
FIRMAS PRESS.- El discurso del Estado de la Unión que pronunció el presidente Donald Trump fue tan largo como lleno de falsedades. En verdad, fue el discurso del Estado de la Unión más largo de la historia de Estados Unidos; todo un récord.
Se supone que esa esperada alocución presidencial al país sea un evento de búsqueda de unidad nacional, una oportunidad para que el mandatario destaque lo que une a los estadounidenses, sus logros, sus problemas comunes, sus planes y sus deseos.
Pero el martes pasado, Trump volvió a proyectarse como un líder que divide en vez de unir. Atacó a los demócratas; no escatimó –como de costumbre– críticas destructivas al gobierno de su predecesor, Joe Biden, y volvió a expresar uno de sus temas favoritos: la inmigración –específicamente la inmigración que procede del sur global– como una amenaza. No presentó la inmigración como un fenómeno humano complejo, motivado por causas económicas o políticas, o ambas. La presentó como un peligro.
De nuevo, como ha hecho repetidamente desde su periodo anterior en la Casa Blanca, Trump insistió en vincular la inmigración con el índice de criminalidad en el país. Numerosos estudios demuestran que entre los inmigrantes –incluidos los indocumentados– las tasas de delitos son mucho más bajas que entre los nacidos en Estados Unidos. Pero, como es sabido, Trump nunca permite que la realidad le estropee un discurso.
Establecer un vínculo entre inmigración y nivel de delitos es una apelación poderosa al miedo y también al racismo. El propósito de esta falsedad desmentida por estudios académicos y por cifras oficiales es moldear las percepciones de la gente, fortalecer el apoyo a Trump, que se presenta de esa manera como un campeón de la identidad estadounidense como él la ve, y un defensor denodado de las fronteras frente a la “invasión” de los inmigrantes que cruzan el río Grande, frente a los “bad hombres” que evaden los controles fronterizos para, según la narrativa falaz de Trump, traer drogas y crimen.
En su retórica xenófoba, Trump arremete contra millones de inmigrantes que dan con su trabajo un enorme aporte a la economía y a la sociedad estadounidense: trabajadores de la construcción, personas que cuidan ancianos, empleados de hoteles, agricultores, pequeños empresarios. Son personas que forman familias, pagan impuestos, costean viviendas, se integran a la comunidad y la enriquecen económica y culturalmente.
También es alarmante su vieja afirmación, repetida en el discurso del Estado de la Unión, de que muchas personas que no tienen la ciudadanía votan en las elecciones. Esa acusación es falsa; sin embargo, cumple el objetivo de sembrar la duda entre los electores y hacerles creer que los demócratas quieren abrir las fronteras para ganar el voto de los inmigrantes. Nada más lejos de la realidad, pero Trump sabe que la repetición constante de una afirmación hace que se perciba como más verdadera, independientemente de su veracidad.
Las consecuencias de las políticas de Trump contra la inmigración son peligrosas, debilitan la democracia y ponen en peligro la seguridad y hasta la vida no solo de inmigrantes indocumentados, sino también de personas con residencia legal y hasta de nacidos en Estados Unidos, como evidencian las operaciones de la Policía de Inmigración (ICE) lanzadas en varias ciudades norteamericanas, todas gobernadas por demócratas: Mineápolis, Nueva York, Los Ángeles, Chicago. Es significativo que en su discurso, Trump no mencionara el asesinato a tiros de dos estadounidenses, Renee Nicole Good y Alex Pretti, a manos de ICE.
Desde sus orígenes, Estados Unidos ha sido una nación de inmigrantes. El propio Trump es hijo de una inmigrante escocesa y nieto de alemanes. Desde el siglo XIX, cada oleada de recién llegados de diversas partes del mundo fue recibida con prejuicios por algunos, pero esas personas que vinieron en busca de una vida mejor trajeron un aporte decisivo que fortaleció la economía del país y moldeó la identidad nacional.
Lejos de ser una amenaza, la inmigración es un pilar esencial de Estados Unidos. En su largo discurso, Trump, lamentablemente, no reconoció esa verdad fundamental, sino que intentó ocultarla con mentiras.
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Andrés Hernández Alende es un escritor y periodista radicado en Miami. Sus novelas más recientes son ‘El ocaso’ y ‘La espada macedonia’, publicadas por Mundiediciones.