Antonio Alfaro. 28 noviembre, 2019
Guimaraes junto al resto de su equipo celebrando la victoria ante el Deportivo Cali. Este jueves la escena se repitió ante el Santa Fe. Fotografía: América de Cali
Guimaraes junto al resto de su equipo celebrando la victoria ante el Deportivo Cali. Este jueves la escena se repitió ante el Santa Fe. Fotografía: América de Cali

Con el estadio Pascual Guerrero a reventar, sin derecho a un desaire, con la ilusión de una afición que ha esperado once años el regreso a una final, Alexandre Guimaraes y el América de Cali sellaron el boleto a la disputa del título en Colombia.

Atrás queda un torneo nada fácil para el técnico costarricense. Empezó batallando contra las dudas sobre su capacidad. “Nos tocó trabajar calladitos y demostrar”. Continuó encarando los fantasmas de anteriores torneos. Evadió las críticas de quienes lo llamaron defensivo a mitad del camino. “Hoy están igualmente abrazados celebrando esta clasificación. Con eso me basta y sobra”. Terminó echando mano a su experiencia para ganarle al triunfalismo de la afición en este cierre de torneo. “Yo soy el que tengo que poner la paz y servir de escudo a los jugadores".

Esa batalla aún no termina de darla y lo recuerda recién finalizado el juego que le dio la clasificación, el 2 a 0 sobre Santa Fe. “Aún nos falta”, recuerda Alexandre Guimaraes, en una conferencia de prensa en la que uno tras otro los periodistas iniciaron su intervención con un “lo felicito”. Lo felicito por el logro, lo felicito por el don de gente, lo felicito por el trato...

No le fue sencillo llegar a tantas felicitaciones. Si al inicio de temporada reinaban las dudas sobre un técnico venido de la Concacaf, una inquietud que el propio Guimaraes considera lógica, ahora el rival es la gran expectativa y las ilusiones al tope.

Ante unos 40 mil aficionados de dientes apretados, uñas comidas y tirones de cabello, el cuadro dirigido por el costarricense supo librar una batalla intensa, más física que técnica, más táctica que emocionante, de pelota dividida, de músculo y garra.

El triunfo, forjado con insistencia y casi 70 minutos de lucha por la apertura del marcador, le permitió al América conservar el primer de la cuadrangular B y sellar el boleto a la final contra el Junior de Barranquilla, ganador de la cuadrangular A.

Los goles de Matías Pisano, en el 68, y de Michael Rangel, en el 73 —con un tanto anulado al Santa Fe en medio de ambos festejos americanistas—, trajeron sosiego a un equipo que llegó al cierre de la segunda fase con apenas un punto de ventaja sobre el rival de turno y sin derecho a caer en casa. La fiesta se habría convertido en velorio.

“Las 40 mil personas y nosotros terminamos agarrados de la mano para sacar el resultado”, reconoció el técnico recién finalizado un partido en el que imperaba defenderse bien.

Lo suyo no es un juego vistoso, "pero sí resultadista”, había señalado minutos antes el comentarista de la radio cafetera Colombia Estereo.

“Tan malo no soy”, expresó sonriente Guimaraes, justo antes de dar el crédito al convencimiento de los jugadores y al respaldo de los dirigentes en los momentos difíciles, en una conferencia que le recordó los cuestionamientos del año y los festejos del presente.

Atrás quedan grandes cuadros, con técnicos de renombre como Jorge Luis Pinto y Juan Carlos Osorio, al margen de la disputa del título, esa serie a doble partido con inicio el domingo en Barranquilla, a las 5 p. m., y final una semana después en Cali.