Celso Borges tiene toda la autoridad para recomendarle a los jóvenes futbolistas qué deberían hacer para desarrollar una exitosa carrera en el futbol europeo. Con apenas 21 años, Borges migró a Noruega para fichar por el Fredrikstad, lo que fue el inicio de un viaje que lo llevó a Suecia para jugar con el AIK, a España para disputar 133 juegos con el Deportivo La Coruña, y a Turquía cerrar con el Goztepe una carrera de 12 años en Europa.
Por eso, en entrevista exclusiva con Revista Dominical, le preguntamos a Borges cuáles son sus consejos para que los jugadores costarricenses logren afianzarse en ligas europeas. El jugador con más partidos en la historia de la “Sele” reconoció que son muchas las distracciones que pueden tener los jóvenes que logran dar el salto a Europa, pero su éxito dependerá de su disciplina y sacrificio.
Le ofrecemos un extracto de la entrevista a Borges, así como la conversación completa en formato videopódcast. Para encontrar las ediciones más recientes de La entrevista del domingo visite nacion.com, el canal de Spotify o el canal de Youtube de La Nación.
— En 2009 usted llegó al Fredrikstad de Noruega con 21 años. Hoy vemos a muchos jóvenes que se van del país y les cuesta la adaptación, muchos se devuelven, en especial cuando van a un país donde no hablan el idioma. ¿Por qué cree que pasa esto? ¿Cuáles previsiones deberían tomarse?
— Creo que hay dos cosas vitales. Yo estoy yendo al país, por lo tanto yo me adapto al país, no al contrario. Hay una parte muy importante de no solo adaptarme al fútbol, sino adaptarme a la cultura, adaptarme a la sociedad, adaptarme al idioma. Son cosas que uno puede hacer para hacer el diario vivir más fácil. No es solo ir y jugar y ya está. No. Uno como persona tiene que sentirse bien y tiene que sentirse hallado.
“A mí me sirvió mucho aprender el idioma, meterme en las costumbres de Noruega, de Suecia, de todos los países en los que estuve. Hacer amigos fuera del fútbol lo saca a uno de la burbuja un poco y lo tiene más en contacto con la gente. Eso lo ayuda a uno a ser mejor persona, pero también en la cancha uno se siente más completo; no es solo ir a entrenar y me voy a jugar Play Station a mi casa.
“Hay más que eso, sobre todo países que tienen tantísima cultura. En los días libres que tenía en Suecia me iba al Museo de Historia Natural, cuando llegaba mi mamá nos íbamos a los museos de historia vikinga... Hay muchas cosas que uno puede sentir que son diferentes, pero que uno puede hacerse sentir como que está en su casa.
“Segundo, hay que jugar. Hay que cuidar el jugar como oro, y con cuidar el jugar me refiero a cuidarse después de los partidos, a cuidarse en los hábitos de dormir, en los hábitos de alimentación... Al final estás cuidando tu puesto.
“Uno jugando tiene valor y todo ese valor va a venir para la selección; solo cosas buenas trae eso. Cuando uno deja de jugar, ahí es donde vienen los problemas con el entrenador, con los compañeros. Uno tiene que cuidarse, porque hay 500.000 personas deseando que uno deje el puesto, por una lesión, por alguna crisis emocional, que también se dan. Son un montón de cosas. Hacer una carrera en el exterior es duro”.

— En el extranjero estuvo en cuatro equipos. ¿Cuál diría usted que fue el mejor momento de su carrera? ¿En el que mejor jugó y mejor se sintió?
— En el que más aprendí fue el primer año en Noruega, porque me fui con toda la ilusión del mundo, había salido campeón aquí, y el equipo se fue a segunda división. Para mí ese segundo año, en segunda división, fue espectacular, porque jugué en segunda de Noruega. El primer año me quise ir, pero me quedé jugando segunda en Noruega y eché para adelante.
“Fue el año en que más me desarrollé como jugador porque me puso un reto enorme. O volvíamos a ascender o se acababa básicamente mi carrera afuera, porque en una segunda de Noruega no había mucho que hacer.
“Ese torneo salí goleador y pudimos ascender, en los dos partidos de ascenso metí cuatro goles. Fue como un ‘okay, sí estoy hecho para estar afuera’.
“Luego los años en Suecia y en España los disfruté una barbaridad. Me agarraron muy bien de madurez, en el periodo de la selección, de todo. Y me divertí muchísimo. Se me notaba en la cancha”.

— ¿Cuál dirías que fue el mejor jugador con el que usted pudo jugar y entrenar en su propio equipo?
— Sí, tuve mucha suerte. Coincidí con esta etapa del 2014 de la generación de nosotros, que la verdad eran unos jugadorazos.
“No puedo hacer de menos a los (demás con) que jugué en mis equipos, pero sinceramente la sinergia que había entre todos, entre ese grupo de jugadores, todos eran de un valor altísimo. Tanto así que después del Mundial, 18 de los 23 cambian de equipo.
“Creo que ha sido la generación de jugadores más talentosa con la que he tenido la oportunidad de jugar. No quiero menospreciar a nadie, pero evidentemente entre nosotros había algo especial”.

— ¿Podría darnos un ejemplo en que la disciplina fue crucial para su carrera?
— Viví solo desde los 21 años, si no pongo la disciplina de mi carrera desde el comienzo, me pierdo en todas las distracciones.
“El jugar y el que vaya bien es mucho más peligroso que cuando va mal, porque trae muchas cosas adyacentes, se te acerca más gente, muchas invitaciones a un montón de cosas, ya uno no quiere priorizar el descanso o la alimentación. No es que yo fuera un santo, pero escogí bien los momentos en que podía hacer esas cosas.
“Nadie le va a decir nada, si usted vive solo y sale de fiesta o come mal nadie le va a decir nada, pero después uno comienza a no jugar y dicen ‘la culpa es del entrenador, la culpa es del compañero’. No no, la culpa es suya”.

