Revista Dominical

Manzanilla, agüizotes de la suerte y jabones para el amor: el secreto de los hierberos para sobrevivir

No lo niegan: la venta de plantas medicinales ha ido cayendo y, aunque siguen vendiendo hierbas, ahora se valen también del esoterismo para continuar con su negocio.

Caminar por un mercado en Costa Rica siempre es una experiencia: hay artesanía, frutas y carnicerías, un gallo que dice cuál número va a salir en la lotería y el infaltable olor a grasa de las sodas.

Los tramos son tan variados como originales, buscando innovar para atraer clientes. Sin embargo, entre todos ellos, hay unos puestos que sobresalen, en los que su producto estrella no solo es el que les genera ingresos, sino que también se convierte en una decoración natural, llena de diferentes tonos de verde.

El olor a manzanilla se mezcla con el del romero y la altamisa: huele a medicina natural.

El tramo San Gabriel, que se ubica en el Mercado Central de San José, es un espacio pequeño, pero con lo suficiente para que los hierberos puedan hacer su trabajo. Afuera del puesto está Alfredo Támez, ayudando a sus clientes a comprar las hierbas que necesitan para curar sus males o para cocinar. Entretanto, su compañero Marvin Solano le rocía cuidadosamente agua a cada una de las plantas para que se conserven frescas.

Adentro solamente se encuentra el dueño del pequeño puesto, Alfredo Araya. No hay vidrios, puertas, ni vitrinas; las plantas son las encargadas de dividir los espacios del tramo, en el que hay hierbas de abajo hasta arriba y en cada esquina del establecimiento.

Ellos conocen a la perfección los cuidados que deben prodigarle a cada una de las hierbas que venden y saben que para ser los favoritos de los clientes deben mantener la frescura de las plantas.

“A las plantas hay que estarles dando vuelta, hay que estarlas acomodando, limpiando, hay que quitar y poner lo más fresco para que el cliente se vaya satisfecho. Se mantienen frescas por unos cuatro o cinco días, luego se van deshidratando”, explica Támez.

Aunque en sus casas también cultivan una que otra planta medicinal, ellos se las compran a los proveedores de todo Costa Rica, pues no todas las hierbas “pegan” en el mismo lugar.

Las que venden provienen de zonas como Cartago, Guápiles, Tilarán, Aserrí y Alajuela.

Así trabajan los hierberos, esos que ofrecen ajo para la presión, sábila para las quemaduras y sorosí para el colesterol. También son los que venden semillas de linaza, de chía, de chan y de moringa.

O los mismos que comercializan jabones para la suerte, polvos para el dinero y aceites para atraer el amor.

Sabiduría

Para los hierberos este oficio se ha convertido en una escuela. En este trabajo han conocido una gran variedad de plantas, tantas que se atreven a decir que es “incalculable” el número de hierbas que manejan en su memoria.

Además, saben para qué sirve cada una y eso no es casualidad. Aunque muchas de las funciones las han aprendido de sus antepasados, también se han valido de Internet y libros para ampliar su conocimiento y ofrecerle alguna que otra recomendación a sus clientes.

“Es que como uno está desde chiquitillo con los abuelos, aprende de todo. Yo, por ejemplo, estoy aquí desde que estaba en la escuela, es decir, yo no fui al colegio, mi colegio está aquí en el mercado”, detalla don Benito Araya, quien está en el tramo más antiguo de ventas de hierbas dentro del Mercado Central josefino.

Por ello, para los hierberos la suya es una tradición con un valor ancestral y que han logrado rescatar hasta la actualidad, tomando en cuenta que los antepasados se valían de las plantas para curar sus males.

“He aprendido a conocer las plantas. Tienen una importancia que viene de antaño porque las mismas personas de antes les daban el valor y se las recomendaban a los hijos, entonces es como una cadena. Por ejemplo, un señor de 80 o 90 años y la esposa se curaban con plantas porque no podían venir al hospital y los hijos siguen la misma tradición. Es decir, las plantas tienen un valor que es ancestral”, explica Támez, quien trabaja como hierbero desde hace más de 30 años.

