Ser emprendedor en Costa Rica es casi un deporte de riesgo. Para muchos implica estrés, sudores fríos, desvelos y pérdida de calidad de vida; una enorme proporción de los negocios se crean entre la espada y la pared, con personas que buscan cómo ganarse la vida ante la escasez de empleo. Por si esto fuera poco, aunque un emprendimiento “la pegue”, esto no significa que opere en la formalidad, podrán pasar años hasta ponerse en regla... o quizás nunca ocurra.
Según la Encuesta Continua de Empleo (ECE) más reciente, Costa Rica sumó un trimestre más sin registrar un crecimiento estadísticamente significativo en la población ocupada. Además, el empleo informal es de 36%, es decir, al menos 1 de cada 3 trabajadores opera en la clandestinidad. Hasta noviembre del 2025, Costa Rica era el único país miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que perdía trabajadores ocupados tras la pandemia por la covid-19.
A todo lo anterior se suma que emprender en el país se ha convertido en un plan de emergencia. El reciente Informe Nacional de Emprendimiento mostró que el 83% de los emprendedores buscan crear su propio negocio para ganarse la vida debido a la escasez de empleo. Ese, como explicaremos, es uno de los métodos más arriesgados y menos fiables para iniciar un negocio, pero ¿qué les queda?
En medio de este ambiente desafiante, el camino hacia afianzar un negocio propio está lleno de retos, algunos por errores propios, otros por la burocracia e ineficiencia del Estado, la razones sobran. Por eso, en esta edición de la Revista Dominical nos abocamos a diagnosticar, ¿qué es lo que más espanta al empresario tico?
Probar y fallar: el miedo al fracaso
La primera barrera al plantearse fundar un emprendimiento es, quizás, el miedo. Según el Informe Nacional de Emprendimiento, en 2025 el 44% de los ticos dijeron que no iniciarían un nuevo negocio aunque perciban buenas oportunidades para hacerlo, ya que les da miedo a fracasar. Ese porcentaje aumentó respecto al año anterior, cuando se ubicó en 36%.
Johan Rodríguez conoce los miedos que le quitan el sueño a los emprendedores. Ha sido mentor en la Agencia Universitaria para la Gestión del Emprendimiento (AUGE) de la Universidad de Costa Rica (UCR) y actualmente funge un doble papel como director ejecutivo de la Cámara de Detallistas (Canacodea) y coordinador de la Comisión de Pymes de la Unión de Cámaras del Sector Empresarial (Uccaep).
Para él, está muy claro que no cualquier persona puede emprender, o no al menos con éxito. Es necesario tener perseverancia, paciencia y tolerancia al fracaso, pero además, el deseo de emprender debe estar incorporado en la identidad de cada persona.
“Hay que analizar qué motivación nos lleva a emprender, la persona que lo hace porque se quedó sin trabajo y no tiene otra opción no es una emprendedora nata, lo hace por necesidad, y en el momento que le salga un empleo estable, va a dejar todo botado. Ese emprendedor, por lo general, tiene mucho más riesgo y temor”, aseveró Rodríguez.

Nelson Irias sabe lo que es emprender, y sabe lo que es fallar. Fundó su primera empresa con 21 años y hoy, con 35 años, va por su tercer negocio. Actualmente es propietario de una startup que mediante una suscripción digital prepara y vende comida especializada para mascotas.
“He tenido éxitos y fracasos, he cerrado empresas y he vendido empresas, esto es un vaivén, una ruleta de emociones y vivencias, hay que tener mucha resiliencia y disposición de seguir intentando”, declaró Irias, que tiene años de dedicarse a la mentoría de emprendimientos en todo el mundo.
Desde su punto de vista, antes de emprender es necesario aprender a hacerlo, y para eso, es indispensable entender al cliente. Desde luego, esto se complica cuando una persona abre su negocio solamente con el desempleo como motivación.
“Hay gente que la liquidan del trabajo y solamente deciden abrir un negocio, hacen una inversión enorme, pero no tuvieron acompañamiento, gastan todo el dinero y el negocio todavía no genera un colón. Por eso luego fracasan y les asusta volver a emprender, pero hay que aprender, dedicar tiempo, leer, buscar mentores. He acompañado a casi 700 startups en América Latina y España, y ahí está el gran miedo”, declaró Irias a RD.
