
Son las 4:30 a. m. del domingo 1.º de febrero de 2026. En el parque Moisés Vincenzi Pacheco, en Tres Ríos de La Unión, en Cartago, la temperatura alcanza los 13 grados. Mientras la mayoría de los pilaricos duerme, algunos pocos madrugaron, porque hoy no es un domingo normal.
Este día se realizan las elecciones nacionales y, en el lapso de una hora y media, las juntas receptoras de votos deberán estar habilitadas para cerca de 11.000 “pilaricos”, convocados a las urnas en la Escuela Central de Tres Ríos.
Una de las primeras en llegar es Jara Segura, quien, acompañada de un familiar, trae consigo la tula de la mesa de votación 3914. Ambos, bien abrigados, resguardan el material electoral. A las 4:50 a. m., Jara recibe la tula, se la coloca al hombro y, a las 4:53 a. m., ingresa a la escuela. Oficialmente, la jornada laboral electoral arranca. Un minuto después, ingresa la tula 3922, cargada por Gustavo Ortiz Messeguer.
Una vez en las aulas, el primer paso es acomodar los pupitres, ya que, por un día cada dos años, esta escuela, como muchas en el país, suma al rol educativo una función democrática. Mientras Jara y Gustavo avanzan en este proceso, ingresan más tulas correspondientes a las 19 juntas receptoras de votos del distrito electoral de Tres Ríos. El reloj aún no marca las 5 a. m.

Afuera del ahora recinto electoral se encuentra el delegado del tribunal Frank Solís, quien vigila atentamente el ingreso de las tulas. Junto a Jacqueline Serrano auxiliar del TSE y el encargado del centro de votación apuran el paso para que todo marche de forma correcta, todos trabajan ad honorem.
“Es de las cosas que tenia que hacer antes de morirme”, me dice Gustavo mientras mueve los pupitres contra la pared. Para Ortiz, esta es la primera vez que participa como miembro de mesa en una elección. En cambio, en Jara se nota la experiencia: al regresar al aula, a las 5:08 a. m., ya tiene las cajas receptoras de votos armadas, el padrón electoral extendido y se encuentra batallando con el masking para colocarlo fuera del aula 1.
Otra junta que avanza rápidamente es la 3415. En esta, Jackeline Serrano, Ana Mora, Viviana Torres y Daniela Gómez arman las cajas receptoras de votos. A la junta 3422 se suma el trabajo de Xiomara Jiménez, quien junto a Ortiz, visibles ahora por la ventana del aula arman las mamparas que permiten que el voto sea secreto. El reloj marca las 5:18 a. m.


Al trabajo de Jara se agrega el de la voluntaria Kimaura Broomfield. Para este punto, lo que resta por hacer es contar y verificar la cantidad de papeletas. Mientras tanto, empiezan a presentarse los fiscales de los distintos partidos políticos.
El frío continúa; sin embargo, la luz del día comienza a asomarse. Afuera de la escuela, algunos simpatizantes de partidos políticos se instalan. Adentro, se afinan los últimos detalles para iniciar la jornada electoral. A las 6 en punto suena la sirena, esa que muchos tocamos sin permiso cuando éramos estudiantes, anunciando en la apertura oficial del centro de votación.
Para ese momento, decenas de pilaricos ya se encontraban listos afuera de la escuela para ejercer desde temprano su derecho al voto. Uno de ellos fui yo, a quien le correspondía votar en la mesa 3422. Aunque por un momento pensé que tendría el honor de ser el primero en votar, me tocó hacer fila.


A las 6:20 a. m. entregué mi cédula a Gustavo, y mientras Xiomara buscaba al elector número 188, guardé mi cámara, firmé y voté, en la misma junta receptora de votos que recibió 463 electores de 601 inscritos, para un 77,04% de participación.
Quienes estuvieron a cargo de abrir las mesas de votación en la Escuela Central de Tres Ríos son solo una pequeña muestra de las más de 90 mil personas que participaron en este proceso electoral en todo el país: miembros de mesa, delegados, auxiliares y encargados de centros de votación. Todos son responsables de que se viva la jornada democrática.
En conversación con Juan Luis Rivera, coordinador de letrados del Tribunal Supremo de Elecciones, se mencionó que este trabajo, aunque a veces poco visible, es fundamental, ya que para el TSE sería imposible realizar elecciones sin este componente ciudadano. Por ello, el proceso electoral se considera una labor de carácter cívico y participativo.

Desde la apertura de las mesas antes del amanecer hasta el cierre, el conteo preliminar y el resguardo del material electoral, la jornada se sostuvo en un esfuerzo continuo que culmina con el traslado de las tulas a San José para el escrutinio definitivo del Tribunal Supremo de Elecciones. Más allá de los resultados, la jornada dejó en evidencia que el sistema electoral costarricense vive cuando la ciudadanía hace posible la democracia.