Los precios pueden ser muy variados, pero usualmente comprar un ramito cuesta entre ₡1.500 y ₡3.000, según lo que busque el consumidor. Eso sí, cuando son compras a partir de recetas los precios pueden ir desde los ₡2.500 y hasta los ₡4.000.

Tienen claro que no son médicos, ni tampoco pretenden serlo. Por el contrario, ellos se definen como naturalistas. Al final, su intención es ayudar y asesorar a sus clientes para que compren las plantas que necesitan.

“Antes de vender hierbas yo le pregunto al cliente si padece de otra cosa, o quién lo va a tomar. Unos me contestan, otros no, pero yo siempre prefiero ir adelante y no atrás, para no entorpecer la venta”, señala don Benito.

En estos puestos se puede encontrar jamaica para adelgazar, cúrcuma para la anemia y gavilana para el hígado, por citar algunos ejemplos.

Sin embargo, reconocen que siempre es necesaria la atención que ofrecen los hospitales y confiesan que ellos mismos utilizan los centros médicos.

“Yo recomiendo mucho las plantas medicinales sin faltarle el respeto al Seguro porque también ocupamos el Seguro y así como las plantas curan yo sé que el Seguro también, o sea a mí no me molesta”, detalla Támez.

Respetan a quienes no creen en las plantas medicinales. “Si una persona no quiere consumir hierbas, está en todo su derecho”.

Detalle: para que un tramo pueda operar, necesita el permiso de funcionamiento del Ministerio de Salud y la patente, que entrega la Municipalidad.

Según relatan, entre lo que más buscan los clientes están los remedios para mejorar la circulación, a las mujeres que recién dieron a luz, personas operadas, quimioterapias, o para pacientes con defensas bajas.

También llegan clientes con problemas de azúcar, de colesterol, de colon y alergias en la piel, caída del cabello y problemas gástricos. Para todos esos males hay una planta medicinal.

Por ejemplo, con el fin de combatir la diabetes ofrecen un paquete especial al que se le llama las 48 plantas e incluye hierbas como hoja de almendro, de guanábana, jamaica y gavilana, entre otras.

Mientras que para los riñones se vende un paquete que incluye cola de caballo, fresa, y guapinol.

Tiempos difíciles

Lo cierto es que el oficio de los hierberos, no pasa por su mejor momento. No porque haya menos cantidad de personas que se dediquen a esto, sino porque cada vez hay menos gente que compra plantas para tratar sus males.

Y puede parecer mentira, más aún cuando llega una excursión de extranjeros y abarrotan los pequeños tramos, que no miden más de dos metros de largo por dos metros de ancho.

El problema es que ellos no compran, solo llegan a tomar fotografías.

De hecho, los hierberos creen que si cobraran por permitir que los turistas saquen fotografías del lugar, ganarían bastante dinero extra.

“Si le dieran a uno un solo dólar por cada foto que le toman a este negocio, recibiríamos como $100 diarios”, dice Alfredo Araya.

Eso sí, reconocen que les encanta ver la impresión de los turistas cuando llegan al negocio, así como la ilusión por tomarle foto a cada una de las plantas que comercializan.

“Aquí viene mucho gringo y mucho europeo. A veces hay tantos que le dan la vuelta a todo el negocio, pero si le digo que compran le estoy mintiendo, a veces a uno siente hasta que lo asfixian y toman muchas fotos. Pero esa es la alegría de ellos, para ellos es algo extraño, más que todo para los europeos”, afirma Támez.

Aunque no se puede generalizar.

Al otro lado del mercado, en el tramo Macrobiótica Jireh se encuentra Billy Araya. Él tiene 20 años de trabajar con hierbas medicinales y ha visto pasar por su negocio a miles de clientes de todo tipo.

