
“Su seguridad está primero” ("Safety is first") es un concepto ampliamente utilizado para transmitir plena confianza a terceros: la certeza de que todo lo que se hace cumple estándares rigurosos y está orientado, ante todo, a proteger la vida y la integridad de las personas.
En Costa Rica existió, en otra época, la figura del personal técnico vinculado a la anestesia (asistentes o técnicos de anestesia), especialmente cuando la oferta de médicos anestesiólogos era limitada y la cobertura quirúrgica requería apoyo operativo en quirófano. La anestesiología, sin embargo, evolucionó de manera importante como especialidad médica. La Universidad de Costa Rica formalizó su formación especializada en 1980, aunque la práctica anestésica en el país venía desarrollándose desde mucho antes.
Este modelo comenzó a desaparecer por una transformación natural del sistema de salud.
Primero: la profesionalización de la anestesiología
La anestesia moderna dejó de entenderse como un acto meramente técnico para convertirse en un manejo médico integral del paciente perioperatorio: control de la vía aérea, estabilidad hemodinámica, farmacología crítica, manejo del dolor, cuidados intensivos y respuesta inmediata ante complicaciones potencialmente fatales. Esto hizo que el estándar migrara hacia médicos especialistas con formación formal y altamente especializada.
Segundo: la seguridad del paciente
A medida que la cirugía se volvió más compleja y aumentaron los estándares internacionales de monitoreo y seguridad, disminuyó la aceptación de modelos donde personal no médico administrara anestesia de manera autónoma. En Costa Rica, como en muchos otros países, el enfoque regulatorio evolucionó hacia considerar el acto anestésico como una responsabilidad eminentemente médica.
Tercero: la regulación profesional y legal
Muchas funciones que antes eran consideradas operativas fueron redefinidas para evitar invasión de competencias médicas y reducir riesgos de error o mala praxis.
Cuarto: la formación local de especialistas
Conforme el país incrementó su capacidad de formar anestesiólogos, disminuyó la dependencia de modelos creados para suplir carencias de otra época.
Hoy, sin embargo, pareciera que, para algunos tomadores de decisiones, la respuesta ante la falta de anestesiólogos sería retroceder 40 años y retomar figuras, en una época en que los pacientes son significativamente más complejos, con mayores comorbilidades y cirugías cada vez más demandantes.
Administrar anestesia no consiste simplemente en sedar a una persona y colocar un tubo endotraqueal. Esa visión desconoce la enorme complejidad del acto anestésico.
Cabe preguntarse: si Costa Rica hoy cuenta con anestesiólogos altamente capacitados, formados bajo estándares académicos de excelencia reconocidos en Latinoamérica, y si incluso muchos de ellos han migrado para ejercer en sistemas de salud como los de Estados Unidos, Canadá, Alemania y otros países de primer nivel, ¿es sensato regresar a un modelo que pertenece a otra etapa de la historia médica?
¿Nos sentiríamos cómodos abordando un avión pilotado por un “técnico en aviación” en lugar de un piloto plenamente entrenado, bajo el argumento de que hoy gran parte del vuelo es automatizado?
¿Prescindiríamos de abogados porque una persona con formación técnica apoyada por inteligencia artificial podría buscar jurisprudencia y definir la estrategia para ganar un juicio?
Un anestesiólogo no es un técnico. Es un médico con formación altamente especializada, producto de muchos años de estudio, entrenamiento y experiencia clínica.
El anestesiólogo administra medicamentos críticos, maneja la vía aérea, controla la estabilidad cardiovascular, supervisa la reposición de líquidos, previene complicaciones y controla el dolor. En términos simples, protege la vida del paciente mientras este atraviesa la agresión fisiológica que implica una cirugía.
Actualmente, nuestros pacientes son más complejos, más longevos y con enfermedades significativamente más severas.
La verdadera pregunta no es si se pueden formar técnicos.
La verdadera pregunta es: ¿por qué las autoridades no están enfocadas en atraer, retener y fortalecer al recurso humano altamente calificado que el propio país ha formado?
¿Se busca resolver un problema de salud pública o, simplemente, aumentar producción hospitalaria al menor costo posible?
Una pregunta personal: quienes promueven estas decisiones, ¿aceptarían que ellos mismos o sus familiares fueran atendidos bajo ese modelo?
Hay una frase que resume con precisión la esencia de esta especialidad: “El médico anestesiólogo induce al paciente en un estado de absoluta indefensión y, por ello, tiene la obligación de defenderlo en todo momento frente a cualquier peligro mientras dure ese estado.”
Tal vez ahí radica la verdadera discusión: no en productividad, no en números, sino en la responsabilidad ética de proteger la vida humana cuando esta queda completamente en manos de otro.
dr.chavarria.jorge@gmail.com
Jorge Luis Chavarría Carmona es médico cirujano vascular y endovascular con una maestría en Gerencia en Salud.