Revista Dominical

Carton, el diseñador de tablas de surf que cumple los sueños de los niños

Desde hace más de dos décadas, en su taller de Jacó, Edwin Villalobos es un carpintero puntarenense que usa sus ganancias para ayudar a los niños en su afán de dominar la tabla y triunfar en el surf

Es una mañana caliente en Jacó y el día es perfecto para estar en la playa. Eli Sol Hernández y Dominick Brenes acaban de salir del mar. Ambos estaban practicando surf y confirman que el clima está espectacular. Los dos niños tienen 11 años y como no han entrado a clases en la escuela aprovechan para poder disfrutar los últimos días de vacaciones desde las primeras horas del día.

Edwin Villalobos, o mejor dicho Carton -como le llaman en Jacó-, fue quien les obsequió a ambos niños la tabla para que pudieran practicar surf, un deporte que les apasiona.

Carton es un carpintero de la riviera, es decir, un fabricante de tablas muy conocido en Puntarenas y dentro del mundo del surf costarricense. Quizá es así porque desde hace más de 25 años se ha encargado de impulsar a que los niños amantes de este deporte puedan desarrollar un talento como surfistas, o tal vez porque hoy varios de aquellos pequeños a quienes ayudó en algún momento, ya crecieron y tienen una carrera destacada dentro de esta disciplina tanto a nivel nacional como internacional.

La labor de este puntarenense, oriundo de Chacarita, consiste básicamente en patrocinar a niños de diferentes edades, principalmente de recursos limitados y que sueñan con ser el mejor del surf costarricense en unos años, o bien, que vean en este deporte su gran pasión.

“Yo vengo de un barrio urbano marginal y tengo muchos traumas de problemas sociales, entonces lo más importante para mí es que los niños a quienes les gusta el surf se conviertan en buenos hombres para la comunidad, eso es un regalo para mí. Los niños hacen historia y tienen mucho talento, pero hay que guiarlos y darles cosas buenas porque ellos traen muchos sueños. Cuando yo estaba pequeño me guiaron e hicieron cosas buenas por mí y salí adelante y yo quiero lo mismo para ellos”, afirma Carton.

A sus 45 años y mientras está sentado en su taller (en el que hay más de 100 tablas de surf) confiesa que tal vez no tiene una vida de lujos, pero se da por satisfecho con sentarse debajo de una palmera mientras observa a los pequeños practicar dentro del mar; o bien, con llegar a la tranquilidad de su taller a diseñar una nueva tabla.

Carton, quien ha sido surfista por más de 30 años, nunca recibió un curso o estudios para aprender a diseñar tablas de surf, todo fue empírico. Hasta la fecha solo imagina la tabla que quiere construir y pone manos a la obra.

Eso sí, reconoce que esta es una herencia de su padre, Edwin Villalobos, de quien heredó el nombre, y quien se dedicaba a construir barcos y lanchas hace unas cuatro décadas atrás. Recuerda que él era uno de los más fieles ayudantes de su papá en aquel entonces (más que por gusto, por obligación).

“Él me llevó a trabajar desde temprana edad y entendí todo lo que era diseñar. Yo pasé una vida muy fuerte allí, trabajando con barcos gigantes en los astilleros de Puntarenas, o pescando al mediodía y siempre imaginando las lanchas. Un día, en 1986, me acuerdo que tropecé con un pedazo de estereofón grueso y como mi papá me había enseñado muchas cosas como utilizar el serrucho y hacer líneas de lanchas, me fui a una pared, raspé el estereofón, le hice el rocker (curva a lo largo) y las otras curvas al boogie y me fui a correr la ola... ahí comenzó todo”, narra.

Como vio que el boogie que había diseñado servía, no lo pensó dos veces para montar un pequeño taller y confeccionar boogies en gran cantidad para después venderlos a un colón.

De acuerdo con Carton, en ese momento la moda del surf estaba empezando, por lo que poco a poco fue perfeccionando su técnica hasta que un día de tantos, cuando todavía era un adolescente recién graduado del colegio, decidió abrir un taller de reparaciones en su casa. Además, sacaba el tiempo para poder diseñar algunas tablas y los fines de semana las llevaba a vender a Tamarindo.