No hay incentivos para formalizarse
El director ejecutivo de Uccaep, Jorge Luis Araya, recordó que hace unos seis años aplicaron una encuesta a 1.200 empresas en coordinación con la Organización Internacional del Trabajo (OIT). De esas 1.200, 200 trabajaban en la informalidad, y casi 100 tenían más de 15 años de trabajar por fuera de la ley.
La informalidad es un problema grave para el Estado, no solo por motivos recaudatorios, sino también porque esos trabajadores no tienen acceso a seguros de salud, riesgos laborales y no cotizan para una pensión. Cualquiera pensaría que el proceso de formalización es largo y engorroso, pero no es así.
Johan Rodríguez, de Uccaep y Canacodea, descartó que el proceso de formalización sea complicado. En general, los trámites se han simplificado y digitalizado. “Prácticamente el 99% de los trámites pueden ser autogestionado por medio de las plataformas de cada institución”, explicó.
Entonces, ¿qué aleja a las pymes y mipymes de estar en regla ante el Estado? Para los emprendedores no existe un incentivo real para formalizarse, al contrario, no es para nada rentable hacerlo, y trae más problemas que soluciones. ¿Por qué habrían de destinar recursos humanos y económicos a ese objetivo y no a inventarios, publicidad, la confección de un sitio web o la modernización de equipos?

Alonso Vargas es especialista en incubación de empresas en AUGE-UCR y, en ese rol, ha visto cientos de negocios gestarse, crecer y, algunos, lamentablemente, desaparecer.
“Cuando uno le pregunta a la gente si se va a formalizar la respuesta es: ‘¿y qué gano con eso?’. Cuando una persona solo está buscando que su negocio sea rentable, la formalización no es una inversión, es una pérdida. La rentabilidad dicta que no es atractivo", lamentó Vargas.
En esto coincide Johan Rodríguez: “El formalizarse debe incluir una serie de beneficios adicionales, capacitación, asesoría, exoneraciones... Tienen que existir esos beneficios, y una asesoría de cómo se pueden utilizar, para que el emprendedor realmente lo vea como algo que lo puede ayudar a crecer”.
Para hacerlo más difícil, el Estado costarricense no ha sabido diferenciar entre un negocio recién fundado y una empresa establecida.
Doña Shirley, una mujer empresaria en el negocio de los restaurantes, habló con Revista Dominical y confirmó la enorme dificultad de formalizar su emprendimiento, sobre todo ante la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), de la que hablaremos más adelante.
“Al arrancar, el porcentaje que está estipulado que hay que pagarle a la Caja es el mismo para los emprendedores que para los empresarios que llevan años en el negocio, eso hace que el primer año sea muy retador. Por eso muchos deciden jugársela, no están al día con todos sus colaboradores, reportan menos empleados o reportan salarios más bajos”, explicó la emprendedora.
Además, tanto Alonso Vargas, de AUGE-UCR, como Johan Rodríguez, de Uccaep, coinciden en que las reglas no se aplican igual. Un emprendedor puede ir al Ministerio de Salud de un cantón, y le piden mil requisitos, pero va al cantón vecino, y la misma institución le hace un trámite abreviado de 24 horas. Ellos no encuentran explicación.
“En el caso del modelo de startup (con el que trabaja AUGE), a veces uno va a preguntar a la Caja y no saben cómo clasificar los negocios, incluso conocemos gente que va a una oficina regional o va a la oficina central, y lo atienden diferente para un mismo trámite. Esto es como cuando la gente decía ‘voy a ir a sacar licencia a Pérez Zeledón porque ahí es más fácil’. Es el colmo que no haya unidad, ni siquiera la gente que atiende sabe ubicar al emprendedor”, explicó Vargas.
Pero eso no solo aplica para la CCSS. El Ministerio de Salud y las municipalidades no se salvan.
Mauricio Rodríguez, presidente de la Cámara Costarricense de Restaurantes (Cacore), asegura que algunos ayuntamientos en particular son especialmente alérgicos a incentivar los emprendimientos. “Hay municipalidades que son artistas para hacer fracasar a un empresario”, sentenció.
Johan Rodríguez, de Uccaep y Canacodea, respalda la crítica a la disparidad de criterios.
“Un emprendedor puede ir al Ministerio de Salud de Grecia y le piden un montón de requisitos imposibles de cumplir, pero va al de Naranjo y le aplican un trámite simplificado. ¿Cómo es eso? Las municipalidades son así también, cada uno es un mundo. Se han intentado aplicar procesos estandarizados, pero cuando uno va a tramitar una patente, cada municipio aplica sus trámites específicos", explicó Rodríguez.
