
Una liposucción con rebaja por tiempo limitado. Un aumento de mamas en promoción si se agenda ese mismo mes. Títulos como “médico estético” o “doctor de la belleza” acompañados de fotografías de antes y después en Instagram. El mercado de la cirugía estética se mueve hoy con lógica de oferta y demanda, descuentos y branding personal. Pero detrás de los precios que rompen el promedio hay una realidad poco conocida: en Costa Rica, un médico general puede realizar cirugías estéticas sin contar con la especialidad formal en cirugía plástica
Tal como está la ley actualmente, los médicos generales pueden hacer cualquier tipo de procedimiento: desde una cirugía plástica, obstétrica o de corazón, por ejemplo. Están legalmente autorizados. Lo único que no pueden hacer es anunciarse como especialistas.
A diferencia de los médicos generales, que estudian la carrera durante 6 o 7 años, los médicos especialistas en cirugía estética deben estudiar cuatro años más para ser cirujanos generales y tres años más para la subespecialidad en cirugía plástica. Es decir, la diferencia entre un cirujano plástico y un médico general son al menos siete años de estudio.
El fenómeno que se ha presentado en la última década es que los médicos generales toman cursos de liposucción o aumento de mamas, por ejemplo, en Brasil, México y Colombia, entre otros países, donde les brindan diplomas que luego cuelgan en consultorios con nombres como “médico estético”, “esteticista”, “médico de la belleza”, “doctor de reinas”, “doctor 360” o “doctor láser”, entre otros.
El doctor Ronald Pino los llama “intrusistas”, porque realizan procedimientos sin ser especialistas. Sin embargo, ante el vacío legal y la falta de regulaciones, tienen permiso para realizar cualquier procedimiento.
“Es muy diferente esos cursos a siete años de especialidad. Y, además, nosotros hacemos capacitación continua: en la asociación hacemos congresos, charlas y estamos adscritos a la Federación Iberoamericana, que también constantemente está haciendo congresos presenciales y virtuales”, añadió Pino.
Estas clínicas estéticas suelen ser agresivas en promociones en redes sociales, donde muestran a pacientes que han tenido “éxito”. Los precios, además, casi siempre son más bajos que el promedio. En redes sociales se pueden encontrar promociones como “Trae a tu amiga y te hacemos precio”, “Aprovecha el descuento” o “Compra una tarjeta de membresía y opérate cuando quieras”.

Diferencia de precios
Esto genera que una operación de aumento de mamas que, por lo general, cuesta $4.000, en algunas de estas clínicas se ofrezca a $1.500. De la misma forma, una liposucción que puede costar $6.000 (depende de la zona y la cantidad) en promociones puede encontrarse en $3.000 o $4.500.
En el caso de las intervenciones faciales: lifting, blefaroplastia (párpados), rinoplastia (nariz), otoplastia (orejas), bichectomía (mejillas) y mentoplastia (mentón), pueden ascender a $7.000. En estos casos, sin embargo, el doctor Pino dijo que “los intrusistas se atreven menos” a realizar estos procedimientos.
Tomar la decisión de hacerse una cirugía plástica es un tema personal. Durante años esta ciencia ha sido polémica, porque se cree que es exclusiva de la vanidad. Sin embargo, la cirugía plástica reconstructiva se utiliza también para reconstruir consecuencias de deformidades y enfermedades: labios leporinos, cicatrices por accidentes, colocar implantes mamarios a mujeres que han sufrido amputaciones por cáncer o corregir exceso de piel después del parto, entre muchas otras.
