La pregunta parecía sencilla. El pasado 7 de mayo, durante una actividad para conmemorar el calypso en la escuela La Excelencia de Cahuita, la lideresa comunal Andrya Plant quiso hacer un pequeño experimento. Miró a las personas reunidas y preguntó cuántas hablaban kryol limonense. Después pidió que levantaran la mano. Solo dos personas lo hicieron.
La escena podría servir como una fotografía del futuro que preocupa a lingüistas y líderes de las comunidades afrodescendientes: una lengua que durante generaciones se escuchó en las casas, en las calles y en la vida cotidiana del Caribe costarricense comienza a perder espacio entre sus propios herederos, especialmente los más jóvenes.
Según el trabajo de campo que ha hecho por 16 años René Zúñiga, coordinador del Programa de Lingüística Centroamericana de la Universidad Nacional (junto con el académico Jorge Lemos Sandoval), la conclusión es contundente: si no se toman medidas para revertir la tendencia, el kryol podría desaparecer en apenas tres generaciones. Pero la historia podría ser distinta.
Mientras los estudios describen una lengua en retroceso, quienes llevan más tiempo trabajando en ella aseguran que nunca antes había existido tanto movimiento para evitar su desaparición.
Hay un diccionario construido junto con la comunidad, libros, traducciones, investigaciones universitarias, proyectos de ley, una fecha nacional de celebración, talleres en escuelas y colegios, una campaña audiovisual, un documental y una nueva generación de artistas que ha comenzado a llevar el idioma a la música contemporánea.
“Todos los estudios dicen que va para abajo”, reconoce Zúñiga. “Pero una cosa es describir lo que está pasando y otra es hacer algo para cambiarlo”.
El esfuerzo ocurre justamente cuando el país empieza a mirar con mayor atención una lengua que durante mucho tiempo permaneció en segundo plano. El Ministerio de Cultura y Juventud anunció el 30 de agosto que destinará ¢30 millones a un plan de salvaguardia del kryol limonense. La noticia ha sido bien recibida por quienes tratan de aportar a la causa, pero, ¿qué se necesita?
Algunas palabras en criollo limonense:
Yel: Bebida de jengibre, limón y dulce de tapa conocida popularmente como agua de sapo
Fraykyek: pan frito tradicional de la gastronomía afrocostarricense
Kalalu: vegetal de hoja verde con la que se prepara un guiso
Jinja biskit: galleta de jengibre tradicional
Pikni: Niño o niña
Wolaba: Puerto Viejo
Flenke flenke: débil
Star apl: caimito
Dopi: fantasma
Cho: expresión de asombro o enojo
Uno: ustedes
No es inglés mal hablado

Uno de los primeros obstáculos para preservar el kryol es desmontar una idea que ha acompañado a sus hablantes durante décadas: que se trata simplemente de un inglés incorrecto.
“No es un dialecto del inglés, no es una variedad mal hablada del inglés. No es broken English ni flat English”, dice René Zúñiga.
El lingüista insiste en que el criollo limonense es una lengua en todo su derecho y que su historia de formación es completamente distinta a la de una simple variante del inglés.
Su origen se encuentra en uno de los procesos más violentos de la historia del Caribe: la esclavitud. En Jamaica, personas procedentes de diferentes pueblos y lenguas de África occidental fueron mezcladas deliberadamente, entre otras razones, para dificultar su comunicación. En medio de esa diversidad lingüística, la lengua del esclavista se convirtió en el principal elemento común. Pero el resultado no fue que las personas africanas comenzaran simplemente a hablar inglés.
“Lo que ocurre es un contacto entre una lengua dominante y lenguas dominadas”, explica Zúñiga. “Las personas necesitaban comunicarse entre ellas y tomaron gran parte del vocabulario de la lengua del esclavista, pero la estructura de la nueva lengua se construyó desde las lenguas de África occidental”.

