más que temor a lo desconocido hay expectación. No sabemos qué puede aparecer ni en qué momento. Nos movemos en fila. Confiamos en quienes van adelante. Si se apagan las lamparas apenas se puede ver un paisaje negro alumbrado por la claridad del cielo.

Se detienen en seco. Las voces bajan. Piden aún más silencio. Hay un animal. Quienes vamos en el medio o un poco más atrás queremos saber ya mismo que pasa. “Mide como metro y medio”, dicen adelante. “Qué, qué es”, decimos al fondo, con la adrenalina elevada y creyendo que vamos a toparnos con una especie que no es habitual en nuestra naturaleza citadina.

Es una terciopelo. “¿Qué?”, se oye decir. Deshacemos la fila y nos unimos adelante (por cierto, en este contexto y para mantener las medidas necesarias, aún en el bosque portamos mascarilla). La puedo ver a como a dos metros de distancia. Una mordedura podría ser fatal, esta especie es la mayor causante de los accidentes ofídicos en la región centroamericana (según datos de la Universidad de Costa Rica), pero hay asombro. Casi nadie se inmuta. Donald sabe qué hacer. Por supuesto que nos mantenemos a una distancia que no ponga en riesgo nuestra seguridad.

Con un largo paraguas que llevaba Marlon, con un propósito más allá de taparse por si llovía, Donald lo acerca con cuidado a la víbora para que por sí sola se vaya apartando del camino. Ella saca con violencia su lengua. No está enojada, solamente detecta los aromas de su entorno. El guía consigue apartarla y el reptil se baja por un árbol. Continuamos el recorrido. Impresionados y ahora sí más conscientes del lugar en el que estamos.

En la caminata, que puede extenderse hasta tres horas, también vimos a una tarántula. “Esto es lo más cerca que pueden sentirse del Amazonas”, dice Marlon.

Como si la aventura no fuera bastante intensa, empezó a llover. Rápidamente quien quiso se puso una capa y avanzamos hacia la salida. No habíamos visto dantas, pero se sentía satisfacción por lo vivido.

Llovía más fuerte y de repente Donald acelera el paso. “¿Vio una danta?”, nos preguntamos.

Nos llama pero ruega sigilo. ¡Es una danta! Nos pide que lo sigamos mientras él adivina el camino por el que irá el animal. Avanzamos apresurados. Marlon nos recuerda el lugar en el que estamos.

Es una hembra, que pesa entre 280 y 350 kilos. Ellas son más grandes que los machos. Y anda sin su cría, los pequeños conocidos como bebés sandías, por la forma de su cuerpo y las pintas blancas que tienen. Lleva collar. Es una de las que están siendo monitoreadas para conocer mejor sus comportamientos. Vive libre en el bosque y tuvimos la suerte de admirarla andar con calma, buscando guayabas.

La presencia de estos mamíferos creció significativamente tras el huracán Otto y la tormenta Nate, dice Donald.

“Tenemos alianza con Costa Rica Wildlife Foundation. Parte de lo que se hace aquí es investigación. Creemos que es importante conocer la salud del ambiente que tenemos para trabajar con comunidades y proteger lo que tenemos”

—  Donald Varela, guía de la zona y miembro de Caturi

Personajes de la zona

En Bijagua se puede disfrutar de típicos y generosos platillos, entre ellos los casados. Dos sitios de precios accesibles son el restaurante El Mirador y Las Terrazas. Ambos con lindas, verdes y acogedoras vistas. Otro lugar es Posada Río Celeste La Amistad, donde será atendido por la propia propietaria, doña Socorro Ramírez, una adulta mayor, de 67 años, quien se ha resistido no solamente a los embates de la pandemia, sino a las devastadoras afectaciones que provocaron en la zona en años pasados el huracán Otto y la tormenta Nate.

“La pandemia afectó bastante. Pero ya estamos levantando. Nosotros empezamos hace casi 15 años, de mi antiguo trabajo me dieron $1.000, yo salí de ahí porque tenía compañeras que me maltrataban. Tuve que renunciar. No pensé empezar con temas de turismo. A mí me encanta esto. Cuando abrimos la gente empezó a llegar. Los precios de almuerzos y desayunos van desde los ¢2.500 o ¢3.000”, dice la propietaria de unas modestas cabinas en las que ofrecen alojamiento para disfrutar de todas las posibilidades de la localidad. El arroz con pollo y el escabeche son memorables.

