José Miguel Villalobos es un hombre de contrastes. Se formó políticamente en el bipartidismo, participó en los dos partidos tradicionales y estuvo cerca de convertirse en magistrado de la Sala Constitucional mediante un acuerdo entre esas fuerzas políticas, según su propio relato.
Sin embargo, a los 63 años, llegó a la Asamblea Legislativa como diputado del Partido Pueblo Soberano (PPSO), un movimiento construido alrededor de la figura de Rodrigo Chaves y que cuestiona buena parte del modelo de poder del que Villalobos formó parte durante una etapa importante de su trayectoria política.
Tampoco encaja por completo en el conservadurismo religioso que acompaña a Pueblo Soberano: defiende el aborto terapéutico, el matrimonio civil entre personas del mismo sexo y la educación sexual para menores de edad. Sostiene que “jurídicamente no existe la vida desde la concepción, aunque muchos se espanten”.

Pese a ello, asegura que Pueblo Soberano “es un partido y una línea ideológica que a mí me satisface”. La agrupación y el propio diputado suscribieron una alianza con el sector evangélico. Entre los 31 diputados oficialistas, cinco tienen vínculos directos con ese ámbito religioso: son pastores o personas vinculadas a iglesias evangélicas.
“Me siento intelectual y físicamente muy pleno para luchar por estos postulados, luchar porque Rodrigo Chaves regrese a la presidencia de la República y por eso he insistido en la propuesta de la reforma constitucional, sea para una reelección inmediata, pero jamás indefinida”, destaca.
“Si aquí alguien propone una reelección indefinida, yo hasta la montaña podría ir para oponerme a eso”, agrega.
Un político de otra escuela dentro de Pueblo Soberano
Villalobos también marca distancia en la forma de relacionarse con la oposición. Mientras la presidenta Laura Fernández y el ministro Rodrigo Chaves han calificado al bloque como izquierda comunista, Villalobos reivindica el papel de la oposición como un componente indispensable de la democracia.
“En una democracia, cuando la oposición no funciona hay que crearla, porque es la única forma en que el poder no se vuelva soberbio, no se vuelva agresivo y no se crea sabedor de la verdad absoluta”, afirmó el 17 de julio en el plenario legislativo.
En esa misma intervención, hizo un llamado a los grupos opositores: “Protesten, señálennos nuestros errores, es la única forma de que no nos volvamos dictadores”.
Villalobos atribuye su propia forma de relacionarse con quienes piensan distinto a su primer mentor político, el exdiputado José Miguel Corrales, quien militó durante décadas en el Partido Liberación Nacional (PLN) y posteriormente renunció a la agrupación verdiblanca por diferencias ideológicas con el expresidente Óscar Arias.
Según Villalobos, de Corrales aprendió una regla para el ejercicio de la política: “Participar siempre con educación, con dureza, pero siempre con educación, con cortesía, no faltar el respeto”.
Freddy González: una vieja diferencia dentro del nuevo partido

Su relación con Freddy González, actual secretario general de Pueblo Soberano, ofrece una versión más concreta de la manera que tiene Villalobos de entender la política.
Ambos arrastran diferencias de larga data desde el movimiento cooperativo y Villalobos no intenta disimularlo. “Muchas diferencias. No congeniamos en la mayor parte de las posiciones, lo que no significa ser enemigo”, explica.
Para Villalobos, esa convivencia no es una anomalía, sino uno de los mayores desafíos de la política. “Lo más difícil en política es canalizar las diferencias y eso es un síntoma de madurez que la realidad nos exige a los dos”, subraya.
Cuatro veces a las puertas de una curul
Cuando tenía 19 años inició su carrera en la Asamblea Legislativa como asistente jurídico. Corría el año 1982 y Villalobos, entonces estudiante de tercero de Derecho en la Universidad de Costa Rica (UCR), pensaba que aquel trabajo podía ser el comienzo de una carrera larga dentro del Congreso.
En 1986 coincidió con Corrales, entonces diputado del PLN. Como ambos compartían nombre, su tocayo le llamaba Mickey, de manera afectuosa. Llegó incluso a convertirse en el primer asesor legislativo que se sentó en la mesa de una comisión, una anécdota que todavía recuerda con precisión.
Por entonces comenzó a imaginarse en una curul.
