Esteban Valverde. 24 enero
Manfred Ugalde es el delantero titular de Saprissa. Fotografía: Rafael Pacheco
Manfred Ugalde es el delantero titular de Saprissa. Fotografía: Rafael Pacheco

Rónald González convocó a Manfred Ugalde, el joven de 17 años que mide 1.71 m y que suma un semestre siendo el trapito de dominguear de los saprissistas, al punto que Juan Carlos Rojas, presidente tibaseño, aseguró que será una venta récord en los últimos ocho años.

Sin embargo, con el juvenil hay que tener cuidado, hay que llevarlo despacio y con buena letra para que no se descarrile en el camino. Bien ha hecho Wálter Centeno, por ejemplo, en confiar en él pese a la aparición de nombres como David Ramírez o Ariel Rodríguez, pero sin ‘agrandarlo’. Aunque sus ocho goles del torneo pasado lo defienden.

A Manfred hay que inyectarle desde ahora una dosis contra quienes hablan al oído y lo hacen creer que está para Balón de Oro. También hay que aislarlo de noticieros y periódicos, porque sí, la prensa en muchas ocasiones en su afán de informar de forma atractiva llega a poner en las nubes a los deportistas. ¡Mea culpa!

Ugalde necesita seguir disfrutando como lo hace hasta ahora en el fútbol, sin necesidad de que le digan mucho más, solo que se divierta. Tampoco hay que engañar y decir que es el nuevo Rolando Fonseca, Paulo Wanchope, Joel Campbell y no sé cuantos nombres más le han puesto. Él tiene calidad, pero como Manfred Ugalde, no como imitación de otro jugador; sus características son diferentes.

Así, el ’17′ de la S cuenta con un buen desplazamiento al espacio, ubicación en el área y, de vez en cuando, con mucho margen de mejora, también puede quitarse a un rival en el uno contra uno. Empero, no posee la habilidad de Joel Campbell, tampoco la zancada de Paulo Wanchope y le faltan miles de kilómetros fútbol para llegarle al olfato goleador de Fonseca.

La aparición de Manfred puso los pelos de punta, porque llegó a refrescar una zona donde los últimos referentes llevaban dos o tres procesos de Selección Nacional. Álvaro Saborío estuvo en Alemania 2006 y de ahí empezó a contar para adelante hasta disputar un cotejo en la última Copa Oro, Marco Ureña se metió para Brasil 2014 y Rusia 2018 y después de ellos no hay mayor recuerdo de una consolidación en ofensiva.

El efecto del juvenil de 17 años, que tiene con qué pelearle a los experimentados de 30 o más y que además se gana un lugar a punta de goles y buenas actuaciones, tiene a muchos atrapados en la burbuja de la ilusión, pero al joven, de todavía edad colegial, le falta lo más difícil: consolidarse.

¿Quién no recuerda a Winston Parks y su impresionante velocidad y físico? ¿El talento fuera de serie de Froylán Ledezma? ¿Se les viene a la memoria Nelson Fonseca, un ’10′ de lujo —hermano de Rolando— que donde ponía la mirada ponía la pelota? Es más, no hay que irse tan lejos: la dorada generación de 2009 contó con el central con mejor biotipo de la historia del fútbol tico, Derrick Johnson, quien con su 1.94 m y buena técnica sobresalía. Ninguno de ellos logró la consolidación esperada. Así, abundan casos y ejemplos.

Manfred ha demostrado estar ubicado, consciente de que vive un proceso y ha tomado buenas decisiones, como mantenerse un semestre más en Saprissa. Ahora el trabajo es de quienes lo guían, máxime en su llegada a la Selección Nacional, donde los reflectores se agrandan y las luces llegan de todo lado.

Por esto es bueno colocar un rótulo: Alerta: No inflar a Manfred Ugalde

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