
El viento que inquieta el cabello de Greidy Mata hace que cueste escucharla. Eleva un poco el tono y, aunque no está nerviosa, tener ese edificio enfrente le quiebra la voz. “Me trae malos recuerdos”, dice con la mirada hacia la Casa Amarilla, en San José.
Sentada en una banquita del parque España, recuerda a su hermano mayor, Randall Gamboa Esquivel, o como le decía de cariño, Tigre, Meneco. Con él creció en Pérez Zeledón, y en esa misma tierra donde corrían después de la escuela, lo vería morir en un estado vegetativo, luego de ser deportado por Estados Unidos.
Al pensar en su hermano con buena salud, se devuelve al 25 de diciembre de 2024, día en que Randall, después de celebrar navidad, tomó un vuelo con destino a Texas. Años atrás había trabajado en Estados Unidos en maquinaria pesada, y pretendía regresar para enviarle dinero a su madre de 70 años y terminar de pagar una casa al sur de la capital.
De su familia, fue Greidy quien lo despidió al llegar al aeropuerto. No podía saber que ocho meses después lo recogería en una camilla.
Una vez en Texas, Randall les comunicó que había sido detenido por los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), aquellos oficiales que rara vez salen al descubierto y portan, en todo momento, chalecos antibalas, pistolas y otras armas.
Desde el Webb County Detention Center, en Laredo, contactaba por teléfono a sus amigos y familiares: su madre Daisy, su pareja Adriana Ureña, y sus dos hermanas, Melissa y Greidy.
Seis meses vivió en este centro de detención, uno de los 220 en Estados Unidos, cuyas verjas las coronan alambres de púa a doble fila. Celebró allí su cumpleaños número 52 y presenció el traspaso de poderes entre Joe Biden y Donald Trump, al tiempo que solicitó asilo.
Mientras el país norteamericano robustecía sus políticas migratorias y propagaba un discurso aversivo hacia muchos latinos en sus comunidades, Randall recibía un número de “alien”. Siempre mantuvo intacta la esperanza de regresar a su hogar.
“Él, en las llamadas, siempre sonreía y nos decía: ‘Tengo la fe en Dios que pronto voy a salir de aquí, primero Dios, los amo mucho, nos vamos a ver’. Y sí fue pronto, pero muy diferente de lo que esperábamos”, narra Greidy.

En lo emocional, Randall parecía el mismo de siempre: el hermano mayor que con sus bromas llenaba el espacio. En lo físico, cada vez se notaba más delgado y apagado.
“Todas las conversaciones estaban siendo grabadas, entonces él se cuidaba mucho de lo que decía y de cómo lo decía. Sin embargo, él nos decía que le ayudaran a comprar comida porque era muy mala la alimentación”, añade.
Su pareja, Adriana Ureña, dijo al medio estadounidense Newsweek el 15 de enero de este año que Randall recibía medicamentos bajo el supuesto de que padecía ansiedad; sin embargo, cuando estaba en Costa Rica, solo sufría de psoriasis —enfermedad que causa un sarpullido con manchas rojas que pican— debido al estrés.
Registros médicos consultados por esa revista indican que Gamboa firmó una solicitud en abril para dejar de recibir medicamentos que le causaban nauseas y mareos. Empero, sus prescripciones de junio incluían pastillas como risperidona (para tratar la esquizofrenia, la bipolaridad o la irritabilidad) y el antidepresivo imipramina.
“Le dije que hablara con ellos porque la medicación le estaba afectando. Dijo que lo haría. Supuestamente firmó una autorización (rechazando ciertos medicamentos), pero me enteré a través de otras personas que estaban con él de que siguieron medicándolo de todos modos”, contó Ureña a Newsweek.

