
Como lideresa comunal y activista, Elides Rivera divide sus días entre el cuidado de su familia y la defensa cultural de Térraba, en Buenos Aires de Puntarenas. “La edad no llega sola, a veces llega con dolencias”, dice mientras repasa las décadas que ha dedicado a la preservación ancestral bröran, el saneamiento de las tierras y la búsqueda de una mayor representación política para los pueblos indígenas.
La mirada pública suele posarse sobre su comunidad solo ante los episodios de violencia, que califica de “riesgo inminente” para las mujeres, pero eso no la detiene de defender su idioma, sus tierras, sus recetas y su identidad. No siempre ha encontrado recompensa, pero resiste aferrada a las enseñanzas y legado de su madre, Filomena Navas, declarada hace casi dos meses como la primera mujer indígena benemérita de la patria.
Esa misma convicción la transmite a las nuevas generaciones, tal como lo hizo con su sobrino Jehry Rivera, dirigente indígena asesinado en 2020 y convertido desde entonces en símbolo de resistencia. “El Estado nos manda un mensaje: silencio o se mueren”, asegura sobre los crímenes cometidos en territorios indígenas por los cuales todavía exige justicia.
―¿Cómo recibió el benemeritazgo de doña Filomena Navas y qué representa para Térraba?
―Recibí este honor muy feliz, muy contenta, realmente satisfecha. Como hija se siente no solamente una felicidad, sino también un compromiso. Esto marca una huella, definitivamente, que para nosotros significa la inmortalización de la memoria de doña Filomena Navas. Ahora está de una manera mucho más amplia, no solamente abrazándonos a nosotros como hijos o hijas, sino a esos nietos que también miran ese legado. Es como la raíz de nuestro pueblo.
“Yo creo que para Térraba es una oportunidad bellísima, porque por un lado somos uno de los pueblos más pequeños tanto en territorio como en personas, y por otro lado nos ha tocado muchas luchas bastante fuertes.
“A veces uno también de esto se cansa porque es como denigratorio el luchar por los derechos (...). Pero la memoria (de Filomena), su trabajo, sus acciones, su esfuerzo y todo lo que hizo en bien de las mujeres indígenas, de los territorios indígenas, es como ponerle un sello a lo que hemos hecho. Vale la pena seguir defendiendo nuestra identidad cultural”.
―Un reconocimiento como el benemeritazgo de doña Filomena, que es histórico, debería de venir acompañado de políticas públicas que reconozcan y preserven los derechos indígenas...
―Para mí eso debe de ser así, acompañado de políticas públicas y también de un trabajo de dirigencia, porque si nosotros esperamos que el Estado haga las cosas, el Estado va a seguir haciendo lo que le parece.
“Esto nos permite a nosotros hacer mucha más incidencia a nivel de instituciones, a nivel de gobierno, a nivel de Estado (...). Creo que de ahí también entra el trabajo que Mano de Tigre viene haciendo, que es una organización para mujeres indígenas.
“Necesitamos que las mujeres estén informadas, conscientes y atentas a poder hacer esos tejidos políticos, para que realmente podamos avanzar en esta agenda que tiene que permanecer y seguir avanzando. Estamos en un tiempo oportuno para ver qué posibilidades hay nuevamente de incidir. Necesitamos construir para el bien común de nuestros pueblos”.

―Una cosa es ser mujer y otra muy distinta es ser mujer indígena. Usted hablaba en el libro Soy mujer en Costa Rica del tipo de violencia y agresiones que viven constantemente y que suelen pasar invisibilizadas. ¿Cómo lo atraviesan en el territorio?
―No es fácil. Yo he dicho siempre, y de esto no me escondo, que vivimos en un territorio que está regulado por la ley indígena y resulta que tampoco aquí podemos decir que nosotras estamos libres. Estamos siempre en una condición de vulnerabilidad, de riesgo inminente porque hay muchos intereses dentro de nuestros territorios que atentan contra la vida de las defensoras ambientales y territoriales. Es toda una línea que nos separa de ser personas con accesos como otras mujeres.
“Además nos marca también el tema de la economía. Podemos decir ‘bueno, vamos a ir a hablar con esta nueva Asamblea Legislativa a San José’ pero el recurso a veces no lo tenemos, y si lo tenemos tal vez será para un solo día.
“La violencia también es estructural. A veces encontramos funcionarios dispuestos a escucharnos, a acompañarnos, a buscar esa conexión, pero muchas veces encontramos funcionarios que sencillamente no nos escuchan. Nos pueden oír, pero no nos están escuchando.
“No estamos en el área metropolitana, estamos en los territorios haciendo el día a día. El activismo normalmente viene acompañado de tiempo ad honorem. Nunca es un tiempo que alguien reconoce. Lo damos de corazón porque sentimos la necesidad de defendernos, porque si no lo hacemos nuestro territorio se pierde, la identidad se pierde.
“Tenemos que trabajar para alimentarnos, para los gastos familiares, la educación, la salud de nuestros hijos, el tiempo comunitario y el tiempo político de incidencia. Cuestiones que vienen acompañadas a veces de mucho cansancio porque hacemos luchas y de pronto vemos que no fructifica.
“Solo los que estamos en este proceso entendemos lo que es esto. A veces coincidimos con algunas oportunidades, con propuestas, con políticas, con el Estado, pero a veces no“.