La política, sin embargo, se encargó de aplazar esa posibilidad una y otra vez. Villalobos estuvo a punto de ser diputado en 1990, 1994, 1998 y 2002. Cuatro veces las negociaciones se cayeron cuando parecía que el camino estaba despejado. En una ocasión faltaban 15 días; en otra, un mes; en 2002, según cuenta, apenas una semana.
Su verdadera pasión, dice, siempre fue el derecho constitucional. Desde 1986 comenzó a impartir esa materia en la UCR y posteriormente trabajó en la elaboración de la Ley de la Jurisdicción Constitucional. En 1990 se convirtió, junto con Nancy Hernández, en uno de los primeros letrados de la Sala Constitucional.
La magistratura que se cayó en televisión
En 1997, durante la campaña electoral que llevaría a Miguel Ángel Rodríguez a la presidencia de la República, Villalobos formaba parte del equipo que trabajaba para el candidato socialcristiano. José Miguel Corrales, su antiguo mentor, era el rival a vencer, por el PLN.
Corrales ya había intentado convencerlo de regresar. Villalobos se había negado. Entonces le planteó otro camino.
Según Villalobos, Corrales y Rodríguez acordaron que, “gane quien gane”, él ocuparía la primera vacante que se produjera en la Sala Constitucional, pues ambas fuerzas políticas se comprometían a garantizar los 38 votos necesarios para su elección. La condición que le puso Corrales era que no se metiera activamente en la campaña.
El acuerdo estaba encaminado. Hasta que apareció el llamado caso Hank.
La polémica surgió a partir de un viaje que realizó Miguel Ángel Rodríguez a México, junto a miembros de su equipo, para reunirse con el empresario azteca Carlos Hank González, en su rancho de Toluca en mayo de 1997.
Para aquel entonces, el mexicano era investigado por Estados Unidos por presunto lavado de dinero.
El episodio se convirtió en una crisis electoral. Pese a que era uno de los integrantes más jóvenes del comando de campaña de Rodríguez y también uno de los que tenía menos experiencia política, fue enviado a enfrentar públicamente el escándalo en un debate televisivo con Víctor Ramírez, asesor en comunicación política de Corrales.
Villalobos quería reconocer que el viaje a México era un error, pero el resto del equipo no estaba dispuesto a asumir esa posición. Al final, dice, no les quedó más que enviarlo a él y dejarlo presentar sus argumentos.
El debate, transmitido por Canal 4 y conducido por Ignacio Santos, terminó tomando otro rumbo. Villalobos cuestionó a Ramírez por los vínculos de Hank con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México y por la relación de esa agrupación con la Internacional Socialista, de la cual forma parte el PLN.
“Ahí se cayó el caso Hank”, asegura.
A partir de entonces, su papel dentro de la campaña cambió. Pasó a convertirse en parte de la línea de ataque contra el PLN, pero ese nuevo protagonismo tuvo un costo para el acuerdo que mantenía con Corrales. “Se acabó mi magistratura por completo”, dice.
Miguel Ángel Rodríguez ganó las elecciones y Villalobos terminó como asesor presidencia. “Fue una época en que yo estaba un poco detrás del trono”, recuerda.
Cuando el constitucionalista se volvió penalista

El cambio de la política al derecho ocurrió tras su destitución como ministro de Justicia en el gobierno de Abel Pacheco, en 2002, por oponerse a los planes del Ejecutivo de concesionar una cárcel en Pococí, Limón, a la empresa norteamericana Managment Trading Corporation (MTC). Villalobos levantó la voz en contra de la privatización del sistema carcelario.
“Yo no había ejercido en derecho penal, antes del 2002″, aclara. El primer caso lo asumió a inicios de 2003, “me llamó un señor, un extranjero, para que le llevara un tema penal”; con el tiempo llegaron otros de mayor exposición, entre ellos Caja-Fischel e ICE-Alcatel.
Para Villalobos, no hay una ruptura tan grande con el derecho constitucional. “El derecho procesal penal es derecho constitucional codificado”, sostiene.
El abogado dice ser un defensor de las garantías constitucionales, pero también sostiene que algunas de ellas pueden resultar excesivas frente a las formas actuales del crimen organizado.