Según cuenta, muchos de ellos son extranjeros residentes en el país, principalmente cubanos, dominicanos, nicaragüenses y colombianos.

“Los extranjeros son muy creyenceros. De hecho, la mayoría de mis clientes son extranjeros y de ellos mismos uno va aprendiendo, porque le cambian mucho el nombre a las hierbas”, asegura Araya.

Agüizoteros

Y ¿cómo dejar de lado los productos esotéricos? Máxime cuando Billy sabe que lo que más se vende actualmente en su negocio son los jabones, aceites y polvos que tienen ‘propiedades mágicas’.

De hecho, él se ríe solo con recordar las tantas veces que sus ahora clientes frecuentes llegaron por primera vez al establecimiento y decían que nunca comprarían productos de ese tipo.

“La gente siempre dice que los ticos somos doble moral y eso es verdad, lo he comprobado a lo largo de los 20 años, porque aquí entra gente que dice ‘yo no hago eso, porque eso es malo, y yo creo en Dios’ y se van; y después regresan diciendo ‘Ay véndame un bañito’”, recuerda Billy.

Ahí fue donde conoció a varios políticos, actrices de teatro y otras personalidades, de las que prefiere reservarse el nombre.

“A lo largo de 20 años uno ve cada cosa, a veces piden cosas tan raras y a mí es que me encanta porque uno conoce tantas personas. Y aquí viene gente de todo ámbito y diay yo me quedo asustado, porque todo el mundo cree en algo”, dice.

En estos establecimientos se pueden encontrar candelas, perfumes, jabones, esencias, aceites y polvos. Y aunque parezca mentira, estos productos son incluso más buscados que las mismas plantas medicinales.

Eso sí, Támez asegura que todos estos productos están hechos a base de hierbas.

“Todo es natural, cero químicos. Y lo más importante es que todo lo que está aquí es porque la misma gente lo recomienda y lo busca”, promete.

Por ejemplo, hay candelas para que una persona se vaya o también para que se quede. Hay jabones llamados “Yo domino a mi hombre”, “Corte y juzgado” (gana juicio), “Abre caminos”, “Don Juan del dinero”.

También se pueden encontrar polvos llamados “Tapabocas”, “Ven a mí”, “Miel de amor” y “Llama dinero”. Por otro lado, se encuentran aceites llamados “Gallina negra”, “Pega pega” y “Doble suerte”.

“Lo esotérico sí se vende, es lo que a la gente más le gusta: hacerse bañitos para la suerte, para el dinero, y es que la gente en algo cree. Y como uno dice ‘primero Dios y después lo que venga’, porque usted sabe que en la santería para que funcione, usted tiene que creer un 99,9% y el resto viene solo”, asegura Billy.

De hecho, el hierbero afirma que si decidieron incursionar en la comercialización de este tipo de productos, es porque las ventas de plantas naturales han caído y no se puede comparar con hace una década atrás.

“Ya que yo le diga que el negocio de uno sobrevive a puro monte, cuesta mucho. Antes, hace unos 10 o 15 años atrás era diferente, pero es que ahora hay más competencia”, se sincera.

Con él coinciden Támez y don Benito, quienes responsabilizan a las macrobióticas de matar su negocio, pero no los culpan, saben que es una industria que también tiene que vender."

“Yo no estoy en contra de los químicos, fármacos o macrobióticas, porque no puedo luchar contra ellos. Al final cada quien es cada quien y elige lo que prefiere”, dice don Benito.

Billy tampoco se complica y si la gente ahora prefiere la macrobiótica, él les vende productos macrobióticos, que son algo así como los mismos remedios, pero ya preparados.

“Tuvimos que buscar un plan b, porque el negocio siempre fueron las hierbas, que aún se mantiene, pero después comenzó a salir la macrobiótica que desde que nació las cosas son más fáciles para la gente, porque a usted le dicen ‘tómese un vaso de gavilana para el hígado graso’ y eso sabe a diablos, entonces yo prefiero tomármela en gotas o en cápsula.

