
Son altas las posibilidades de que una canción escrita en Costa Rica esté “inspirando” música generada por inteligencia artificial en cualquier parte del mundo. No porque alguien la haya versionado o plagiado deliberadamente, sino porque forma parte de las gigantescas bases de datos con las que se entrenan estos sistemas.
Una revisión de Revista Dominical encontró que artistas nacionales como Tapón (103 canciones), Debi Nova y Toledo (102 cada uno), además de la Orquesta Sinfónica Nacional, Editus, Canina, Deeikel, 424, Lentamente y decenas de músicos más aparecen en esas colecciones utilizadas por investigadores y desarrolladores de IA.
Eso no significa que todas esas grabaciones hayan sido utilizadas por una plataforma comercial específica ni que exista una infracción ya comprobada de derechos de autor, pero sí está “a disposición” de la inteligencia artificial para crear nuevas canciones.
Allí aparece el problema: si un software “aprende” de millones de obras para producir música, ¿qué derechos conservan quienes le enseñaron a componer (sin saberlo)?
¿Qué sucedió?
La historia comenzó en junio pasado, cuando el periodista Alex Reisner publicó en el medio estadounidense The Atlantic una investigación en la que identificó cuatro gigantescas bases de datos musicales.
El artículo, titulado The Millions of Songs Mashed Into AI-Generated Music, cuenta que hay más de 21 millones de canciones que las empresas de inteligencia artificial utilizan para entrenar generadores musicales como Open AI, Suno, Udio o modelos de Google.

Esto va desde Taylor Swift, Billie Eilish, The Beatles, Nirvana y Bad Bunny hasta grabaciones de artistas prácticamente desconocidos para el mainstream.
Tres de esas colecciones funcionan como enormes índices de enlaces a canciones disponibles en plataformas como YouTube o Spotify. La cuarta corresponde al catálogo de Free Music Archive. Los desarrolladores descargan posteriormente los archivos de audio mediante programas automatizados para entrenar modelos capaces de comprender ritmos, armonías, voces e instrumentos.
El reportaje de The Atlantic explica que los modelos de IA “aprenden” analizando fragmentos de millones de grabaciones. Sin embargo, en ocasiones reproducen melodías, letras o estilos reconocibles de canciones existentes, lo que ha provocado demandas por infracción de derechos de autor contra empresas como Suno, Udio, Google y OpenAI.
En la nota periodística, las compañías defienden que entrenar sus modelos con música disponible en internet constituye un “uso justo” (fair use), mientras que músicos, sellos discográficos y creadores alrededor del mundo sostienen que sus obras fueron utilizadas sin consentimiento ni compensación económica.
Fue precisamente al revisar esas mismas colecciones cuando comenzaron a aparecer nombres costarricenses... No uno, sino decenas.
Por ejemplo, de Tapón aparecen 146 canciones (Feeling, Vive con él, Creada a mi manera...), de Debi Nova aparecen 102 canciones (No nos sobran los domingos, Baño de Luna, María...), 96 canciones de Malpaís (Contramarea, El Barrio De Los Jazmines, Otro lugar...), 92 canciones de Gandhi (Mar, Al Son Del Dolor, El Atico, Hacia adentro...) y muchísimos más. Basta solo sortear nombres en el buscador llamado AI Watchdog de The Atlantic.
Tapón: 146 canciones
Debi Nova: 102 canciones
Toledo: 102 canciones
Malpaís: 96 canciones
Gandhi: 92 canciones
El Parque: 86 canciones
Orquesta La Solución: 83 canciones
Los Ajenos: 82 canciones
Calle 8: 77 canciones
Kalua: 65 canciones
Los Hicsos: 64 canciones
Cocofunka: 53 canciones
Son de Tikizia: 52 canciones
Magpie Jay: 52 canciones
Ojo de Buey: 47 canciones
424: 46 canciones
— Artistas ticos que aparecen en la base de datos
¿Qué dicen los músicos?
Cristian Gómez, mejor conocido como Tapón, no oculta su frustración por este tema. El cantante reconoce que la velocidad con la que ha evolucionado la inteligencia artificial dejó a los creadores en una especie de limbo jurídico. “Siento que hay un vacío legal. Prácticamente no podemos hacer nada. Necesitamos leyes que nos protejan”, lamenta.
Para él, si las grandes disqueras internacionales apenas comienzan a reaccionar frente al uso de sus catálogos para entrenar modelos de IA, los artistas independientes tienen todavía menos margen de acción.
El músico cuenta que, de hecho, actualmente trabaja con un equipo de abogados especializados en propiedad intelectual que ya investiga posibles acciones relacionadas con algunas de sus obras y que se pondrá detrás del uso de su catálogo en estos sistemas ante esta noticia.
Aún así, Tapón insiste en que el debate debería ser sobre el valor de la creatividad humana. “Creo que no se le ha dado la importancia que esto conlleva. La creatividad, en cualquier ámbito, hay que respetarla”, sostiene. “Yo le digo a los jóvenes que no cualquiera puede escribir una canción, del mismo modo que no cualquiera puede jugar fútbol, dibujar o hacer buen periodismo. Todos traemos una chispa diferente”, explica.
Tapón considera que el derecho de autor es un reconocimiento al tiempo y al esfuerzo que hay detrás de cada obra. “La inteligencia artificial se basa en algo que ya hicimos nosotros antes, entonces es justo que recibamos algo. Una canción son horas de estudio, de grabación, de componer, de hacer arreglos, de pensar qué hacer y qué no hacer. No es soplar y hacer bombitas. Hacer música todos los días es muy complicado. Es justo recibir algo”.

