
La discusión sobre las elecciones municipales del 2028 ya empezó a tomar forma, a pesar de que faltan dos años para esos comicios. El contundente triunfo del chavismo en las votaciones nacionales del pasado 1.° de febrero —con Laura Fernández a la cabeza— aceleró los cálculos políticos en los cantones, donde alcaldes, partidos y analistas comienzan a proyectar escenarios de continuidad y disputa por el poder local.
En ese tablero, una de las variables clave es la posibilidad de reelección de los actuales alcaldes que se alinearon con el proyecto político impulsado por el presidente Rodrigo Chaves. No todos, sin embargo, podrán intentarlo.
El límite a la reelección
Desde abril del 2022 rige la Ley 10.183, una reforma que puso fin a la reelección indefinida de alcaldes y otras autoridades municipales. La norma establece que los jerarcas locales solo pueden reelegirse de forma consecutiva en una ocasión. Si lo hacen, deberán esperar ocho años antes de postularse nuevamente a cualquier cargo municipal.
El objetivo fue eliminar prácticas arraigadas en algunos cantones, donde una misma persona llegó a mantenerse en el poder por más de dos décadas.
Bajo ese marco, la mayoría de los alcaldes que migraron hacia el chavismo sí tendrían margen para buscar la reelección en el 2028. Sin embargo, hay excepciones claras.
Los que no podrán repetir

De los 19 alcaldes que abandonaron sus partidos para respaldar al oficialismo, tres ya alcanzaron el límite permitido por la ley y no podrán postularse nuevamente de forma inmediata.
Se trata de José Miguel Jiménez Araya, alcalde de Río Cuarto (Alajuela); Jorge Antonio Acuña Prado, de Barva (Heredia); y Erick Jiménez Valverde, de Oreamuno (Cartago).
En estos casos, aunque mantengan afinidad política con el chavismo, deberán salir del escenario electoral municipal en el 2028, o bien esperar el periodo de ocho años que exige la normativa para regresar a la contienda.
Ventaja para el resto
El panorama es distinto para el resto de alcaldes que se sumaron al proyecto oficialista. La mayoría sí podrá aspirar a un nuevo periodo, lo que los convierte en piezas clave dentro de la estrategia territorial del chavismo con miras a las próximas elecciones municipales.
La migración masiva de alcaldes antes de los comicios nacionales del 2026 permitió al oficialismo construir una base territorial que no había logrado consolidar en procesos anteriores, pues el movimiento no contó con una estructura partidaria sólida en las elecciones municipales del 2024.
En aquel momento, los intentos de competir por las alcaldías fracasaron. El partido Aquí Costa Rica Manda (ACRM) quedó fuera de la contienda por incumplir el principio de paridad de género, mientras que el Partido Pueblo Soberano (PPSO) tampoco logró participar, por la misma razón.
A falta de una plataforma propia, el chavismo terminó apoyándose en liderazgos locales ya posicionados, muchos de los cuales hoy forman parte de su red de apoyo territorial.
El peso del resultado electoral
De acuerdo con una revisión hecha por La Nación, tras los comicios del 1.° de febrero, el PPSO ganó la totalidad de los cantones donde los alcaldes habían anunciado su adhesión al chavismo en los meses previos.
Los cantones ubicados en el Valle Central fueron los que tuvieron menores porcentajes de votos para Pueblo Soberano, mientras que en otros, como Buenos Aires, el cantón Central de Limón, Guácimo, Coto Brus y Guácimo, el respaldo a la candidata fue de entre 65% y 70%.
El caso más emblemático es el de Buenos Aires, donde la alcaldesa Margoth Mora —la primera en romper con su partido para apoyar al chavismo— contribuyó a que la candidata oficialista alcanzara el 70,2% de los votos, el porcentaje más alto a nivel nacional.
Tras la victoria en las urnas, la cifra de alcaldes afines aumentó. El de Oreamuno, Erick Jiménez, anunció su renuncia al Partido Unidos Podemos (UP). Consultado por este medio, el jerarca local confirmó su “total afinidad” con las líneas de trabajo tanto del gobierno de Rodrigo Chaves como de la presidenta electa, Laura Fernández.
Cálculos de supervivencia política
Para analistas, este comportamiento responde menos a lealtades partidarias y más a incentivos electorales. En un contexto de debilitamiento de los partidos tradicionales y de baja identificación ciudadana, los alcaldes priorizan plataformas que maximicen sus posibilidades de mantenerse en el poder.
La posibilidad de reelección en el 2028 refuerza esa lógica. Aquellos que aún tienen margen legal para competir podrían optar por mantenerse cerca del oficialismo si consideran que esa alianza les garantiza mejores condiciones electorales.
A esto se suma el diseño mismo de las elecciones municipales, donde la clave no está en obtener grandes mayorías, sino en movilizar bases organizadas en un escenario de baja participación.
Mientras tanto, los partidos tradicionales y emergentes ya afinan estrategias para evitar una nueva ola de derrotas en los cantones. En un contexto marcado por la movilidad política y el pragmatismo electoral, la batalla por las alcaldías comenzó mucho antes de lo previsto.
