
Cuando Priscilla Ortíz colocaba una piel de tilapia sobre una mona bebé, sintió un poco de preocupación. Era la primera vez que probaba este apósito en una especie de vida silvestre tan frágil como esta cría, a quien llamaron Meiga, encontrada en la carretera luego de que su madre muriera electrocutada. Y aunque el accidente cobró un dedo de Meiga, el tratamiento logró recuperar su piel calcinada y le permitió, meses más tarde, ser liberada.
Suena inusual, esa idea de tratar a los animales con un tipo de molde de piel de tilapia, pero Ortíz la cultivó por al menos cuatro años en su laboratorio antes de llevarla a la fauna. Tras inspirarse en el desarrollo de esta tecnología en países como Brasil, y luego de varias pruebas para esterilizar la piel, consolidó sus propios protocolos para tratar quemaduras, pérdidas de tejido, mordeduras, cortadas, electrocutaciones y desgarros.
Con su primer paciente, un perrito que tenía una severa herida en la cabeza por un machetazo, sintió una expectativa que creció con el paso de los días, hasta que la lesión cerró y sanó. Desde aquel momento, este tratamiento que regenera células madre ha ayudado a más de 500 hámsters, perros, gatos, perezosos, búhos, lapas, terciopelos e iguanas.
“Mucho de lo que les pasa a los animales, principalmente a la vida silvestre, es culpa nuestra. Entonces es como una manera de devolver”, cuenta la veterinaria Ortíz. Y de paso, apoya la bioeconomía circular: la piel de tilapia, de no ser utilizada por su empresa Skin Graft, acabaría desechada o enterrada. “Estamos reutilizando recursos marinos, reutilizando esta piel en un biomaterial de alto valor para la industria médica (...) Sus subproductos, al degradarse, pueden llegar a contaminar los mantos acuíferos”, añade.

Y entre sus beneficios, provee propiedades como el colágeno y ácido hialurónico, asociados a la reparación de los tejidos, a los animales heridos. Otra de sus ventajas es que, si un perrito se come la piel de tilapia por instinto, no correría peligro. Y en caso de que el paciente sea una mascota inquieta, el material podría aliviar su estrés al reducir la frecuencia de las visitas a la clínica veterinaria, pues generalmente se cambian cada 10 días.
Además, la piel de tilapia protege las terminaciones nerviosas expuestas, ayuda a disminuir el dolor y puede reducir la necesidad de analgésicos y antibióticos, según explica Ortíz.
“En vida silvestre, lo que es un perezoso, un monito, hay que anestesiarlos cada vez que van a hacer los cambios de vendaje. Entonces, tener un producto que facilita que esto sea semanal, en vez de dos veces por semana o tres, hace que estemos disminuyendo el estrés y ayudando a acelerar la cicatrización”, agrega la especialista.
Y contrario a la creencia popular, la piel de tilapia, por estar tan procesada, no carga con el olor a pescado. Tampoco es cierto que la mascota vivirá permanente con escamas en lugar de pelaje, porque se retira cuando las células ya se hayan regenerado. Y si bien puede ser suturado, también funciona con un simple vendaje que lo mantenga en su lugar.
Eso sí, aunque parezca fácil de colocar, este apósito solo puede ser utilizado por médicos veterinarios colegiados. Y si bien es impactante (e incluso desconcertante) ver a un gato con su cara cubierta de escamas, quizás deberíamos acostumbrarnos, porque estudios en Brasil ya han logrado cicatrizar heridas en humanos.
¿Por qué no darle una segunda vida a lo que podría ser un desecho?

