Jacques Sagot. 9 diciembre, 2019

Juan Carlos Rojas quisiera hacernos creer que Saprissa está “en el mejor de los mundos posibles” (Leibniz), y que Centeno es la síntesis de Rinus Michels, Vicente del Bosque, Pep Guardiola y Jurgen Klopp. Durante la pretemporada, Rojas dijo: “yo en ese proceso ni me inmiscuyo”. Pues debió haberse inmiscuido, porque por la víspera se saca el día, y si hubiese reparado en las endebleces estructurales que Saprissa evidenció en esos encuentros, quizás pudo haber prevenido la hecatombe del actual torneo.

En la pretemporada Saprissa perdió contra el Tauro (6-4), el Sporting San Miguelito (2-1), la Liga Deportiva Alajuelense (3-1), el Tampico Madero (2-0) y cerró con un varapalo sonrojante del Morelia (6-2). Ahora nos salen con el cuento de que hay que soñar con un campeonato mundial de clubes… pssst: bastará con que se nos cruce un equipo mexicano para que choquemos con el muro eterno de nuestras aspiraciones. ¡Y se supone que deberíamos estar extáticos por haberle ganado (1-0 y 0-0) a un equipo de potrero como el Motagua, militante de una de las ligas más débiles de la Concacaf, de suyo la confederación más mediocre del planeta!

La verdad de las cosas es que Saprissa jugó un torneo deplorable. Nunca, desde que yo sigo al equipo de mi alma, había visto que le infligieran tres golizas en un solo certamen: contra Santos (4-0), Heredia (4-0) y la Liga (5-2). Los varapalos de esa magnitud eran accidentes que le ocurrían a Saprissa cada diez años, no tres veces en cinco meses. Esto es completamente atípico, anormal, irregular. Con la llegada de Cordero como asistente el equipo se equilibró un poquito, y mostró una ostensible mejoría. Pero esos tres baños de cuero quedarán en la historia de los grandes oprobios propinados a la divisa morada.

Centeno fue un gran futbolista, y es un técnico promisorio, pero es mucho lo que le falta para asir por las bridas y cabalgar a lomos de un cuadro de la alzada y crestería de Saprissa.