
La semana pasada, atendimos la invitación de un par de amigos muy queridos a cenar a Escazú.
Ustedes comprenderán que ir ahí constituye toda una experiencia para un cartucho cédula 3, como yo, emigrado a Platanares de Moravia, que vive en la montaña y está acostumbrado a un casadito con bisté, gallito de arracache, fresquito de horchata y heladito de sorbetera.
Desde que se pasa el peaje de la ruta 27, uno nota que el idioma oficial ha de ser el inglés. Por un momento, pensé que me iban a pedir el pasaporte o un salvoconducto para poder seguir.
Necesitaba echarle gasolina al carro y lo único que me encontré fue un Fill’n Go. Diay, tenía cara de gasolinera, ¡así que me metí encomendado a Tatica Dios!
Llegar a un centro comercial del oeste de la capital puede ser complicado. Para empezar, hay una cuestión que se llama valet parking. Resulta que si uno tiene una tarjeta de crédito de tal color, entonces aparece un muchacho y se ofrece a parquear el chunche. De forma muy sincera, tuve que decirle: “Vea muchacho, yo vengo de Platanares y ahí no sabemos qué es eso. Mejor me dice dónde me puedo estacionar y llevarme mis llaves. Por mí no se preocupe”..
Luego, me encontré un rótulo que decía "Drop off - 2 min. max.“.
Imagino que significa: “Apéese rapidito y no se quede aquí atravesado”.
Al lado derecho del rótulo, estaba la entrada del parqueo. Me quedé boquiabierto viendo los carros que estaban estacionados.
Nos pusimos a caminar por el lugar y de inmediato notamos que casi no había nada escrito en castellano.
De hecho, había un mural muy bonito que decía: “Escazú, you look gorgeous today!”. Le pregunté a mi esposa y ella me dijo: “¡Diay, seguro es que aquí todo es relindísimo!”.
Además, vimos un montón de rótulos anunciando el “jalogüín” y los sales del shopping weekend.
Yo no entendía qué era eso del 50% off, hasta que me dijeron que así le dicen aquí a algo que tiene descuento. ¡Ve vos!
El lugar es muy amplio y hay un espacio para salir a caminar con la mascota. En un área especialmente designada para ello, había una indicación en la que se leía: “Pick up after your pet”.
Lo único que se me ocurrió, al ver las bolsas plásticas, es que si el zaguatillo “hace una gracia”, por decencia le toca a uno recoger los desechos.
Entramos al restaurante y quedamos fascinados con la decoración del lugar. ¡Por dicha, me bañé, me puse un saco y un pantalón sin huecos ese día!
A continuación, la conversación entre el mesero (M) y yo (A).
M: Buenas noches, caballero, ¿ya están listos para ordenar una entradita?
A: Sí, señor, ¿cuáles son los taquitos de aquí que todo mundo recomienda?
M: Claro, señor, son los spring rolls. Traen varias opciones de aderezo, entre ellos honey mustard, que es el que le recomiendo.
A: Pura vida, traete los rollitos esos.
M: Para tomar, le ofrezco la recomendación de la casa, el agua fresca de watermelon. Estamos poniendo a su disposición las frutas de temporada.
A: O sea, eso es lo que nosotros llamamos fresquito de sandía en Cartago.
M: Sí, señor, es algo parecido, pero hay diferencias entre un fresco, un smoothie y un agua fresca. El diseño con el watermelon fue hecho por nuestro chef ejecutivo.
A: Ya voy entendiendo. ¡Así es la cosa!
A: Otra pregunta: de estos platos del menú, ¿cuáles son picantes?
M: Vea, los que pican son el spicy chicken y el pork. Yo probé el pork y, en efecto, es un poquito spicy, pero no tanto.
A: Es que yo no le entro al picante, señor. Soy quitado para eso.
M: En ese caso, señor, le recomiendo mejor el beef. Viene con una cama de salad, vegetales y spicy rice, pero si quiere el rice, se lo traigo normal.
A: ¡No se diga más!
Después del colocho mental que representó pedir la comida, nos trajeron los puntalitos. En honor a la verdad, estuvo bastante bien. No podríamos quejarnos. Nos trataron excelente y el servicio fue impecable.
M: ¿Cómo estuvo su comida? ¿Todo bien? ¿Desean algún postrecito?
A: Sí, señor, ¡por supuesto! Siempre queda espacio para un pecadito. Cuénteme qué tienen disponible, por favor.
M: Le ofrezco apple crunch, banana roll o bien, una copa de ice cream del sabor que escoja.
Diay, yo pedí el de manzana y no me equivoqué. Estaba exquisito.
Terminada la cena, salimos a caminar otro rato, aprovechando que no llovía. Definitivamente, fue toda una experiencia.
Para despedirme, quiero aprovechar la oportunidad para agradecerle a Ivonne, Celina y Marco Luis, mis profesores de Inglés, porque si no hubiera sido por ellos, ¡no le habría entendido al mesero lo que me iba a comer!
aarley@medicos.cr
Andrés Arley Vargas es médico urólogo y presidente de la Asociación Costarricense de Cirugía Urológica.