En junio de 2025, al pezeteño lo trasladaron a Port Isabel, en Los Fresnos, el tercer centro de detención con mayor cantidad de migrantes en Estados Unidos, según Deportation Data Project. Allí, en sus 375 hectáreas, le perdieron el rastro.
Que no respondiera los mensajes era completamente inusitado, pensaron sus amigos y familiares, pero al inicio las autoridades no les dieron información sobre su paradero.
Búsqueda agotadora
En 2018, durante el primer mandato de Donald Trump, The Texas Tribune reportó que Port Isabel “operaba como una prisión” debido a sus problemas con la atención médica, la falta de acceso a abogados y las “pésimas condiciones” de vida que se remontan a décadas atrás. No es el único centro de detención que ha suscitado dudas.
Según datos oficiales, 68.289 personas permanecen hoy bajo custodia de ICE. Esta es la agencia policial con mayor financiación de Estados Unidos: en los últimos cuatro años, se les ha dotado de $45.000 millones para expandir las instalaciones donde custodian a migrantes detenidos.
Randall tenía que estar en alguno de estos reclusorios. Pero sin mayores pistas, sus seres queridos recurrieron a los “abogados” que frecuentaban estos centros de detención, cuyos números habían anotado “por si pasaba algo”. En medio de la desesperación, fueron estafadas en tres ocasiones. Tendrían que atravesar un laberinto para dar con él.

Como la única familiar en San José centro, Greidy visitó la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y Cancillería cuantas veces pudo. Todavía lo hace, pues sigue exigiendo respuestas en nombre de su hermano.
“A nosotros nos lo escondían”, rememora. “¿Cuánto luchamos para poder encontrarlo? ¿Cuántas puertas yo toqué? ¿Cuántas carreras no tuve yo aquí en San José para poder encontrar a mi hermano? Lo tenían perdido, no nos lo querían dar”, afirma.
Sería hasta agosto de 2025, dos meses después de su última comunicación, que una abogada especializada en casos migratorios podría localizarlo. Su familia gastó al menos $10.000 en el rastreo.
“Lo encontré vivo, pero apenas”, les dijo la abogada. “Voy a tratar de hacer todo lo posible para que él regrese a Costa Rica y para que ustedes puedan verlo, pero no sé si va a dar tiempo. Está muy mal”.
Se encontraba en el Valley Baptist Hospital, en Harlingen, centro médico al cual Greidy y su madre Daisy llamaron reiteradamente. La respuesta, sin embargo, es que no podían brindarles información al tratarse de un paciente bajo custodia de ICE.
Según pudo ver Revista Dominical, la Oficina Consular de Costa Rica en Houston les indicó, en diversos correos electrónicos desde que Randall dejó de comunicarse con su familia, que él no deseaba “establecer contacto con este Consulado General y no accedió a que la información sobre su caso fuera trasladada a esta oficina”.
Cancillería indicó a esta revista que ICE no le otorgó autorización para visitar a Randall en el centro médico “bajo el argumento de que el señor Gamboa no estaba de acuerdo con recibir la visita consular”.
Para entonces, la fotografía del generaleño incapaz de moverse o gesticular ya se imprimía en decenas de diarios nacionales e internacionales.
Fue hasta el 3 de setiembre que Randall aterrizó en el Aeropuerto Internacional Juan Santamaría, en un vuelo ambulancia costeado por el gobierno de Estados Unidos. Fallecería mes y medio después.
En algún momento guardábamos la esperanza de que él se recuperara, pero de un tiempo acá se nos hizo imposible pensar en eso y más bien estábamos buscando resignación y pidiéndole a Dios que hiciera lo que tuviera que hacer. Randall ya no podía más”