Así como doña Socorro, en Bijagua hay muchas más mujeres emprendedoras: Eliette Artavia, una bióloga que vive en Aves de Tierras Altas, un apacible lugar en lo más elevado de la zona y en el que construyó dos cabañas con impresionantes vistas, es una de ellas. Su sitio es ideal para “los pajareros”, esos observadores de aves, a quienes les deja listo un generoso desayuno típico desde la noche antes porque sabe lo madrugadoras que son estas personas.

Otra mujer que encontró una nueva vida en Costa Rica es la francesa Cristina Roy Dziubajk, propietaria del hotel Tenorio Lodge, que cuenta con 12 cabañas, dos kilómetros de senderos y la posibilidad de ver muchos tipos de aves en diferentes tours, incluido el nocturno.

La gran mayoría de empresas y emprendimientos en Bijagua brindan trabajo a las personas de la zona. Johny Méndez es un trabajador que gracias a su experiencia ayuda a que las personas vivan mejores momentos: él además de ser administrador del hotel Cacao Río Celeste, es también uno de los guías en el tour de perezosos que se realiza en Spring Paradise.

En este lugar es posible ver a dos especies de uno de los animales más queridos de Costa Rica: el perezoso de tres dedos y el de dos. En nuestra visita al lugar pudimos observar a dos de estos tiernos animales.

El ojo de Johnny está tan afinado que los detecta en las copas más altas de los árboles y es posible apreciarlos con un telescopio.

La experiencia en este rincón de Costa Rica puede terminar, o iniciar, con una actividad que reta el vértigo: pasar por los puentes colgantes. En Heliconias Rainforest Lodge, un hotel y restaurante, se pueden realizar dos caminatas que llevan directo a esta atracción que está a una altura de 30 metros.

Gerardo Soto es el administrador del proyecto pionero de la zona. Inició en los años 80, cuando a muchos campesinos se les ofrecieron tierras en la localidad para que talaran e hicieran tierra de cultivo. Los habitantes creyeron que el territorio no era apto y así fue como se empezó a apostar por el turismo rural.

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Si gusta de aventuras variadas y encuentros con la naturaleza, Río Celeste y Bijagua pueden ser sus lugares. Así llueva, siempre hay algo para hacer. De todos modos, nunca se sabe, porque como dicen las personas mayores del pueblo: “si aquí no llueve, sale el sol”.

Posibilidades para todo presupuesto

Posada Río Celeste La Amistad

1 noche de hospedaje en ocupación doble con desayunos por ¢26.900.

Contacto: 8356-0285

Apartamentos Río Celeste Dreams

1 noche de hospedaje para dos personas por $40.

Contacto: 8833-4997

Tenorio Lodge

2 noches de hospedaje en ocupación doble, desayunos e impuestos incluidos por $198.

Contacto: www.tenoriolodge.com o 2466-8282

Río Celeste Hideaway Hotel

1 noche de hospedaje en ocupación doble, desayunos y acceso a la Reserva Natural el Tapir desde $198, impuestos incluidos.

Contacto www.riocelestehideaway.com o 2206-4000.

Tapir Valley Nature Reserve

Tour guiado con observación de vida silvestre (búsqueda de danta), refrigerio y equipo por $42 por persona.

Contacto: 8507-6334.

Origins Lodge

Paga dos noches, quédese tres. Aplican términos y condiciones

Contacto: reservations@originslodge.com o 8553-5050

Aves de Tierras Altas

Dos noches para dos personas, desayunos, una cena y recorrido por el bosque con guía por ¢120.000.

Contacto: 8844-6167

Rancho de Moncho

1 noche de hospedaje en casita de campo para dos personas con desayuno incluido por ¢30.000 colones

La Carreta Tours

5% de descuento en todas las actividades (Tubing, caminatas, cataratas, entre otros). Contacto 8501-9595 vía Whatsapp.

Casitas Tenorio B&B

30% de descuento en hospedaje, desayuno y tour de granja incluido. Contacto: www.casitastenorio.com o 84399084

Fernanda Matarrita Chaves

Fernanda Matarrita Chaves

Periodista y Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Latina de Costa Rica.