“La gente se ha vuelto más vaga y quiere todo ya hecho y a veces los más jóvenes son los que vienen y compran. Pero a la gente más adulta le da más pereza hacer eso, sí le digo que la venta de hierba ha bajado muchísimo. Porque antes venían por recetas y recetas… ya no”, relata Billy.

De igual manera continúan vendiendo y los rótulos con las diferentes funciones de las plantas medicinales y algunas recetan, invaden los pequeños tramos.

Si llegó hasta aquí y se pregunta por qué la mayoría de entrevistados son de apellido Araya, la respuesta es sencilla: la gran mayoría de hierberos del Mercado Central de San José son familia. Ellos aprendieron el oficio desde que eran pequeños y ahora prácticamente todas las generaciones se dedican a esto.

“Es una tradición de una familia. Este mercado fue abierto en 1880 y en ese tiempo de las carretas ya había tramillos de hierbas de mis abuelos aquí”, recuerda don Benito.

De temporada

Así como los hierberos conocen a sus clientes y la variada oferta de plantas que existen, también saben que deben tener ciertos productos para las diferentes épocas del año.

El más común es el de las hojas para los tamales, que se venden, principalmente, durante el mes de diciembre.

“Es en cantidades que se vende”, cuenta don Benito.

Para el mes de febrero, es común que la gente pregunte por remedios para acabar con los piojos y en ese caso don Benito tiene el producto “Festival de piojos” que incluye gavilana, madero negro y sulfatillo, porque “todo eso es amargo” y ayuda a que estos animalitos no se le peguen a los estudiantes para la entrada a clases.

A final de año buscan un arreglo de sábila (hembra y macho) al que se le pone un oropel, una espiga, eucalipto y la flor de Santa Lucía. Eso se amarra con cinta roja y amarilla y se guinda con un casco de herradura de caballo.

Este se utiliza para la buena suerte, al igual que las siete hierbas, que incluye ruda, romero, mirto, albahaca altamisa, ajenjo y hierbabuena. Esta receta también la buscan para dolores musculares y articulaciones.

Otra receta para hacer baños que sean para la buena suerte incluye limón y canela, que según los hierberos “rompe y atrae todo lo bueno y es de protección”.

Y si aún le quedan dudas para qué sirven las plantas, escuche a Celia Cruz cantar El yerberito y tome nota: albahaca pa’ la gente flaca, ruda pa’ el que estornuda, hierba santa pa’ la garganta, keisimon pa’ la hinchazón y apasote para los brotes.

Las recomendaciones de los hierberos

Hoja de marañón colorado: purifica y limpia la sangre.

Guanábana: para artritis y problemas circulatorio, para cáncer.

Raíz de cuculmeca: para leucemia y ayuda al cerebro.

Azul de mata: para alergia y picazón.

Hojas de naranjo agrio: contra la depresión, vértigo y nervios.

Jamaica (flor y hoja): para problemas diuréticos y adelgazar.

Eucalipto: para el asma y la bronquitis.

Sábila: protección de rayos ultravioleta, refresca el estómago.

Llantén: regenera el hígado, hepatitis.

Sorosí: para la diabetes y el colesterol.

Cardo santo amarillo: para quistes y fibromas.

Salvia virgen: para problemas de sudoración.

Raíz de cúrcuma: para la anemia.

Hoja de ortiga: desinflama la próstata.

Hojas de sen: para el estreñimiento.

Gavilana: para el hígado graso.

Hombre grande: para la resaca.

Manzanilla: para el estómago.

Ajo: para la presión.

Cola de caballo: para los riñones.

Madero negro: para las pulgas.

Árnica: para torceduras.

Kimberly Herrera

Kimberly Herrera Salazar

Periodista graduada de la Universidad Internacional de las Américas. Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Americana.

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