Solo podía parpadear
Las luces de la calle tiñen de rosa la cara de Greidy, al tiempo que se cargan sus lagrimales. La ambulancia tarda unos segundos en alejarse. La sirena la transporta a cuando recibió a Randall en el aeropuerto. “Me hicieron firmar el recibido del paquete, básicamente”, dice.
Le recomendaron no llorar, pues venía despierto y consciente en el vuelo. Lo que no le advirtieron es que su hermano, que medía 1,77 metros, ahora pesaba 50 kilos. No podía hablar ni moverse; solo podía abrir y cerrar los ojos. Para mantenerlo con vida, recibía nutrientes a través de una manguera pegada en el estómago.
“Yo creo que no existe una forma de explicarlo y que se logre visualizar el desencaje facial que Randall hacía cuando se le acercaba alguien que él no conociera. Asustadísimo, los ojos superexaltados, con una expresión de terror. Es que pucha, ni en una película ve uno una expresión así. Entonces yo digo: ‘¿Qué tanto tuvo que haber sufrido mi hermano para manifestar tal dolor y tal miedo?’”, apunta Greidy.
Hasta la fecha, el caso de Randall sigue rodeado de nebulosas. Se desconoce por qué dejó de comunicarse de un día para otro y qué lo llevó al hospital. Su familia asegura que, de no haber insistido, pudo haberse muerto sin ellos saberlo.
Según Reuters, en 2025 fallecieron 31 migrantes en custodia de ICE, la cifra más alta en dos décadas. Solo en lo que va de este año, 13 personas han muerto en los centros de detención.
En los informes médicos del Cuerpo de Servicios de Salud de ICE (IHSC), citados por The Guardian, se indica que Randall había estado tomando medicamentos antipsicóticos y antidepresivos.
Posteriormente, fue hospitalizado con un “estado mental alterado”. Su diagnóstico arrojó al menos 10 afecciones, incluida sepsis y rabdomiólisis, así como desnutrición proteica y encefalopatía tóxica.
Tricia McLaughlin, subsecretaria del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS), declaró al diario británico que la atención médica que reciben migrantes como Gamboa en los centros de ICE es la mejor que “muchos aliens han recibido en toda su vida”.
Pero cuando tocó suelo tico, Randall traía 56 úlceras en su cuerpo, una fisura en la parte baja del cráneo y una cicatriz en el codo que no tenía cuando salió del país. Envuelto en una sábana, le costaba respirar y se veía cansado. "Si tenía pecados, los purgó todos", asegura su hermana.
En Costa Rica tampoco pudo descansar. Por su quebranto de salud viajaba constantemente entre el Hospital Fernando Escalante Pradilla, en Pérez Zeledón, y el San Juan de Dios, en San José. Allí lo acompañaba Greidy, a cualquier hora de la madrugada, y lo despedía hasta perder de vista la ambulancia.
Mes y medio tardaría en este vaivén, durante el cual su familia denunció inconsistencias entre los reportes médicos emitidos por Estados Unidos y los exámenes realizados en Costa Rica. Randall dio su último respiro el 26 de octubre de 2025.
“Por lo menos yo digo que murió en una camita calientito, rodeado de la gente que lo amaba de verdad. Porque si querían matarlo lo lograron, pero no lo mataron en una celda como una cucaracha. Aquí murió con dignidad“, expresó Greidy.