Según el director ejecutivo de Canacodea, que tiene 15 años de asesorar empresas en el proceso de formalización, han llegado a ver emprendedores que tienen dos tiendas en diferentes cantones y las condiciones varían drásticamente.
Mauricio Rodríguez, de Cacore, señaló falencias en otras dos instituciones: el Ministerio de Hacienda y el Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC).
“Con Hacienda inscribirse es rapidísimo, el problema es ir a pagar, llenar una declaración es una calle de la amargura. El MEIC, por su parte, tiene muchas ayudas para las pymes, pero el entramado para acceder a ellas es complejísimo”, explicó.

La Caja sigue dando miedo
En Revista Dominical narramos hace casi un año las dificultades que viven los trabajadores independientes y cómo terminan en la informalidad o morosos ante la CCSS. Esta situación continúa vigente.
Mauricio Rodríguez, de Cacore, sabe que sus palabras son altisonantes, pero lo dice, lo repite y lo sostiene: “La Caja es el principal enemigo para todos los empresarios, ese es el enemigo número uno, la institución más antinegocios del mundo. Están enfocados en que uno fracase sí o sí”.
El giro de negocio de la hostelería es particular y complicado. No es fácil gestionar correctamente una soda o restaurante. Pero para Rodríguez, la CCSS lo complica todo.
“Para empezar un negocio la Caja tiene que hacer una inspección a mi lugar de trabajo, pero para yo tener un lugar de trabajo, necesito una patente municipal, y esa patente no me la dan si no tengo un trabajador inscrito en la Caja, y ese trabajador no puedo ser yo, ¿entonces? Uno queda fuera de base", explicó el presidente de Cacore.
“A veces la gente se pregunta por qué los días de alta demanda, viernes, sábado y domingo, en los restaurantes se da mal servicio. Bueno, es porque yo tengo que tener la misma cantidad de empleados todos los días, es prohibitivo para un restaurantero tener dos personas más trabajando el domingo, no me dejan, a no ser que lo haga ilegalmente. ¿Cuánto empleo podría generar eso?”, criticó Rodríguez.

No solo el sector de restaurantes identifica problemáticas con la CCSS.
Freddy Martínez, que tiene una empresa publicitaria junto a su esposa, también ha enfrentado algunas situaciones contradictorias en sus trámites con la CCSS.
“Hicimos una sociedad, nos identificamos como pymes ante el MEIC y fuimos asegurarnos, pero nos dimos cuenta de que no podíamos, porque como somos dueños de la empresa, no podemos asegurarnos como empleados, aunque trabajemos en eso. Tenemos que ir y asegurarnos como trabajadores independientes, y eso nos hace perder los beneficios de ser pyme”, detalló Martínez.
Además, don Freddy y su esposa buscaron inscribir su empresa ante la Caja, sin embargo, como explicó anteriormente Rodríguez, la empresa no puede inscribirse como patrona porque no tiene empleados. Estos dos emprendedores han llegado a perder contratos porque no están inscritos ante la CCSS, no tienen la capacidad económica para contratar empleados y no pueden inscribirse hasta no ser patronos.
Como si todo esto no fuera suficientemente absurdo, don Freddy y su esposa no disponen de su propio dinero. Como no están inscritos como empleados, Hacienda no les permite recibir un salario, y al tratarse de una sociedad, no pueden disponer del dinero a placer, sino que deben repartirlo como dividendos.
“No podemos disponer de la plata que nos hemos ganado. Estamos viviendo de los ahorros”, lamentó.
Jorge Luis Araya, de Uccaep, dio otro ejemplo de los problemas que se viven con esa institución.
“En 2022 la Junta Directiva de la CCSS tomó la decisión de disminuir la base mínima contributiva (sobre la cual se calculan las cuotas de los seguros), sin embargo, años después, no todas las sucursales de la Caja tiene esa información a mano, entonces algunas lo aplican, otras no, y no se lo dan por defecto al empresario, tienen que pedirlo expresamente”, detalló Araya.
Al igual que en otras instituciones, la Caja tiene sorprendentes variaciones en la forma en que cada sucursal aplica sus herramientas.

“Venían con cinta métrica a medir la altura de los bancos”
No todo es negativo, sí han habido mejoras. Mauricio Rodríguez, de Cacore, confirmó que mediante negociaciones con el gobierno lograron estandarizar y darle seguridad jurídica a las revisiones que realiza el Ministerio de Salud.
