A Yara Jiménez nadie la vio venir. Ni en los corrillos legislativos, donde los nombres se repiten como un eco predecible, ni en las quinielas políticas que suelen anticipar quién ocupará la silla más codiciada del Congreso. En una fracción cargada de figuras de peso —un expresidente legislativo, exministros, operadores cercanos al poder— su nombre no aparecía en las apuestas.
Los favoritos eran otros: el pastor evangélico Gonzalo Ramírez, con la experiencia de haber presidido el Congreso (2017-2018); Nogui Acosta, exministro de Hacienda; o José Miguel Villalobos, abogado personal del presidente Rodrigo Chaves. Todos con trayectorias visibles, todos con capital político acumulado. Pero la política, como pocas veces, decidió romper el guion.
La abogada y notaria de 52 años, incluso dentro de su propio partido, era una candidata improbable.
No lideraba ninguna provincia. Mientras Acosta encabezaba la papeleta por San José y Villalobos hacía lo propio en Alajuela, Jiménez ocupaba el tercer lugar por Cartago. En la lógica tradicional de la política costarricense, donde el peso electoral y la visibilidad territorial suelen marcar la ruta hacia los puestos de mayor poder, su posición la colocaba varios pasos atrás.
Desde el salón del Consejo de Gobierno

El punto de inflexión ocurrió lejos del plenario, en un espacio que para Jiménez no tiene nada de ajeno: el salón de sesiones del Consejo de Gobierno. Ahí, donde durante cuatro años se movió con naturalidad como Secretaria General, se terminó de sellar su destino político. En esa reunión —con la fracción electa de Pueblo Soberano, el presidente Chaves y la futura mandataria Laura Fernández— se disiparon las dudas. La apuesta estaba hecha.
No hubo semanas de negociación, ni pulsos internos, ni concesiones a otras bancadas. La elección de Jiménez no se parece a las de sus antecesores. Con 31 escaños en la Asamblea Legislativa, el oficialismo no necesitó negociar. Le bastaba con decidir. Y decidió.
Así, sin el desgaste de la política tradicional, Yara Jiménez llegó a la presidencia del primer poder de la República.

Una historia que empieza lejos del poder
Su historia, sin embargo, empezó muy lejos de esos salones de poder.
Nació el 14 de noviembre de 1973 en San Rafael Arriba de Desamparados, en una Costa Rica donde abrirse camino implicaba, muchas veces, apoyarse en redes familiares más que en privilegios. En su propio relato —consignado en la hoja de vida que presentó al Tribunal Supremo de Elecciones (TSE)— aparecen dos figuras clave: su madre, Elieth Fallas, quien le ayudó a cuidar a sus tres hijos de manera incondicional; y su tía, Lidia Jiménez, que no solo la apoyó económicamente en sus primeros años, sino que le ofreció consejos que, según reconoce, marcaron su rumbo.
Esa combinación de respaldo y esfuerzo personal se convirtió en su sello.
Alrededor de 1995, cuando aún era una joven profesional, consiguió su primer empleo como asistente en la Asesoría Jurídica del Banco Central. El entrevistador le dijo que su dominio del inglés había sido decisivo para contratarla.
Ella recordó cómo, desde muy joven, pensó que este segundo idioma sería una herramienta que le ayudaría. Así lo relató la misma Jiménez en la biografía que remitió al TSE.
Después vino el Ministerio de Hacienda. Nueve años en la Dirección General de Aduanas, en un periodo de transformación profunda, donde participó en la transición de procesos físicos a sistemas digitales en el Sistema Aduanero Nacional. Fue un cambio de paradigma para el país, y ella estuvo ahí, en la trastienda técnica de una reforma silenciosa pero estructural.
Más adelante, su carrera continuó en la Tesorería Nacional, también como abogada, en estrecha colaboración con el despacho ministerial. Era un perfil técnico, constante, más cercano a los engranajes del Estado que a los reflectores.
Del bajo perfil a la cima del chavismo
Hasta que llegó el 2022. Rodrigo Chaves, el mandatario y exministro de Hacienda con quien Jiménez ya había trabajado, le abrió una puerta decisiva: el mismo día del traspaso de poderes, el 8 de mayo, la nombró Secretaria General del Consejo de Gobierno. Desde esa posición —una de las más cercanas al núcleo del Ejecutivo— no solo fue testigo del poder, sino parte de su funcionamiento cotidiano.
También asumió la jefatura de la Unidad Asesora de la Propiedad Accionaria del Estado y la Gestión de las Instituciones Autónomas, un cargo técnico, pero estratégico, que la consolidó como una figura de confianza dentro del círculo presidencial.
Un hito político y simbólico
Su llegada a la presidencia legislativa no solo rompe con los pronósticos políticos. También marca un hito simbólico.
Por primera vez en la historia del país, dos mujeres liderarán simultáneamente los poderes Ejecutivo y Legislativo. Un hecho que no ocurrió ni siquiera durante la administración de Laura Chinchilla, la primera mujer en ocupar la Presidencia de la República, cuando el Congreso rotó su liderazgo exclusivamente entre hombres.
Laura Fernández lo resumió con una mezcla de orgullo y reivindicación:
“Se me hincha también el pecho de orgullo de saber que es una mujer como cualquier otra de Costa Rica, de las que nos levantamos temprano, tenemos hijo, esposo, que estudiamos con beca, que no nos arrugamos ante los retos, que no nacimos con corona y que nos hemos forjado un camino profesional a punta de trabajo muy duro”.
A su lado, hay un equipo también definido sin concesiones: Esmeralda Britton en la vicepresidencia; el pastor evangélico Gerald Bogantes y Reynaldo Arias en las secretarías; la pastora evangélica Kattia Mora y Nayuribe Guadamuz en las prosecretarías. Todos elegidos bajo la misma lógica: cohesión interna antes que negociación externa.
Una figura discreta, pero no invisible

Si bien la figura de la Secretaría General del Consejo de Gobierno rara vez queda bajo los reflectores —es un cargo que opera en la bisagra entre lo político y lo administrativo, más cerca de la toma de decisiones que de la exposición pública—, el nombre de Yara Jiménez no era desconocido. Su rol ya había sufrido el escrutinio político y su nombre figurado en reportes de noticias
El 26 de enero pasado, por ejemplo, compareció ante la Comisión de Ingreso y Gasto Público de la Asamblea Legislativa. Su convocatoria respondió a menciones sobre su figura en audiencias relacionadas con el intento del gobierno de ceder el proyecto vial Barranca-Limonal a la empresa mexicana Tradeco.
No era la primera vez que enfrentaba cuestionamientos en sede legislativa. En julio de 2025, Jiménez fue interpelada por el proceso de nombramiento de la Junta Directiva temporal del Banco Nacional, tras la destitución del pleno de directivos anteriores. Su rol, en ambos episodios, la colocó en el centro de discusiones políticas sensibles, aunque siempre desde un cargo que, por naturaleza, suele mantenerse en segundo plano.