Un problema diplomático
El día que Randall murió, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto publicó un pésame en sus canales oficiales.
Además de asegurar que continuarían realizando “todos los esfuerzos necesarios para esclarecer las circunstancias en que se produjo su detención y posterior traslado a Costa Rica”, indicaron que solicitaron “información adicional al Gobierno de los Estados Unidos sobre lo sucedido en el caso del señor Gamboa y su historial médico”.
Con el funeral y el novenario de Randall se inundarían las redes sociales de los recuerdos de todas aquellas personas que lo conocieron. Decenas se unirían a un movimiento para pedir justicia, incluida una pequeña manifestación en las afueras de Casa Amarilla. Lo que buscan es información: no saben cómo se enfermó, ni en qué fecha específica, ni qué lo mató.
Óscar Arias Sánchez, expresidente de la República, criticó al gobierno de Rodrigo Chaves por ser “incapaz” de obtener una explicación oficial por parte de los Estados Unidos sobre el caso de Randall.
Señaló que, si bien ingresó de manera irregular al territorio estadounidense, llegó en “perfecta condición”. En su mensaje, criticó que la política migratoria de Donald Trump encarna antivalores racistas, xenofóbicos, según sus apreciaciones, y “normaliza el trato inhumano hacia las personas migrantes”.
“Él murió, pero el dolor quedó y no se va”, dice Greidy. “Es solamente hacer la comparación de cómo se fue él y cómo regresó para saber que hay algo que está mal, algo anda muy mal. Es algo extraño, nosotros no nos lo explicamos. Nadie nos explica y sabemos que las explicaciones que nos van a dar no van a tener sentido. Por lo menos para nosotros”.
La actualización más reciente del caso la ofreció el canciller de la República, Arnoldo André Tinoco, al programa radiofónico Nuestra Voz, este 24 de febrero. Allí afirmó que enviaron una nueva “nota diplomática” solicitando las explicaciones del caso a la Oficina Consular de Costa Rica en Houston.
“No vamos a cesar el esfuerzo hasta tener aclaración de qué es lo que sucedió en ese caso porque sí causa mucha extrañeza todas las circunstancias alrededor del mismo y un gran dolor para la familia y sus conocidos”, dijo en el programa.
Revista Dominical solicitó una copia de esta nota diplomática a Cancillería y solicitó una entrevista con el canciller. Indicó que la nota no podía compartirse por “tratarse de correspondencia diplomática” y que la entrevista no podía pactarse porque el ministro “se encuentra fuera del país en gira de trabajo”.

Lucha después de la muerte
En 2025, el gobierno de Estados Unidos reportó la deportación de 107 costarricenses a la Dirección General de Migración y Extranjería. En lo que vamos de 2026, 57 ticos han sido devueltos al país.
De acuerdo con Omer Badilla, viceministro de Gobernación y Policía y director general de Migración, esta oficina recibe la información de los deportados previo a que tomen el vuelo con destino a Costa Rica, debido a que deben verificar que se trate de ciudadanos costarricenses, pero desconocen cuántos ticos están bajo custodia de ICE.
“A nosotros, Estados Unidos nos ve diferente, porque nos da prioridad en el manejo de los costarricenses. Estados Unidos evita a toda costa tener a ticos muchísimo tiempo en albergues (...). Es por eso usted ve que los grupitos que vienen (en los vuelos) son pequeñitos”, dijo Badilla, aunque no pudo precisar cuánto es el tiempo promedio que pasa un costarricense en estos centros.

RD preguntó a Cancillería por los protocolos que se toman ante las deportaciones de costarricenses desde Estados Unidos. Respondió que ICE no le informa a los consulados sobre todas las detenciones “por motivos migratorios” sino hasta que coordinan un vuelo y finalizan sus procedimientos internos. Por esa razón, tampoco cuentan con una lista de cuántos costarricenses se encuentran en los centros de detención.
Entretanto, ya se han celebrado cinco misas en conmemoración de la muerte de Randall. La familia todavía sigue esperando el resultado de la autopsia.
En la espera, su hermana Greidy ha impulsado un movimiento para ayudar a otros costarricenses que estén detenidos por ICE. Busca brindar apoyo a compatriotas que lo necesitan, a través de abogados y organizaciones no gubernamentales.
Si usted conoce a algún migrante en un centro de detención de Estados Unidos, puede contactarse con el colectivo La Grieta mediante sus redes sociales o al correo electrónico juntosporlaverdad@proton.me, la dirección que han habilitado para recoger testimonios y casos en proceso.
Mientras el sol empezaba a descender, y se acumulaban las ráfagas gélidas en las banquitas del parque España, Greidy decía: “Yo sé que solo soy un estilista, que no tengo recursos como para movilizar masas en ningún aspecto, pero tengo toda la disponibilidad y todo mi corazón y amor por Randall para ayudar”.
Fue una experiencia tan dura, tan dura que yo creo que por eso es mi afán de que nadie más lo pase, que nadie más lo sufra, porque yo no puedo pensar en otra mamá, sufrir lo que mi mamá sufrió“.