La mayoría de las palabras del kryol procede del inglés. Sin embargo, su ritmo, su entonación, su fonética, su fonología, su morfología y buena parte de su sintaxis tienen raíces africanas.
Zúñiga utiliza una comparación sencilla: “Si usted mezcla amarillo y azul, no obtiene amarillo ni azul. Obtiene verde”.
El kryol que hoy se habla en Costa Rica llegó desde el Caribe anglófono. Para cuando los trabajadores antillanos comenzaron a arribar al país en el siglo XIX, las comunidades de Jamaica y Barbados ya eran hablantes de lenguas criollas.
En 1872 comenzaron a llegar al Caribe costarricense trabajadores vinculados con la construcción del ferrocarril.
Con el pasar de los años, la población afrocaribeña desarrolló también su propio sistema educativo. Muchas personas crecieron en un ambiente bilingüe: aprendían inglés en la escuela y hablaban kryol en sus espacios cotidianos.
Pero en 1949, cuando la ciudadanía costarricense fue reconocida plenamente para las personas de Limón, el sistema educativo nacional, impartido en español, comenzó a extenderse con mayor fuerza en Limón.
“Antes del español, el kryol ya había sido relegado a un segundo plano”, explica Zúñiga. “Pero después el español se impuso como la lengua de prestigio y mucha gente comenzó a pensar que el criollo era una pachucada, un idioma machucado”.
El prejuicio no era nuevo. Desde el Valle Central, durante décadas, el kryol fue mal llamado patois o patuá, como en el Caribe francófono, y presentado como una forma incorrecta de hablar inglés.
Según explica el historiador afrodescendiente Axel Alvarado, profesor de la Sede del Caribe de la Universidad de Costa Rica, la relación demográfica en la provincia es cercana a tres personas mestizas por cada persona afrodescendiente.

Además, aunque en Costa Rica se calcula una población afrodescendiente cercana a las 300.000 personas, eso no significa que todas hablen kryol. Las estimaciones disponibles de Alvarado y Zúñiga calculan entre 55.000 y 60.000 hablantes de criollo limonense (aunque ambos claman por hacer un censo oficial).
Eso convierte al kryol en la lengua minorizada con mayor número de hablantes del país. René Zúñiga señala que, incluso sumando las distintas lenguas indígenas costarricenses, el número de hablantes no alcanzaría las cifras estimadas para el criollo limonense.
La paradoja es que las lenguas indígenas sí aparecen reconocidas en la Constitución Política, mientras que el kryol permanece fuera de ese marco.
“El artículo 76 establece el español como idioma oficial de la República y señala la obligación del Estado de velar por la conservación y cultivo de las lenguas indígenas nacionales. Es importante que ahí también se reconozca al kryol”, asegura Alvarado.
Desde quince años años, Zúñiga y el investigador y activista Teodoro Symes han impulsado proyectos legislativos para hacer una reforma (actualmente hay uno en trámite legislativo, n.º 23.998, el cuarto intento).
Pero también ha habido logros: entre sus principales aportes están la elaboración, junto con Gloria Thompson Davies, del primer alfabeto del criollo limonense, construido mediante consultas y talleres con la comunidad y publicado en 2018 y en su tercera reimpresión, Mek wi rayt wi langwich: Limon kryol alfabet. Alfabeto ilustrado del criollo limonense (Editorial de la Universidad Nacional).
Asimismo, se encuentran la traducción de El principito al kryol, junto con Kheomara Cunningham Parkins, con una edición de 1.000 ejemplares distribuidos gratuitamente entre niños de Limón; el impulso de cinco iniciativas legislativas para procurar el reconocimiento del criollo limonense dentro de la política lingüística nacional; la participación en la creación del Día de la Celebración del Kryol Limonense, cada 30 de agosto; investigaciones sobre la vitalidad y el estado actual de la lengua; y la promoción de proyectos de revitalización que incluyen talleres en centros educativos, campañas culturales y una futura “casa cuna” que se está trabajando desde la sede de la UNA en Sarapiquí para el criollo limonense, pero su ejecución será plenamente en Limón.

“Al principio fue complicado porque yo no soy afro y no pertenezco a la comunidad”, reconoce. “Pero se empieza de a poquitos. Toda lucha vale la pena y estamos viendo los resultados”.
Zúñiga también aplaude que personas como Kheomara Cunningham Parkins se preparen para convertirse en una de las primeras traductoras profesionales especializadas en kryol limonense. Otro caso es Kendall Cayasso, quien ha realizado traducciones para el Poder Judicial y desarrolla cursos relacionados con la lengua.
La producción escrita, sin embargo, tiene antecedentes. Zúñiga destaca el trabajo pionero de Dolores Joseph, quien desde la década de 1980 escribió relatos sobre la historia de Limón y marcó una diferencia explícita entre el inglés y el criollo limonense.
También está la obra de Quince Duncan (primer escritor afrodescendiente que es miembro numerario de la Academia Costarricense de la Lengua), cuya producción literaria ha contribuido a colocar la experiencia afrodescendiente costarricense en el centro de la literatura nacional.
En 2025 presentó Dem tel mi se, primer libro disponible en criollo limonense, español e inglés; y en 2026 publicó Afrocostarricenses: Historia y cultura revelada, dedicado a la historia, cultura y aportes de la población afro al país.