Luis Montalbert, líder de Gandhi (banda que aparece en el sistema más de 90 veces), reconoce que la irrupción de la inteligencia artificial le genera una sensación de vulnerabilidad. “Me siento amenazado. Siento una gran amenaza”, dice.
“Siento que los derechos de autor no quieren ser reconocidos como los hemos pactado como humanidad. Yo lo veo como negarle agua a alguien. Es vivir, es un derecho humano”, afirma.
El músico reconoce que toda creación artística parte de influencias. En su caso menciona que Michael Jackson y Led Zeppelin han marcado su trabajo como referentes. “Yo soy una mezcla de todos ellos; siempre lo he dicho. Pero la inteligencia artificial no hace ese proceso creativo. Utiliza esas influencias, pero después no se les reconoce en la música que genera. Eso no se puede aceptar”, cuestiona.
Una canción son horas de estudio, de grabación, de componer, de hacer arreglos, de pensar qué hacer y qué no hacer. No es soplar y hacer bombitas. Hacer música todos los días es muy complicado. Es justo recibir algo”
— Tapón
ACAM se pronuncia
Para la Asociación de Compositores y Autores Musicales (ACAM), la inteligencia artificial representa uno de los mayores desafíos.
Arnoldo Castillo, presidente de la organización (y cuya obra también aparece en la base de datos), sostiene que la discusión comienza con una pregunta que todavía no tiene una respuesta clara: “¿De dónde obtienen las plataformas de inteligencia artificial las bases de datos con las que entrenan sus modelos?”.

“En la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (a la cual ACAM está adscrita) este tema fue analizado profundamente. Ya varias empresas han sido demandadas por utilizar obras protegidas sin autorización, y la discusión apenas comienza”, afirma. “Por tanto, si alguien en un software de IA pide hacer una canción con la voz de Juan Luis Guerra, no podría, porque ya hay advertencias. Entonces no se puede un plagio directo, pero es inaceptable que puedan ocurrir ejercicios antiéticos de los cuales se nos dificulta monitorear”, explica.
Esteban Monge, músico, abogado y asesor de ACAM, advierte que es necesario crear legislación al respecto. Aun así, advierte que el expediente 24484, Ley para la implementación de Sistemas de Inteligencia Artificial (que entró en la corriente legislativa el pasado cuatrienio desde el despacho de la entonces diputada Johanna Obando) no asegura salvaguardas para los creadores.
“Durante su trámite legislativo se debilitó considerablemente la protección de los derechos de autor, y eso nos preocupa”, señala.
Ante ese panorama, explica que se encuentra trabajando con ACAM para elaborar un documento basado en la posición oficial de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC). “Creemos que este será uno de los temas más importantes para los próximos años”.
De hecho, Acam se suscribió al Compromiso de París, una declaración impulsada por la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC) que busca reforzar la protección de los derechos de autor frente al auge de la inteligencia artificial. El documento insta a gobiernos, empresas tecnológicas e industrias culturales a garantizar que las obras utilizadas para entrenar sistemas de IA cuenten con transparencia, licencias y una remuneración justa para sus autores.
Además de reclamar marcos legales que protejan la creatividad humana y la diversidad cultural, el compromiso destaca el papel de la gestión colectiva como mecanismo para salvaguardar los derechos de los creadores.
