
Si a usted le dijeran que el Imperio Romano, aquel puntal de la política y la cultura occidental, dejó su huella en Heredia, ¿cómo se lo imaginaría? Quizás en anfiteatros o cimientos de piedra... porque la realidad no está tan lejos.
Centenares de heredianos transitamos por aquellas calles con mala fama de congestionamiento vial, sin conocer que a sus pies resisten unas piedras que, inspiradas en la herencia romana, corren el riesgo de ser demolidas para dar lugar a nuevos carriles.
Hablo del puente sobre el río Pirro en Heredia y su semejante sobre el río Tures, en Santo Domingo, cuyos arcos de piedra están envueltos en litigios que podrían sentenciarlos a un futuro demolido.
Es natural que ambas piezas centenarias hayan dividido a sus comunidades: algunos buscan manejar sin abusar de los frenos del carro y otros añoran preservar la Heredia en la que las carretas traían piezas para levantar parroquias.
Siglos atrás fueron protagonistas de la prosperidad económica de la producción cafetalera en Costa Rica. No importaba que fueran angostos, porque cumplieron con su cometido de servir, como obra pública, a un fin económico.
Ahora es evidente que no dan abasto, más en cantones con alta intensidad de presas: en el último Índice de Competitividad Nacional (ICN) que estudia la fluidez vial, Santo Domingo obtuvo un 8 de 100 y Heredia un 12. Tampoco se benefician de que, al nivel de la calle, sus arcos no se ven.
Ante el auge de obras como pasos a desnivel y viaductos iluminados que ya los superaron en su propósito de conectar comunidades, esta es la historia de cómo han resisitido hasta ahora... y lo que podría sucederles.
Una pugna legal que bordea el sur herediano
Si como heredianos nos sentimos orgullosos del Fortín, aquella torre que escoboza sonrisas de los curiosos que aprenden que sus troneras fueron construidas al revés, ¿por qué el sentimiento no se extiende a los puentes de piedra?
Esta pregunta la sugiere Diego Meléndez, arquitecto herediano y exdirector de la Dirección de Patrimonio Cultural (DPC), sobre el puente construido en Pirro en 1868 durante el segundo mandato del último jefe de Estado y primer presidente de la República, José María Castro Madriz.
Fue alzado al mismo tiempo que otros dos puentes en Alajuela, sobre el río Ciruelas, y en Cartago, sobre el río Reventado. Estos constituyen, quizás, las más importantes obras de la novata República de Costa Rica interesada por ordenarse en lo político, administrativo y territorial.
Y en lo económico, estos puentes eran utilizados para transportar el café que venía del Pacífico hacia el San Juan del Sur, en Nicaragua, según el historiador Carlos Fallas.
Ahora, tras casi dos siglos de llevar el peso de una ciudad cambiante, lo que frena su demolición es una demanda tramitada en el Tribunal Contencioso Administrativo.

En setiembre de 2021, el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) adjudicó a la Codocsa la reestructuración del puente, la cual contemplaba su demolición y la construcción de dos nuevos carriles. Empero, la propia empresa demandó a la Municipalidad de Heredia buscando un restablecimiento del equilibrio financiero a su favor.
Originalmente, el proyecto fue adjudicado por un monto de $2.197.681,46 (aproximadamente ¢993 millones) con un plazo de ejecución de 13 meses.
Consultada sobre si se contempló la posibilidad de desarrollar un nuevo puente o de reforzar la estructura ya existente para preservar su valor patrimonial, la municipalidad herediana respondió que el responsable del diseño fue el Consejo Nacional de Vialidad (Conavi); además, señaló que no puede robustecerse por su restricción de capacidad de tránsito, sus pasos peatonales inadecuados y su estrangulamiento hidráulico del cauce.
Sus barandas de protección se encuentran fisuradas y tienen acero expuesto y concreto desprendido, según la municipalidad, y tanto el arco de mampostería como las vigas de concreto muestran grietas.
A esto se le suma que el Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) desestimó en enero de 2025 una solicitud de declaratoria patrimonial del puente, al concluir que la estructura no tenía los méritos para ser catalogada como tal. Esa declaratoria, en dado caso, hubiera prohibido botar el puente.
Por lo pronto, mientras se resuelve el tema financiero en tribunales, no se puede estimar una fecha de inicio de las obras.
Empero, para Diego Meléndez, “si amplían el puente de dos carriles a cuatro carriles, va a desembocar en una calle de dos carriles. Entonces la presa se va a correr 20 metros (...). Es como si decidieran demoler el Fortín para ampliar el parqueo de la municipalidad, es un disparate. Y este puente es más antiguo que el Fortín, imagínese”.
A su juicio, además de reforzarlo, como es la práctica en otros países, se puede hacer un parque o un mirador alrededor del puente para que la ciudadanía pueda apreciarlo.
Sobre un proyecto de ese calibre, la municipalidad indicó que “difícilmente por la posición de las propiedades y la ubicación del puente, sea factible una visual directa sobre el puente de arco de mampostería”.
No cuidamos lo que no conocemos (...). Es una tecnología tradicional histórica que viene desde la época de los romanos. Es un puente hecho totalmente a mano. Las piedras se picaban hasta darle la dimensión exacta y correcta, había una mano de obra muy especializada. Es una tecnología que obviamente ya no se utiliza, pero que se utilizó por 2000 años. El arco de piedra era la forma más sencilla de transmitir la carga al suelo".
— Diego Meléndez sobre el puente sobre el río de Pirro.