“Recuerdo que había un muchachito que se ha venido a vivir aquí, se llamaba William Johnson, estaba empezando a hacer sus primeros aéreos y esos aéreos eran encantadores, entonces yo le hice una tabla y fui a buscarlo a su casa, aquí en Puntarenas. Toqué la puerta y no estaba, entonces yo me rascaba la cabeza mientras me preguntaba qué hacía y dije: ‘voy a jugármela’, y le dejé la tabla en la puerta. Como un mes después lo vi y me dice ‘¡qué buena tabla!’, entonces los muchachos de otras playas como Dominical y Tamarindo me buscaban para pedirme tablas, porque él inspiraba mucho”, relata.

Así llegó a Jacó, donde alquiló un local que hasta la fecha paga. Con el tiempo su nombre se popularizó tanto que, por día, en una temporada alta, llegaba a elaborar hasta cinco tablas de surf.

Debido al aumento de trabajo, Carton asegura que debió vender una pequeña finca que tenía para poder comprar una máquina brasileña, con el fin de hacer tablas de surf y que le facilitara el trabajo. Además, su hermano Warner Villalobos se sumó a su negocio como decorador de las tablas.

“Antes el surf era una recreación, ahora es un trabajo, una profesión en todo sentido, ha generado microempresas... después de que era todo un vacilón, ahora es un trabajo serio y una profesión, en parte, gracias al turismo que ha desarrollado esto. Por eso, tenemos que seguir”, agrega.

Edwin Villalobos ha pasado más de la mitad de su vida corriendo de un lado a otro, con el fin financiar la mayor cantidad de tablas de surf para los niños y sus padres, quienes se acercan hasta Tablas Carton con la esperanza de que él acceda a regalarles o venderles a muy bajo costo una tabla.

Reconoce que a veces es difícil decir que no, pero todo corre por su cuenta y las tablas que regala las confecciona con las ventas que realiza de estas o las que alquila (a surfistas profesionales), por lo que en más de una ocasión ha tenido que negarse a patrocinar a varios niños.

“Al comienzo yo tenía 20 años y tenía mucha fuerza, entonces trabajaba de día y de noche y producía mucho, producía mi propio salario y eso me fortalecía para poder ayudar más, pero después me di cuenta de que ya me estaba haciendo más viejo y sumado a la edad vinieron muchas crisis: la crisis de los malos políticos, la crisis financieras, la crisis provocada por la covid-19 y el país se ha vuelto más caro y mucho más difícil para salir adelante con tantos impuestos”, comenta.

Esto lo ha obligado a bajar paulatinamente la cantidad de niños a los que ayuda. Prueba de ello es que pasó de hacerle tablas de surf a 20 niños, a apadrinar tan solo seis.

De hecho, afirma que tras la crisis financiera que afectó Costa Rica en el 2008, tuvo que dejar de hacer tablas de surf para regalar. En ese momento entendió que ya debía comenzar a pensar en su futuro, pues todo lo que ganaba con su negocio lo estaba donando.

“Prácticamente, la fundación que había hecho quebró. Estaba trabajando menos y tenía que buscar un desarrollo hacia el futuro, porque ya me estaba haciendo viejo, tenía que ver cómo me acomodaba. Entonces, le puedo decir que ahora ayudo a un tercio de lo que ayudaba antes, pero ya tengo un conocimiento mejor, una posición social mejor y tengo más fortaleza mental”, dice.

Actualmente, dos de los seis niños que apadrina son de Puntarenas, otros dos son de Limón y dos más viven en Guanacaste. Y aunque son de diferentes lugares, todos son niños estudiosos, de buenas notas y con un deseo por aprender del surf.

Y pese a que nunca ha querido que nadie le ayude con patrocinios, ahora reconoce que si quiere que su proyecto continúe creciendo, necesita hacerlo con apoyo de otras personas.

“Por primera vez en la vida pienso que necesito ayuda, porque es un pecado salvaje ver cómo se ha debilitado esto. Nunca tuve que haber abandonado eso, tenía que buscar estrategias de ayuda, porque he visto que la parte técnica del surfing se ha frenado, de hecho Cali Muñoz sigue siendo el rey, me refiero a que después de 10 años nadie ha podido superarlo”, afirma.

No obstante, Carton se mantiene positivo y confía que en el futuro cercano Costa Rica tendrá nuevas estrellas en el surf. Espera, como un sueño, que la mayoría de ellas sean aquellos niños que con mucha ilusión vio correr hacia el mar con la tabla que él les diseñó.

Kimberly Herrera

Kimberly Herrera Salazar

Periodista graduada de la Universidad Internacional de las Américas. Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Americana.

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