Anteriormente, Salud podía enviar a inspecciones a expertos en diferentes áreas, desde ambientalistas, salubristas ocupacionales, ¿Cuál era el problema? Que cada inspector se enfocaba exageradamente en su área de conocimiento, por tanto, las revisiones del ministerio eran más una lotería que un procedimiento técnico.
Doña Shirley, emprendedora propietaria de un restaurante, confirmó lo dicho por Rodríguez.
“En las visitas de rutina, el inspector de Salud tiene un nivel de auditoría exagerado, llegan pidiendo estándares demasiado altos, cosas que uno solamente ve en franquicias de gran tamaño que tienen muchísimo capital. Son tonterías que no tienen nada que ver con la inocuidad de los alimentos, por ejemplo, el tipo de tubo que tiene el fregadero, o el material de las paredes. Así el empresario se desanima”, detalló la emprendedora.
“Si llegaba el experto en ambiente revisaba una cosa, pero si llegaba el experto en salud ocupacional, sacaba una cinta métrica y medía la altura de los bancos, de las mesas, la altura a la que estaba ubicado el microondas... Por eso Cacore propuso hacer una guía de supervisión, de manera que la revisión fuera estandarizada para todos los restaurantes”, detalló Rodríguez.
Según el presidente de Cacore, esta situación se ha atendido durante los últimos años, aunque recientemente recibieron reportes de inspectores que intentan aplicar su propio librillo.
Soluciones: “No hacen falta más leyes, hace falta aplicar las que existen”
¿Cómo salimos de esto? En realidad, las soluciones están bastante a la mano, no se trata de medidas extraordinarias o imposibles.
Johan Rodríguez, de Uccaep, descartó que sea necesario impulsar más leyes. “Costa Rica es el país de la OCDE que tiene más leyes de apoyo a los emprendimientos, hay muchos beneficios y exoneraciones, no necesitamos más leyes, lo que necesitamos es que realmente se apliquen las que ya están”, afirmó.
El mentor de emprendimiento motivó a que más instituciones y municipalidades apliquen el modelo de ventanillas únicas para simplificar trámites y evitar la burocracia.
Por su parte, el director ejecutivo de Uccaep, Jorge Luis Araya, enfatizó la necesidad de aplicar las leyes existentes en aspectos como la seguridad social, los permisos municipales, el acceso al crédito y los reportes tributarios.
Además, motivó a evaluar la aplicación de un “monotributo” para microempresas, es decir, la unificación de la seguridad social y tributación en un único pago. Este, además, podría aplicarse de forma escalonada conforme cada negocio crezca. “Eso favorecería la transición hacia una economía formal”, agregó.
Por su parte, Mauricio Rodríguez, de Cacore, resaltó el trabajo de entidades como el Instituto Nacional de Seguros, “una institución que ayuda a los empresarios y solucionan, consiguen los documentos, basta una llamada”.
Además, Rodríguez rescató una técnica que aplicaron durante la administración Chaves Robles (y esperan continuar en el gobierno de Laura Fernández).
“Nosotros aprendimos que tenemos que llegarles con el paquete completo, con toda la solución, los documentos redactados, el proyecto redactado y listo para presentar, todo. Ellos mismo nos han dicho que nosotros somos los especialistas, por eso, nosotros preparamos los insumos, y ellos se encargan de ejecutarlos. Así se han hecho muchísimos cambios positivos”, afirmó Rodríguez.

Finalmente, Alonso Vargas, de AUGE-UCR, hizo una propuesta para hacer que el sistema sea más amigable con los emprendedores, especialmente los vinculados a sectores tecnológicos y digitales.
“Hay que unificar criterios, ver qué es ser emprendedor, qué es ser emprendedor tradicional, qué es ser emprendedor tecnológico o en innovación, clasificar los emprendimientos, ver que cada uno opera diferente y hacer programas o incentivos de acuerdo al desarrollo y la proyección de cada negocio, no crece ni factura igual una soda que una startup”, consideró Vargas.
A partir de eso, el especialista propone crear un procedimiento de formalización escalonada. Para él, es muy difícil que los emprendedores se formalicen antes de empezar a trabajar, porque no saben si su negocio funcionará. Por eso, sugiere crear un prerregistro de emprendimientos que permita a cada empresa funcionar provisionalmente de forma legal y, en caso de alcanzar ciertos hitos, se inicia el proceso escalonado de formalización permanente.
“Así los emprendedores pueden trabajar, probar, experimentar, ver cómo responde el mercado y hacerlo todo sin el miedo y la incertidumbre de que les cierren la operación”, afirmó Vargas.
