
La comunidad de Dbön Orcü, en Térraba de Buenos Aires, vio nacer a Filomena Navas Salazar el 5 de julio de 1926. Crecería en el seno del pueblo bröran, para cien años después convertirse en la primera mujer indígena Benemérita de la Patria.
Hija de Eloizo Navas Reyes y Lucrecia Salazar Morales, el legado de Filomena Navas se sostiene, en el plano material, en el establecimiento de salud y acueducto de su pueblo; inmaterialmente, en la lucha por la protección de los derechos indígenas y femeninos.
A sus 20 años se casaría y tendría nueve hijos: tres hombres y seis mujeres, quienes seguirían sus pasos como lideresas comunales. Al mismo tiempo, trabajó activamente en espacios comunales como la Junta de Educación, el Consejo Pastoral y el Comité de Salud de la zona sur.
En Veragua defendió las tierras de su familia y su conexión con los ciclos agrícolas, al tiempo que se opuso a la deforestación que amenazaba con alterar los caminos que recorría para llevar medicinas naturales a quienes las necesitaban. En esas mismas rutas portaba consigo el saber ancestral, hablando y enseñando la lengua indígena bröran.
Legado de Filomena Navas
En la publicación Soy indígena en Costa Rica y esta es mi historia (2022, Naciones Unidas), la hija de Filomena Navas Salazar, Elides Rivera, atribuye su participación en luchas modernas al legado de su madre (y su padre, Elogio Rivera Guillén).
“Ella fue una mujer que le tocó defender su tierra y cultivos de los invasores madereros. Esta defensa de ella siempre la tengo en la memoria y esto me da fuerza para seguir defendiendo nuestros derechos. A la memoria de mi madre que luchó en la década de los 70 por su vida y la nuestra”, manifiesta.

Quienes la conocieron por aquella época en que Costa Rica fundaba la Segunda República daban fe de que Filomena Navas era una de las mejores hiladoras de la región, especializada en el uso de tintes naturales.
Fue en un contexto de fuertes resistencias hacia la participación femenina en la política, y a raíz de las elecciones presidenciales de 1953, que Filomena se convirtió en la primera mujer indígena en acudir a un centro de votación y ejercer el derecho al voto.
No fue un acto aislado, pues seguiría combatiendo la discriminación de género. Promovió el fortalecimiento de la democracia, la equidad y la justicia social desde el anonimato, hasta que la Asamblea Legislativa declaró su benemeritazgo este 25 de marzo.
A lo largo de su vida, y aun después de su fallecimiento el 7 de junio de 2006, su figura se asocia con la promoción del bienestar colectivo, la defensa de los derechos de las mujeres y de los pueblos indígenas, la protección del ambiente, el acceso a la educación para las personas jóvenes y la preservación del conocimiento ancestral.
Ya lo dice el proyecto legislativo 25.197, impulsado por la diputada Luz Mary Alpizar: “Su vida es testimonio de cómo las mujeres sostienen, organizan y transforman sus comunidades desde la base, con una entrega que rara vez recibe reconocimiento institucional”.
“A través de su figura y legado, se honra a todas las mujeres de las zonas rurales e indígenas que han sido pilares en la construcción de nuestras comunidades, aportando con esfuerzo, sabiduría y compromiso al fortalecimiento de la nación”, continúa el texto.
Para muchas mujeres de la comunidad, el legado de Filomena Navas permanece en la inspiración de luchas por territorio y por acceso a servicios esenciales que continúan en territorios indígenas.
“Mi madre fue una mujer trabajadora, valiente, decidida, sin temor, una dirigente comunal indomable. Siempre estaba al servicio de la comunidad en comités de salud, educación, etc. Se enfrentó a grandes retos y desafíos como fue defender la tierra”, recuerda Elides Rivera, su hija.
Este miércoles también fueron declaradas Beneméritas de la Patria Francisca “Pancha” Carrasco, por su multifacética contribución durante la campaña nacional de 1856-1857, y Graciela Moreno, quien impulsó la profesionalización del trabajo artístico desde su gestión institucional en el Teatro Nacional de Costa Rica.

