
La confrontación verbal, los insultos y las descalificaciones contra adversarios distan de ser recientes en la política costarricense. Un análisis de La Nación identificó este tipo de expresiones en las conferencias de prensa del Poder Ejecutivo entre 2022 y 2026, pero la historia registra antecedentes desde mucho antes.
El historiador David Díaz Arias, de la Universidad de Costa Rica (UCR), ubica uno de los paralelismos más cercanos en José Figueres Ferrer. “Alguien que llevó eso a un nivel casi similar al de Rodrigo Chaves fue José Figueres Ferrer en el periodo 70-74”, afirmó.
También podría encontrarse un paralelismo en la confrontación con otros poderes y sus contrapesos. Como ejemplo, Figueres salió del país varias veces sin autorización de la Asamblea Legislativa y llamó “pobres profesorcillos” a académicos que lo cuestionaron por sus vínculos con Robert Vesco.
Esas actuaciones de Figueres fueron tema de propaganda electoral. Un campo pagado del Partido Unificación Nacional publicado por La Nación el 21 de enero de 1970 mostraba una caricatura del candidato junto a la frase: “Téngale cuidado al mal carácter de este hombre. Medite muy bien su voto”.
Un año después, ocurrió otro episodio. Según publicó el San Francisco Chronicle el 17 de febrero de 1971, Figueres abofeteó a un estudiante que le gritó cuando salía de una actividad en la Universidad de Costa Rica. El periódico recogió esta explicación del mandatario: “Ciertamente yo me encolericé y, como buen padre de familia, le di una bofetada, porque considero que entre mis deberes está el de educar”.
El episodio también coincide con el relato de Díaz, quien recordó que Figueres golpeó en el rostro a un estudiante tras considerar ofensivo un chiflido.
Larga historia
Figueres tampoco constituye el primer antecedente. Díaz ubica usos de lenguaje despectivo durante el periodo de Rafael Iglesias, entre 1894 y 1902. En la década de 1940 se extendieron epítetos como “sapos”, “culebras” y “monstruos” para referirse a opositores. El historiador señala que las expresiones se endurecieron conforme aumentó el conflicto político.
Para Díaz, parte del paralelismo actual se relaciona con la figura del “hombre fuerte”. “Esa idea del hombre fuerte que ofende, que en principio no tiene miedo a expresar lo que piensa, tiene rédito”.
“Rodrigo Chaves es un arquetipo patriarcal en versión resumida. Es decir, es como un macho alfa costarricense”, coincidió Sandoval.
Algunas semejanzas entre ambos estilos podrían no ser casuales. “Yo creo que, a propósito, ha sido reproducida por Chaves”, afirmó Díaz sobre la forma de actuar de Figueres. El historiador planteó como una posibilidad que ese antecedente histórico haya sido conocido y tomado en cuenta en el entorno del expresidente.
El regreso del ‘anticomunismo’ y la ‘guerra cultural’
Las referencias al comunismo forman parte del lenguaje político actual. Durante el gobierno de Rodrigo Chaves y, posteriormente, en el de Laura Fernández, se han registrado distintas menciones al comunismo para descalificar o señalar a adversarios políticos.
En mayo de 2023, Chaves afirmó que “los comunistas son por definición hipócritas y mentirosos”. En 2026, Fernández habló de “otra mentira del comunismo que ojalá se desapareciera de Costa Rica” al cuestionar posiciones sobre un proyecto de armonización eléctrica. Estos son solo dos episodios que ilustran un conjunto más amplio de referencias.
El “anticomunismo” estuvo presente décadas atrás. Un campo pagado del Partido Liberación Nacional, publicado en La Nación el 21 de enero de 1970, lo presentaba como una amenaza y pedía confiar en José Figueres Ferrer para enfrentarlo.
Carlos Sandoval identifica una reaparición de esas etiquetas en el lenguaje político actual en “una especie de regreso a un pasado que parecía haberse quedado en los tiempos de la Guerra Fría y ha regresado con mucha fuerza”.
¿Por qué estos discursos encuentran espacio otra vez?
Un de los factores que pesa en el retorno de estas manifestaciones en la política es el contexto internacional. “Costa Rica es una réplica, en las circunstancias específicas del país y a la escala de un país muy pequeño, de un escenario internacional muy parecido”, explicó Sandoval. El académico encuentra expresiones similares en América del Sur, Estados Unidos y Europa.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, es un ejemplo de las figuras que utilizan expresiones despectivas contra sus adversarios. “Ese contexto internacional de alguna manera legitima el contexto local”, sostuvo Díaz, quien asegura que ese entorno permite que reaparezca la figura del presidente como caudillo que utiliza epítetos contra sus opositores.
A esto se une otro elemento: la poca experiencia de los partidos actuales frente a ese tipo de confrontación. Díaz explicó que generaciones actuales de políticos se formaron en un contexto que privilegiaba un lenguaje inclusivo y evitaba determinados epítetos contra los adversarios.
“El Partido Unidad Social Cristiana no tiene experiencia en ese tipo de política”, afirmó. El Partido Liberación Nacional la tuvo, pero el viejo Partido Liberación Nacional”, comentó.