―La figura de su madre suele asociarse con la defensa de los derechos de las mujeres, la educación, el ambiente y los saberes ancestrales. ¿De qué manera se mantiene vivo su legado en las nuevas generaciones indígenas? ¿Están interesados los jóvenes en la preservación de la identidad indígena?
―Por dicha hay ejemplos positivos y tenemos esperanza, pero la esperanza es seguir en la lucha. Cuando los grupos de jóvenes se organizan para mantener la identidad, la cultura, entran en esta línea donde nosotros estamos: cuesta encontrar trabajo, aunque sean profesionales; cuesta que tengan oportunidades de desarrollo, de proyectos productivos en el territorio; cuesta más tener dignidad dentro del territorio.
Para los que no defienden el derecho, no es que tienen más dignidad, no. Pasan a ser peones de mano de obra barata, sin estudios y muchos presa de la drogadicción. Entonces, ¿qué pasa cuando yo no me acepto de un pueblo? Tengo una gran carencia emocional, espiritual y de identidad. Todo esto hace que una persona sea vulnerable a cualquier situación. Eso es lo que pasa acá.
“Yo sí creo que siguen muchos muchachos avanzando y trabajando en la identidad. Nosotros trabajamos, desde la organización, en revitalizar la identidad cultural a través de prácticas culturales de la alimentación, la gastronomía, la producción cultural con nuestros trajes tradicionales, las danzas tradicionales, el hilado, las plantas medicinales.
“Es un trabajo grande. La defensa del territorio es la defensa de la vida, la identidad de un pueblo”.

―¿La preservación del idioma indígena es algo que está en riesgo?
―Las lenguas indígenas son las primeras afectadas porque es nuestra manera comunicarnos de una manera o con un código distinto.
“Por dicha tenemos acá una matriz, que tal vez no sea la perfecta, pero tenemos una matriz como pueblo, porque también somos originarios del pueblo Nasondi de Panamá y ahí todavía se mantiene el idioma en un 80%. Entonces de ahi se ha ido copilando mucho trabajo, mucho lenguaje.
“Ahora vemos jóvenes profesionales interesados en hacer la investigación del mismo idioma, en hacer los libros, en traducir, en aprender. Hay una esperanza de que nuestro idioma no se va a perder. Estamos en esa lucha”.
―Ha ocurrido en otros paises que los pueblos indígenas terminan forzados a practicar sus tradiciones solo para el turismo. ¿Eso está pasando o podría llegar a pasar en Costa Rica?
―Yo tengo miedo de eso, porque el hecho de que nosotros seamos pueblos indígenas es que tenemos nuestros recursos propios, nuestra identidad, nuestra cultura, el bosque, la naturaleza para hacer el turismo. Pero sí me preocupa que se reconstruya para el negocio. Podemos exhibirla en momentos no de turismo, sino en las actividades pertinentes de la comunidad.
“El turista puede venir o llegar en fechas que se hacen algunas actividades, pero no porque el turista venga tenemos que hacer la danza del toro todos los días; para eso hay una fecha entera. Tampoco la promocionamos para que venga el turismo porque consideramos que la cultura se mantiene con identidad, con el día a día, con el trabajo, con el esfuerzo, con otras cosas, no exactamente por negocio o por la necesidad misma.
“No podemos pensar en que el territorio es para comercializarlo, comercializar el bosque, la tierra, nuestra cultura, el agua porque lo ocupamos para vivir. Si nosotros nos quedamos sin esto, no tendremos nada para vivir”.
―¿Cuáles son las problemáticas o las amenazas que enfrentan hoy las comunidades indígenas y que no son tan visibles en las discusiones públicas?
La invasión de no indígenas dentro de los territorios a través de la ganadería, monocultivos, las compañías transnacionales en el cantón de Buenos Aires. Es un tema bastante problemático y profundo que nadie está hablando, que nadie quiere ver y que el Estado no le presta atención.
―Del lado de la invasión también está todo el tema de la recuperación de las tierras, que lamentablemente ha dado pie a agresiones...
Los territorios están tomados de ganaderos, están en manos de no indígenas y los indígenas cada día están más estrujados. Se hacen las recuperaciones de tierra porque el Estado, además, tiene un deber de más de 50 años a partir de que se crea la ley que los territorios deben de ser devueltos a sus comunidades libre de gravámenes, pero hoy tenemos la problemática ni siquiera doble, la tenemos quintuplicada.
“(El Estado) le da el mandato a una asociación de desarrollo que lo hace es comercializar los derechos territoriales con los no indígenas y ahí entonces vamos creando ese conflicto mucho más profundo (...). Eso viene también con amenazas; por ejemplo, si no te afiliás no tenés voz y voto. Siempre hay una amenaza desde el Estado de imposición.
“El Estado nos ha colonizado a nosotros los pueblos indígenas. Muchas veces hay dirigentes que dicen ‘No, es que es la mejor forma’, pero es porque están dentro de esas estructuras, no porque realmente tengan una visión desde afuera”.
―Estas amenazas muchas veces se materializan en agresiones o crímenes, como ocurrió con su sobrino Jehry o Sergio Rojas. ¿Qué refleja ese nivel de impunidad?
―Lo que refleja es sencillo, yo creo que la impunidad no viene solo, sino es un mensaje que nos manda el Estado: ‘silencio o se mueren’. No hay que ser muy filósofo para uno hablar o dar un contexto de de la situación.
“No solamente lo de Jehry (Rivera), lo de Sergio (Rojas) ni siquiera lo investigaron. Lo de Jehry dice que lo investigaron, pero en el segundo juicio lo dejan libre y el sujeto anda aquí en el territorio.
“Es el mensaje claro del asesino, de un Estado asesino que nosotros no podemos esconder. Y yo creo que esas cosas pues no tienen otro nombre.
“A veces el ser muy light tampoco nos lleva a ningún espacio, porque igual seguimos siendo vulnerables, igual seguimos siendo los que nos señalan. Para mí lo peor, que siempre he dicho, es que entre hablar y estar callada, para mí lo peor es estar callada. Yo mejor hablo porque no voy a agachar ni mi mirada, ni mi cabeza. Y si ese es mi pecado, pues creo que mis dioses me llevarán de la mano con ellos“.

