
Las madrugadas dejaron de ser solo para entrenar. El deseo de representar a Costa Rica pudo más que el cansancio y el sacrificio de dos atletas costarricenses que se las ingeniaron para emprender y alcanzar sus objetivos.
La taekwondista Neshy Lindo Álvarez, quien representó al país en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, y su compañero Alejandro Flores Rodríguez, hijo del actor nacional Magdiel Flores, conocido como Chibolo, encontraron en la venta de tortillas una oportunidad de financiamiento fijo.
Neshy recurrió a la receta de su abuelita para empezar a comercializar tortillas de queso junto a Alejandro. En dos semanas vendieron más de 600 unidades, con el fin de reunir el dinero que les permitiera competir en el US Open de Estados Unidos, en marzo próximo.
Aunque tuvieron que sacrificar horas de entrenamiento e incluso de descanso para lograr las ventas necesarias, ambos coinciden en que valió la pena, pues era la única manera de obtener los recursos para participar en eventos que otorgan puntos rumbo a competencias del ciclo olímpico.
Sin embargo, en medio de la zozobra, encontraron un aliado inesperado que les tendió la mano cuando menos lo esperaban.
“Hace como un año, Alejandro y yo habíamos vendido tortillas para recaudar dinero y hacer un campamento en México como preparación para los eventos del 2025. No era un proyecto tan grande, pero al final logramos el dinero y pudimos asistir”, comentó Lindo.

Las tortillas de la abuela
Aquella experiencia los motivó a intentarlo nuevamente para reunir los fondos y asistir al US Open de taekwondo, la primera semana de marzo.
Aunque el Comité Olímpico y el Icoder los financian para asistir al Open de Canadá este fin de semana, no contaban con el dinero para viajar a Estados Unidos, por lo que retomaron la venta de tortillas para completar lo que les hacía falta.
“No nos quedó otro camino que volver a hacer tortillas. Nuevamente hicimos ruido al publicarlo en nuestras redes sociales para que la gente se animara a comprar y así recaudar los fondos”, explicó.
Neshy confesó que la receta es de su abuelita, Hilda Montoya, quien le enseñó el secreto para poder comercializarlas.
“Siempre he dicho que son las mejores tortillas que me he comido. Le pedí la receta y que me explicara cómo las hacía y la cantidad de ingredientes que utilizaba. Hicimos pruebas, aprendí a usar la masa, comenzamos a hacerlas y venderlas y, por dicha, nos fue muy bien”, agregó.
Las tortillas se vendían a ₡1.000 y con extra queso a ₡2.000. Como marca registrada para su negocio las nombraron ‘Las tortillas de la abuela’.
“Alejandro y yo vendimos unas 600 tortillas. Nos levantábamos a las 4 a.m. para preparar la masa, vender tortillas y, a eso de las 6 a.m., nos íbamos a los entrenamientos. Por la tarde volvíamos a hacer tortillas para los pedidos pendientes. Era muy duro, pero valía la pena el esfuerzo”, añadió.

La ayuda inesperada lo cambió todo
La taekwondista, de 23 años, aseguró estar sumamente agradecida por las muestras de cariño y el apoyo de la gente, pues no lo esperaban.
“Mi teléfono colapsó. La gente me llamaba, me enviaba mensajes para hacer pedidos y hasta se me acabaron los datos. Fue una locura, pero estamos muy agradecidos. Muchas personas nos decían que los atletas no deberían estar en eso y, aunque fue muy cansado, valió la pena”, aseguró Lindo.
La atleta confesó que sabían que no tenían otro camino más que hacer ese sacrificio y que, cuando incluso parecía que no iban a lograrlo, una empresa los contactó para ayudarles a cubrir todos los gastos.
“A pesar del esfuerzo, aún nos faltaba bastante dinero y, aunque estábamos trabajando sin parar y a veces ni siquiera almorzábamos, el tiempo nos estaba ganando y nuestro viaje era incierto”, afirmó.
No obstante, la ayuda llegó en el momento más indicado, cuando estaban entre la espada y la pared.
“Me contactó la empresa Corporativa Pura Vida. Nos reunimos la semana pasada con ellos y nos manifestaron que nos iban a apoyar, que se encargarían de que no nos faltara nada, empezando este año con el US Open, por lo que ya no teníamos que vender tortillas y solo debíamos preocuparnos por entrenar”, concluyó Lindo.