Pone como ejemplo el caso Diamante. En su criterio, si existía una orden judicial para intervenir un teléfono, no debería necesariamente quedar inutilizada una conversación porque la intervención se extendió más allá del plazo autorizado. Para él, ese tipo de formalismo puede terminar dejando fuera una prueba que considera real y relevante.
“Creo que eso abre la necesidad de revisar algunas garantías constitucionales”, señala. Su límite, sin embargo, lo tiene claro: la presunción de inocencia, la prohibición de la tortura y el derecho a contar con un abogado no deberían desaparecer nunca.
El regreso a la política de la mano de Chaves

Su recorrido político tampoco siguió una línea recta.
Pasó por la juventud liberacionista en los años ochenta, se acercó posteriormente al PUSC y, en 2005, formalizó la creación de su propia agrupación, el partido Alianza Democrática Nacionalista (ADN), del cual fue candidato presidencial.
Después de aquella experiencia se apartó de la política activa durante varios años. Dice que durante las elecciones de 2010, 2014 y 2018 se limitó a votar y que ni siquiera dio adhesiones públicas. Pese a sus publicaciones en redes sociales a favor de las candidaturas de José María Villalta y de Carlos Alvarado.
Hasta que apareció Rodrigo Chaves. La relación entre ambos es mucho más antigua que la política que los volvió a juntar. Cuenta que sus familias tenían raíces en Atenas, por lo que se conocieron de niños. Coincidieron en la escuela Buenaventura Corrales y volvieron a encontrarse en la UCR.
Más adelante, cuando Chaves ya estaba en el Banco Mundial, lo contactó para trabajar en la regulación de intermediarios financieros no bancarios.
Cuando Chaves regresó a Costa Rica y comenzó su incursión política, Villalobos ya era una figura conocida en su entorno. Con el tiempo se convirtió también en su abogado y en uno de sus hombres de confianza.
Pese a la cercanía, Villalobos reconoce que no estaba convencido sobre la victoria de Chaves en los comicios de 2022. Recuerda que durante un almuerzo familiar en Atenas, su madre fue la única convencida de que Chaves sería segundo en la primera ronda y que disputaría la segunda vuelta.
Cuando le comentó a Chaves de la predicción de su madre, este le habría dicho “la única que sabe de política en tu casa es tu mamá”.
Identidad del movimiento
Rechaza el término “chavista” porque considera que remite deliberadamente al venezolano Hugo Chávez y a una tradición política con la que no se identifica, prefiere el mote “rodriguista”. En cambio, dice que su compromiso político es, “principal y primordialmente”, con Rodrigo Chaves.
También se considera laurista y miembro de Pueblo Soberano, pero coloca el rodriguismo por encima de esas otras identidades.
¿Y qué significa ser rodriguista? Villalobos responde con una mezcla de atributos personales y políticos: valentía, confrontación con el statu quo, pragmatismo y una particular manera de hablarle al país.
Pero cuando intenta ubicar al rodriguismo en el tradicional eje entre izquierda y derecha, la definición se vuelve menos precisa. “Podemos llamarle pragmatismo”, asegura.
Para él, no es una ideología que pueda colocarse sencillamente en uno de los extremos. En materia de ética social, eso sí, reconoce un carácter conservador. De ahí las alianzas con sectores religiosos y las posiciones del movimiento en asuntos como las guías de educación sexual, la llamada ideología de género y el aborto.
Villalobos, sin embargo, no parece dispuesto a dejar que esa identidad política determine todas sus decisiones.
El día que se adelantó al anuncio de Laura

En junio de 2025, Villalobos afirmó en una reunión en Barva, de Heredia, que la candidatura presidencial oficialista recaería sobre Laura Fernández, y que el partido político sería Pueblo Soberano. “Yo sabía que se estaba grabando y yo sabía que iba a salir. Lo que no me imaginé era lo que iba a generar”, reconoce.
La reacción vino del mismo seno del chavismo. Pilar Cisneros, jefa de fracción oficialista, lo desautorizó públicamente como vocero oficial del movimiento.
“Yo no estaba anunciando nada de la campaña, pero sí generó una fricción, aceleró la toma de decisión, lo cual fue evidentemente intencional. Era para que se anunciara una decisión que ya estaba tomada, pero que por algunas razones no se anunciaba”, afirma.