Con valor patrimonial
En un embrollo legal similar yace, en Santo Domingo, el puente sobre el río Tures. Suele estar congestionado por su ubicación en la ruta nacional 116 y pasa desapercibido porque, para apreciar sus piedras, hay que descender al río.
Construido en 1894, es uno de los puentes heredianos más antiguos que ha visto caer a sus hermanos por falta de mantenimiento o decisiones fortuitas, mientras que sus primos europeos siguen en pie.
Aunque en las últimas semanas el MCJ reconoció el valor histórico y cultural del puente, rechazó declararlo patrimonio histórico-arquitectónico porque las condiciones técnicas “obligan” a priorizar la seguridad de las personas y el interés público, lo cual daría pase libre a su demolición.
Esta resolución viene de un recurso de amparo interpuesto por un grupo de vecinos tureseños, quienes han solicitado la declaratoria desde 2012 para preservar el patrimonio. Su recurrente, Erick Hernández Bolaños, dijo a Revista Dominical que no se oponen a que se amplíen los carriles del puente, puesto que es notorio para cualquiera afectado por los “atrasos” que genera su único carril regulado por un ceda.
Y ante la reciente negativa de Cultura, Bolaños solicitó a la Sala Constitucional suspender “cualquier acto de alteración o demolición” del puente sobre el río Tures hasta que no se resuelva el recurso de amparo interpuesto contra el MOPT. También presentó un recurso de reconsideración, nulidad absoluta e invalidez de la notificación ante el MCJ y la DPC; según constató RD, el documento fue admitido vía correo electrónico por esa dependencia.
Como parte de la gestión, Hernández alegó un supuesto “vicio de motivación” en la decisión del MCJ, porque rechazó la declaratoria patrimonial pese a que la DPC emitió, en el 2025, un informe que reconoce ocho valores históricos, culturales y arquitectónicos del puente.
Entre ellos, se rescata que “su antigüedad, autenticidad, tecnología y materiales constructivos en desuso le confieren valor histórico, así como su utilidad y beneficio para el desarrollo del cantón domingüeño”.

Previamente, el recurso de amparo ya había frenado las obras del MOPT que estaban previstas para iniciar en julio del 2025, las cuales demolerían la estructura centenaria y construirían un nuevo puente de dos carriles.
Según el MCJ, los criterios técnicos evidenciaron “limitaciones estructurales, hidráulicas y funcionales que afectan la operación del puente”. Asimismo, identificaron problemas de humedad, deterioro en las juntas y ausencia de mantenimiento preventivo y correctivo, lo cual podría comprometer la seguridad de quienes transitan por la estructura.
Eso sí, como una manera de “preservar la memoria”, ordenó a la Dirección de Patrimonio que implementara acciones como la documentación técnica y fotográfica del inmueble.
RD consultó al MOPT sobre el futuro de las obras; sin embargo, al cierre de esta edición no obtuvo respuesta.
Entre tanto, estos vecinos quieren rescatar esa técnica romana que les permitió abastecerse de café cuando Santo Domingo todavía era un distrito y no un cantón herediano.
Y claro, cada herediano que trabaje en San José puede dar fe del flagelo que implica entrar y salir de la capital sin importar la posición del sol. Gracias a la congestión vial nos hemos concentrado en la impotencia de avanzar en horas lo que a pie se recorre en minutos, al tiempo que cosechamos la reputación de ser una provincia que nuestros vecinos prefieren evitar; es entendible, hasta cierto punto, huirle a que la espalda se amolde al asiento vehicular.
También es normal enfadarse, ya sea con la deuda estatal que no ha logrado adaptar las calles a la modernidad o ante el pecado herediano de cubrir la historia con asfalto. Quienes defienden estos puentes centenarios defienden que, en la entrada de Heredia y en el medio de Santo Domingo, las piedras resguardan la esencia de la Ciudad de las Flores; y cómo no, si han visto a decenas de generaciones apropiarse del caminar por media calle.

