
Alinearse con las prioridades de Costa Rica, escuchar las críticas y construir puentes con sectores que desconfían de Naciones Unidas. Esa es, según Pablo Salazar Canelos, la estrategia que debe seguir la organización en el país.
El nuevo coordinador residente de la ONU en Costa Rica, llegado apenas hace un par de meses, habló con Revista Dominical el pasado 20 de mayo sobre los desafíos que enfrenta el organismo para relacionarse con sectores políticos y ciudadanos que observan con recelo algunas de sus propuestas.
Uno de los temas abordados durante la conversación fue la Agenda 2030. Sobre ese punto, Salazar insistió en que se trata de compromisos aprobados por los propios Estados miembros y no de una iniciativa impuesta por la organización.
“La Agenda 2030 no es una agenda de Naciones Unidas, es una agenda que fue aprobada por los Estados”, aseguró.
El diplomático explicó que los Objetivos de Desarrollo Sostenible surgieron de acuerdos alcanzados entre los gobiernos para establecer metas comunes en áreas como pobreza, educación, ambiente, salud e igualdad de oportunidades.
“Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son un conjunto de mediciones de temas que los Estados se pusieron de acuerdo”, indicó.
“Costa Rica, con otros 192 Estados miembros, definieron este conjunto de acciones mínimas que quisieran enfrentar de aquí en adelante”.

Salazar también destacó que nuestro país continúa siendo un actor reconocido dentro de los espacios multilaterales, especialmente en temas relacionados con derechos humanos, desarrollo sostenible y protección de los océanos.
“Costa Rica sigue siendo una nación relevante y referente en el entorno internacional para apoyar las agendas de derechos humanos y de desarrollo”, afirmó.
Consultado sobre la relación con sectores que mantienen diferencias con Naciones Unidas, Salazar aseguró que el organismo debe estar dispuesto a escuchar críticas y participar en conversaciones con quienes no comparten sus posiciones.
“Nos toca sentarnos con sectores que no están de acuerdo con nosotros para poder discutir dónde no estamos de acuerdo”, manifestó.
Según explicó, algunas discrepancias pueden surgir por desinformaciones e interpretaciones distintas de ciertos conceptos, mientras que otras responden a diferencias más profundas sobre el rumbo que deberían seguir las políticas públicas.
“En la mayoría de casos son temas que se pueden aclarar”, sostuvo.
El coordinador residente afirmó que Naciones Unidas debe mantenerse abierta a esos intercambios y evitar que el debate quede reducido a etiquetas o descalificaciones.
“Yo siempre creo que hay más oportunidades, pero también quedarnos en las etiquetas probablemente no es la mejor forma de generar ese diálogo constructivo”, explicó.
Destaca asistencia técnica

Durante la entrevista, Salazar insistió en que la principal tarea de Naciones Unidas es trabajar sobre las prioridades que establezca el propio país.
“La estrategia principal tiene que ser la que siempre ha sido la estrategia de la ONU y que es plenamente pertinente. Nuestra acción tiene que estar alineada con el Plan Nacional de Desarrollo”, afirmó.
Según explicó, el organismo mantiene conversaciones constantes con las instituciones costarricenses para identificar cuáles son las prioridades nacionales y enfocar su cooperación en esas áreas.
“Nosotros como sistema de Naciones Unidas podemos tener mil buenas ideas, pero necesitamos saber cuáles son las prioridades del país para saber qué vamos a apoyar”, señaló.
Para Salazar, la discusión no debe centrarse en cuáles son las prioridades de Naciones Unidas, sino en cuáles son las prioridades de Costa Rica y cómo el sistema internacional puede contribuir a alcanzarlas.
Como ejemplo, mencionó los desafíos relacionados con la transición energética. Según indicó, si el país aspira a convertirse en un centro regional para industrias tecnológicas vinculadas con la inteligencia artificial y los servicios digitales, necesitará aumentar significativamente su capacidad de generación eléctrica.
“Tenemos que enfocarnos en producir más energías limpias, eso es lo que el país requiere”, comentó.
También planteó otras alternativas de desarrollo vinculadas con la reducción de emisiones, como el aprovechamiento de biocombustibles o la captura de metano proveniente de rellenos sanitarios para utilizarlo como fuente energética.
A su juicio, el papel de Naciones Unidas consiste en aportar conocimiento técnico y experiencias exitosas desarrolladas en otros países para apoyar las metas que defina cada gobierno.
En ese sentido, mencionó el caso de Uruguay, donde se encuentra en marcha un proyecto de hidrógeno verde respaldado por financiamiento privado y asistencia técnica internacional
“¿Cuál es el tipo de expertise que el Estado podría estar requiriendo? ¿Dónde podemos ser relevantes? ¿Qué prácticas han funcionado? Nosotros estamos para ayudar en eso”, planteó.
