
Cada 8 de marzo, hablamos de igualdad y de derechos. Y es necesario. Pero si queremos transformar Costa Rica de forma sostenible, debemos hablar también de algo más concreto: autonomía económica. Porque hay una verdad que he visto repetirse una y otra vez: cuando una mujer tiene control sobre sus finanzas, cambia su vida… y, con ella, cambia el país. No es un discurso simbólico. Es economía. Es desarrollo.
Costa Rica ha avanzado, pero las brechas persisten. En 2025, según datos oficiales del INEC, la tasa de participación laboral femenina fue de 42,5%, frente a 67,2% en los hombres, y el desempleo continuó afectando más a las mujeres. Detrás de estas cifras, hay mujeres que sostienen hogares, asumen tareas de cuido, emprenden en condiciones desiguales y, aun así, administran con enorme responsabilidad la economía diaria de sus familias.
Por eso, hablar de finanzas con enfoque de género no es hablar de privilegios, sino de justicia económica.
A nivel global, el acceso financiero de las mujeres ha crecido, impulsado por la digitalización. Sin embargo, persisten rezagos importantes: en economías de ingreso bajo y medio, las mujeres siguen siendo menos propensas a usar servicios financieros digitales, lo que limita su autonomía.
Hoy, una cuenta no es solo un producto bancario: es acceso a oportunidades, protección, ahorro, crédito y futuro. Pero la inclusión real no se mide por abrir una cuenta, sino por poder usarla con seguridad e información.
Aquí es donde el rol de un banco con mandato social resulta clave. A través de Banco Popular Empresarias, más de 1.800 mujeres han impulsado sus negocios, con una colocación superior a ¢50.000 millones. A ello se suma una alianza reciente con la Agencia Francesa de Desarrollo, que permitirá canalizar $25 millones adicionales para fortalecer la autonomía económica de las mujeres en Costa Rica. La lección es clara: el crédito transforma cuando viene acompañado de educación financiera, redes, confianza y soluciones pensadas para la vida real.
Un actor clave que merece especial atención es la mujer joven. Hoy vemos a una nueva generación decidida a romper techos invisibles, a emprender con propósito, a formarse financieramente desde edades tempranas y a proyectar su vida con visión de largo plazo. La joven que abre su primera cuenta, que inicia un emprendimiento digital, que aprende a invertir o que decide formalizar su idea está sentando las bases de una economía más dinámica, innovadora e inclusiva. Apostar por su libertad financiera no es solo una oportunidad: es una inversión estratégica en el futuro del país.
El futuro se construye a partir de decisiones como abrir una cuenta sin barreras, formalizar un emprendimiento, separar las finanzas del negocio y del hogar, ahorrar, invertir en una idea. En banca, hablamos de montos; en la vida real, esos montos significan dignidad, tranquilidad y oportunidades.
Desde el rol que hoy me corresponde, reafirmo mi compromiso de impulsar finanzas que entiendan la realidad de las mujeres, simplifiquen procesos, acompañen trayectorias, protejan el esfuerzo y midan su impacto más allá de los números.
Gina Carvajal Vega es gerenta general corporativa del Banco Popular y de Desarrollo Comunal.