Una revisión de Revista Dominical encontró que artistas nacionales como Tapón (103 canciones), Debi Nova y Toledo (102 cada uno), además de la Orquesta Sinfónica Nacional, Editus, Canina, Deeikel, 424, Lentamente y decenas de músicos más aparecen en colecciones utilizadas por investigadores y desarrolladores de IA, según una base del medio The Atlantic.
Eso no significa que todas esas grabaciones hayan sido utilizadas por una plataforma comercial específica ni que exista una infracción ya comprobada de derechos de autor, pero sí está “a disposición” de la inteligencia artificial para crear nuevas canciones.
Por ejemplo, de Tapón aparecen 146 canciones (Feeling, Vive con él, Creada a mi manera...), de Debi Nova aparecen 102 canciones (No nos sobran los domingos, Baño de Luna, María...), 96 canciones de Malpaís (Contramarea, El Barrio De Los Jazmines, Otro lugar...), 92 canciones de Gandhi (Mar, Al Son Del Dolor, El Atico, Hacia adentro...) y muchísimos más. Basta solo sortear nombres en el buscador llamado AI Watchdog de The Atlantic.
Cristian Gómez, mejor conocido como Tapón, no oculta su frustración por este tema. El cantante reconoce que la velocidad con la que ha evolucionado la inteligencia artificial dejó a los creadores en una especie de limbo jurídico. “Siento que hay un vacío legal. Prácticamente no podemos hacer nada. Necesitamos leyes que nos protejan”, lamenta.
Para él, si las grandes disqueras internacionales apenas comienzan a reaccionar frente al uso de sus catálogos para entrenar modelos de IA, los artistas independientes tienen todavía menos margen de acción.
El músico cuenta que, de hecho, actualmente trabaja con un equipo de abogados especializados en propiedad intelectual que ya investiga posibles acciones relacionadas con algunas de sus obras y que se pondrá detrás del uso de su catálogo en estos sistemas ante esta noticia.
Aún así, Tapón insiste en que el debate debería ser sobre el valor de la creatividad humana. “Creo que no se le ha dado la importancia que esto conlleva. La creatividad, en cualquier ámbito, hay que respetarla”, sostiene. “Yo le digo a los jóvenes que no cualquiera puede escribir una canción, del mismo modo que no cualquiera puede jugar fútbol, dibujar o hacer buen periodismo. Todos traemos una chispa diferente”, explica.
Tapón considera que el derecho de autor es un reconocimiento al tiempo y al esfuerzo que hay detrás de cada obra. “La inteligencia artificial se basa en algo que ya hicimos nosotros antes, entonces es justo que recibamos algo. Una canción son horas de estudio, de grabación, de componer, de hacer arreglos, de pensar qué hacer y qué no hacer. No es soplar y hacer bombitas. Hacer música todos los días es muy complicado. Es justo recibir algo”.

El caso de Gandhi
Luis Montalbert, líder de Gandhi (banda que aparece en el sistema más de 90 veces), reconoce que la irrupción de la inteligencia artificial le genera una sensación de vulnerabilidad. “Me siento amenazado. Siento una gran amenaza”, dice.
“Siento que los derechos de autor no quieren ser reconocidos como los hemos pactado como humanidad. Yo lo veo como negarle agua a alguien. Es vivir, es un derecho humano”, afirma.
El músico reconoce que toda creación artística parte de influencias. En su caso menciona que Michael Jackson y Led Zeppelin han marcado su trabajo como referentes. “Yo soy una mezcla de todos ellos; siempre lo he dicho. Pero la inteligencia artificial no hace ese proceso creativo. Utiliza esas influencias, pero después no se les reconoce en la música que genera. Eso no se puede aceptar”, cuestiona.
¿Cómo nos enteramos?

En junio pasado, el periodista Alex Reisner publicó en el medio estadounidense The Atlantic una investigación en la que identificó cuatro gigantescas bases de datos musicales.
El artículo, titulado The Millions of Songs Mashed Into AI-Generated Music, cuenta que hay más de 21 millones de canciones que las empresas de inteligencia artificial utilizan para entrenar generadores musicales como Open AI, Suno, Udio o modelos de Google. Revista Dominical hizo una revisión de esta base de datos.
Tres de esas colecciones funcionan como enormes índices de enlaces a canciones disponibles en plataformas como YouTube o Spotify. La cuarta corresponde al catálogo de Free Music Archive. Los desarrolladores descargan posteriormente los archivos de audio mediante programas automatizados para entrenar modelos capaces de comprender ritmos, armonías, voces e instrumentos.