―¿Qué valoración hace de estos últimos cuatro años de gobierno? ¿Tuvieron experiencias positivas, negativas?
―El Estado ha sido totalmente ausente en el territorio de Terraba. Ausente a favor de los pueblos indígenas, pero no ha sido tan ausente para apoyar políticas que vienen en contra de los derechos indígenas.
“Yo no le puedo decir que en Térraba tuvimos una experiencia positiva. Creo que lo que nosotros como territorios hemos obtenido ha sido a través de la lucha. ¿Pero en estos cuatro años qué encontramos? Un fortalecimiento de los asesinos acá en el cantón de Buenos Aires.
“Una de las personas que más promovió en contra de los derechos indígenas, hoy es diputado. Y llevar dos diputados de este mismo partido del cantón de Buenos Aires, usted puede ver ahí que no solamente es que se ausentaron de los derechos indígenas, sino que sencillamente ellos se unieron para fortalecer esta coyuntura derechista en contra de los territorios indígenas”.
―¿A cuál diputado se refiere?
―Ariel Mora (de Pueblo Soberano).
―¿Qué espera del próximo gobierno de Laura Fernández?
―¿Qué puedo decir? Creo que los pueblos indígenas hemos resistido 500 años, casi 600 ya, y sé que vamos a resistir, tenemos que crear nuestra propia estrategia de vida. Pero nos esperan tiempos duros.
―¿Cuáles son las prioridades de los pueblos indígenas que el gobierno debe atender urgentemente?
―Para mí el tema es sencillo: el saneamiento territorial. Para mí también sigue siendo fundamental el área de salud, educación y el tema de la niñez.

―Hasta la legislación pasada una mujer con descendencia indígena, Sonia Rojas, llegó a la Asamblea Legislativa. Pero, ¿considera que existe una representación adecuada de los pueblos indígenas a nivel político?
―Ella se denominaba representante del sector indígena. Para mí es una muchacha que ni siquiera conozco, hasta el día de hoy. Es del cantón de Buenos Aires y no la conozco. Nunca la vi dentro de una trayectoria de lucha indígena, de defensa. Tampoco a su familia. Entonces para mí eso no es tan relevante.
“Una participación política de los pueblos indígenas tiene que ser ajustada desde el derecho internacional y ese derecho internacional nos lo tienen que dar no por cuota, sino por espacio de pueblos indígenas. Somos un 2% y estamos en casi todas las provincias.
(...). Las políticas de cómo nosotras debemos de tener un espacio en el Estado también se deben de construir. En el derecho a la salud, derecho a la tierra, derecho a la economía, derecho laboral, derecho a ser madres, incluso.
―¿Cómo debería repensarse esa representación? ¿Quizás una cuota mínima de diputados indígenas en el Congreso?
―Los partidos políticos tienen que repensar esto muy bien. Así como han llegado otros sectores a la Asamblea Legislativa, pensar en que los partidos políticos tienen que darle espacio y no solamente a uno, ojalá que cuando lleguen personas indígenas sean de Puntarenas, Limón, Guatuso...
“Aquí en el sur más bien deberíamos de ser dos (diputados) porque estamos la mayor parte de territorios acá“.
Lamentablemente los pueblos indígenas cargan con cuotas altas de discriminación. ¿Cuáles son algunas de esas ideas erradas que tienen las personas no indígenas?
Que somos personas que no trabajamos, que somos vagos o que nos gusta que nos regalen todo. Esas cosas, para mí, siempre han sido bastante ofensivas de mucha población costarricense.
La comunidad realizará un festival bröran en honor a Filomena Navas el 24 y 25 de julio en Térraba.