La anécdota refleja como Villalobos se mueve dentro del oficialismo. No actúa como alguien situado en los márgenes de un movimiento al que pertenece. Participa, opina y, cuando considera que corresponde, toma decisiones sobre sus propios tiempos aun cuando eso pueda incomodar a figuras centrales del proyecto o ir en contra de la línea de la mayoría.
Las posiciones que no caben del todo en Pueblo Soberano
Es justamente en el terreno de la ética social donde Villalobos introduce algunas de las mayores diferencias entre su identidad política y determinadas posiciones que acompañan al oficialismo.
No considera que la educación sexual deba desaparecer de las escuelas. Por el contrario, sostiene que debe impartirse de manera gradual y de acuerdo con la edad.
Defiende el aborto terapéutico y ha conversado de esa posición con diputados oficialistas que tienen posturas distintas. También recuerda que él mismo fue abogado de dos mujeres que enfrentaron una acusación penal por matrimonio ilegal, y que mantiene su defensa del matrimonio civil entre personas del mismo sexo.
Su posición religiosa también tiene límites que él mismo se encarga de marcar.
“Una agenda que se aparte de la tradición judeocristiana, que pretende imponer rituales, proscribir la educación sexual en las escuelas de la forma ética y decente que se requiere (...), donde se le impide a la gente pensar, eso nunca va a contar con mi apoyo”, asegura.
Sobre la eutanasia, asegura que firmó un compromiso político durante la campaña y que, aunque considera que es un tema valioso para discutir, respetará el compromiso adquirido con el sector evangélico. “Lo que yo firmé ese día es el límite sobre el cual me muevo”, indica.
Una agenda que se aparte de la tradición judeocristiana, que pretende imponer rituales, proscribir la educación sexual en las escuelas de la forma ética y decente que se requiere (...), donde se le impide a la gente pensar, eso nunca va a contar con mi apoyo
Y en materia internacional se define sin ambigüedad: “Yo soy proisraelí”.
Aclara inmediatamente que esa posición no significa estar de acuerdo con todo lo que hace Israel, y establece una diferencia entre respaldar a ese país y apoyar todas las acciones de su gobierno. No obstante, considera que “Israel tiene la razón histórica de esa disputa, y no Palestina”.
El futuro: presidir el Congreso y traer de vuelta a Chaves
Sobre su futuro, Villalobos reconoce que mantiene su interés en presidir la Asamblea Legislativa.
“Sí, creo que tengo las condiciones para poder presidir la Asamblea Legislativa. Me gustaría hacerlo, pero como estas cosas en democracia no dependen solo de uno, esperaremos a ver qué se define”, indica.
Cuando llegó al Congreso, cuenta, algunos esperaban encontrarse con el abogado cercano a Rodrigo Chaves en una versión más combativa, un diputado “hígadoso y peleón”, según sus propias palabras. Sin embargo, asegura que optó por otra forma de ejercer la diputación: mantener un lenguaje firme, pero respetuoso; escuchar las posiciones contrarias y buscar coincidencias sin desconocer las diferencias.
“Creo que en la presidencia de la Asamblea Legislativa, en el momento que mis compañeros así lo estimaren, creo que podría cumplir un rol interesante de llevar a una Asamblea Legislativa por un cauce adecuado”, sostiene.
Considera que los primeros años suelen ser más llevaderos para quien ocupa la presidencia del Congreso, mientras que el tercero y el cuarto se vuelven más complejos conforme se acercan las elecciones municipales y nacionales.
Su proyecto político, sin embargo, no termina en la actual legislatura. “Espero estar en un proyecto político a más largo plazo, no necesariamente con mi nombre principal. Pero no necesariamente significa que no se descarte, pero no necesariamente en la candidatura a la presidencia”, afirma.
Lo que sí identifica como una posible contribución propia es la capacidad de tender puentes entre sectores enfrentados, incluso fuera del oficialismo.
“Y creo que pues que puedo dar calma, respetabilidad, consensos, poner a la gente que piensa diferente a conversar entre sí, orden, seguridad jurídica de que las cosas se puedan hacer bien y sobre todo acercar a grupos muy contrarios a Pueblo Soberano, pero que en el fondo coinciden en cosas que tal vez no sabía que coincidían”, concluye.
