Hernán Morales sostiene el control remoto mientras recorre la programación deportiva en busca de noticias, análisis y previas mundialistas. Las imágenes son las de siempre: selecciones afinando detalles, estadios listos para recibir a miles de aficionados y figuras que cuentan las horas para debutar en la Copa del Mundo.
Sin embargo, algo cambia esta vez. Pasa de un canal a otro sin el entusiasmo habitual, consciente de que cuando ruede la pelota habrá una ausencia imposible de ignorar: Costa Rica no estará ahí.
Durante décadas, los mundiales fueron para él una mezcla de ilusión, trabajo y pertenencia. Como exseleccionado nacional, disputó las eliminatorias rumbo a las Copas del Mundo de 1974 y 1978. Más tarde los vivió desde las cabinas de transmisión y los estudios de televisión. Por eso, la ausencia de la Tricolor en 2026 no le provoca indiferencia. Le trae una especie de duelo.
“Evidentemente, como Mundial siempre me atrae, pero con el resentimiento y la tristeza de no estar. Todo el mundo, todos los países hablan de fútbol y saber que nosotros no estamos causa tristeza”, reconoce.
Morales asegura que seguirá el torneo porque el fútbol continúa fascinándolo. Sin embargo, admite que será una experiencia distinta.
“Vamos a ver cómo lo disfrutamos y ver si podemos disfrutar un Mundial sin Costa Rica. Independientemente de jugar tres partidos, uno tiene la ilusión de hacer algo más y ahora ni eso”.
Para el exseleccionado y comentarista, la eliminación no fue producto de un accidente ni de una mala noche.
“Nos hemos descuidado mucho. Te pones a repasar los jugadores de primera línea en la Selección y se ve muy poco. Hay una escasez en el fútbol nacional de jugadores de tendencia en el mediocampo, con jerarquía”.
Su diagnóstico es duro: “hemos creado estrellas sin brillo. Nos faltan jugadores con ambición”, dice, refiriéndose a como. muchos futbolistas consiguen contratos en ligas que les ofrecen estabilidad económica, pero no necesariamente crecimiento competitivo. “Los países donde están no son potencias. Llegan y luego no se habla más de ellos”.

Por eso la eliminación rumbo al Mundial le dejó una sensación difícil de comparar con otros fracasos deportivos. “Siento que nos dimos un gancho al hígado. Nos dimos un golpe que ha matado toda esa ilusión de ver un Mundial”.
El Mundial estará en la pantalla, las estrellas estarán en la cancha y el planeta volverá a girar alrededor del fútbol durante más de un mes. Pero para miles de costarricenses la sensación será inevitable: la de una película que va a comenzar y nos quedamos en la fila de la sala de cine.
¿Qué deberíamos ver en el Mundial?

Los jugadores escuchaban en silencio. Ronald González había pedido unos minutos antes de que comenzara la práctica de la Selección Nacional previo a un amistoso.
El hoy director de Selecciones Nacionales no llevaba videos, pizarras ni ejercicios tácticos. Tampoco pretendía hablarles del próximo rival. De pie frente al grupo, les planteó una pregunta mucho más profunda: ¿qué significa jugar como Costa Rica?
La escena ocurrió hace apenas unas semanas, mientras la Selección realiza amistosos (tipo sparring) para los países queq sí irán al Mundial. Con la Tricolor ausente por primera vez en 12 años, el exmundialista de Italia 90 aprovechó la oportunidad para pedirles a los futbolistas que observaran el torneo con otros ojos.
“Cuando vean a Francia, cuando vean a Argentina, cuando vean a Brasil, entiendan que los que están jugando ahí son la esencia de lo que ellos son como país”, les dijo.
La reflexión nace de una convicción que González ha reforzado: Costa Rica se perdió cuando intentó parecerse a otros.
Para él, las mejores páginas del fútbol costarricense nunca se escribieron desde la superioridad técnica ni desde el dominio absoluto de los partidos. Se construyeron desde otras virtudes. “Cuando usted ve que Costa Rica ha tenido éxito es siendo un equipo ordenado atrás tácticamente, habitualmente con un buen portero, fuertes en la pelota quieta y capaces de golpear en el momento justo. Esa es nuestra esencia”, afirma.
Por eso menciona como referencia las campañas que marcaron al país: Italia 90, la histórica participación juvenil en Egipto 2009 y la hazaña de Brasil 2014. Ninguna de ellas se construyó intentando jugar como España o Francia. Se construyeron entendiendo exactamente qué podía hacer Costa Rica y ejecutándolo mejor que nadie.
“Nosotros no somos España. Nosotros no somos Bélgica. Nosotros no somos Francia. Nosotros somos Costa Rica. El futbolista tico tiene que ver el Mundial de forma reflexiva”.
Para González, la lección más importante que deja este Mundial para Costa Rica no está en copiar lo que hacen las potencias. Está en observarlas para comprender que cada una triunfa siendo fiel a su propia identidad.
Y que el reto de la Tricolor, después de quedarse fuera de la fiesta mundialista, será encontrar nuevamente la suya.
El consejo de una leyenda