Además, está la música. Artistas como Curly Angel, Letty Lionness y Fay Rise están entre las artistas que han incorporado el idioma al dancehall. Hay músicos vinculados con el calypso y otras expresiones tradicionales, como Mike Joseph and the Good Friends, Shel Dixon, Stephie Davis y Danny Williams.
“Que el kryol suene en la música de las discotecas, eso me motiva mucho”, dice Zúñiga. “La rueda gira hacia adelante”.
José Fernando Madrigal, director de Patrimonio Cultural, explica que la institución está trazando el plan de salvaguarda del criollo, el cual incluye investigación, un mapeo de los lugares donde todavía se utiliza la lengua y la identificación de prácticas que favorecen su transmisión, como las casas cuna, donde pequeños entran en contacto con el kryol para tener un sentido de pertenencia.
También se trabaja con universidades, asociaciones y “portadores de tradición”, lo que está permitiendo productos como el documental LIMÓN KRYOL: Langwiij, Memri an Aydentiti 2026, dirigido por Stephie Davis.
El proceso contempla cuatro etapas: investigación, definición de acciones, creación de indicadores y documentación. Este último paso permitirá avanzar hacia un eventual reconocimiento del kryol como patrimonio cultural inmaterial de Costa Rica y, posteriormente, valorar una candidatura ante la Unesco. “Todo se hará en trabajo con la comunidad; en tema de patriminio inmaterial se trata de reivindicar a los conocedores de la manifestación y tradición”, explica.
La pregunta sigue

Andrya Plant, lideresa comunal de Cahuita, habla sobre los “granitos de arena” para esta lucha.
De su inquietud nació la idea crear, junto con la vicepresidenta de la Cámara de Comercio de Cahuita Valerie Rose, una futura escuela de criollo limonense en la Casa de la Cultura de Cahuita. El proyecto todavía está en construcción. Primero habrá actividades de sensibilización y un taller de concientización previsto para el 12 de octubre. Después vendrá el reto de conseguir recursos, definir horarios y construir una metodología.
Para Plant, sin embargo, no se trata únicamente de abrir un aula.
“La idea es seguir promoviendo e informando, contando las cosas como son y saber que, al igual que tenemos lenguas de pueblos originarios, también está lo afro, que nos deja un legado”, explica. “Es un trabajo de hormiguita que va a surtir efecto”.
Desde la academia, Axel Alvarado, profesor afrodescendiente de Historia de la Sede del Caribe de la Universidad de Costa Rica, observa el mismo problema, aunque es optimista.
“Realmente se ha estado perdiendo el habla del kryol porque las nuevas generaciones de los afrodescendientes no lo quieren hablar. Yo lo veo a diario”, afirma. “Pero hay un fenómeno interesante: los pañaman, como nos dicen a los mestizos, algunos pañaman hablan kryol y hasta chinos hablan. Les interesa”, relata.
La Sede del Caribe de la UCR desarrolla un proyecto de acción social para el rescate y fortalecimiento del criollo limonense y ha llevado actividades a escuelas, colegios y otros espacios educativos. Incluso han realizado actividades fuera de Limón.
“La pérdida de un idioma es la pérdida de las raíces de un pueblo, es la pérdida de su historia, de su cultura. Al perderse un idioma se pierde su identidad, se pierde su pasado, se corta su herencia generacional y eso es lo peor que puede pasar”, afirma.
Hace 15 años, recuerdan Alvarado y Zúñiga, era difícil encontrar espacios donde se hablara públicamente del futuro del idioma. “Si usted ve de dónde empezamos, era impensable ver lo que está pasando ahora. Imagínese que en una semana he recibido 8 llamadas para hablar de este tema”, resume Zúñiga.
“Verdaderamente deberíamos emocionarnos“, acota Alvarado. ”Este es el momento que podría definir todo. No se resolverá de la noche a la mañana, pero estamos a tiempo”.