Por primera vez en 12 años, Celso Borges tendrá que decidir cómo ver un Mundial.
Durante más de una década no hizo falta planearlo. Entre concentraciones, viajes y tres participaciones mundialistas consecutivas, no hacía falta.
Aunque admite que todavía no tiene un plan para seguir el torneo, sí tiene claro que prefiere ver los partidos solo. El fútbol le genera mucha tensión como para compartirlo con demasiada gente. Quizá haga una excepción para la final. Tal vez reúna a algunos amigos de la infancia para verla juntos. Por ahora, ni eso está completamente decidido.
Su apoyo irá, en esta ocasión, para su segundo país. “Si no creo que Brasil pueda ser campeón mejor ni llego a la casa”, dice, bromeando con la ascendencia de su padre.
Pero más allá de las risas, el jugador dorsal 5 asegura que la ausencia de Costa Rica cambia la experiencia y para Celso también debería provocar algo en los futbolistas que hoy observan el Mundial desde casa.
“Más que aprender, lo que tiene que hacer el futbolista tico viendo el mundial es sentir. Tiene que doler, tiene que arder. El futbolista tico tiene que sentir el FOMO (fear of missing out) de no estar ahí, de perderse este evento, de perderse lo que habría significado para sus carreras”.
El lamento de nuestra ausencia lo extrapola hacia todo el país. “El Mundial no es solo deportivo. Es social, económico, cultural. Todas las ruedas que hacen caminar a un país tienen que ver con el fútbol y con clasificar a un Mundial”.
“Aunque queramos negarlo, el deporte es lo que mueve a los demás deportes, es lo que mueve a la sociedad y es el que más marca la diferencia. El país está frío; el ambiente así no es para menos”, dice.
Aunque insiste en que verá el Mundial para entretenerse y disfrutarlo, reconoce que le cuesta apagar la mirada del futbolista profesional.
Más que los chismes o las polémicas que suelen dominar las redes sociales durante un torneo de esta magnitud, Borges se siente atraído por lo que ocurre detrás de cámaras y cuenta que su algoritmo de Instagram lo sabe.
Cuando abre sus redes, rara vez le aparecen rumores de vestuario o jugadores molestos por una sustitución. Lo que consume son videos de entrenamientos, sesiones de recuperación, trabajos de gimnasio y las pequeñas rutinas que los equipos comparten durante la concentración.
“Me gusta mucho ver el behind the scenes”, cuenta. “Cómo entrenan, cómo hacen la recuperación, qué están haciendo entre partidos, cómo se preparan”.
Son detalles a los que normalmente el público no tiene acceso y que para él resultan tan interesantes como los propios encuentros.
“Eso me gusta porque es información que uno normalmente no tendría. Ahí siempre hay algo que aprender”.
Borges sigue encontrando fascinante observar cómo trabajan los mejores equipos del mundo cuando nadie los está viendo. “Pero no le miento: lo que más quiero es entretenerme”, dice.
Entretenerse viendo, ojalá, a Brasil campeón del mundo. Celebrando un gol de larga distancia o una parada imposible. Disfrutar de las historias que solo aparecen cada cuatro años.
Por supuesto, no podrá sacarse de la cabeza el lamento de no ver a la Sele allí ni un segundo. Porque para alguien que estuvo en tres mundiales, la Copa del Mundo nunca es únicamente lo que ocurre en la cancha. También es el recuerdo constante de lo que significa pertenecer a ella.
