
En San Ramón, abrir el tubo y que no salga agua dejó de ser una excepción. Es, para muchas familias, una constante. Días enteros sin servicio, incertidumbre diaria y la necesidad de reorganizar la vida alrededor de algo tan básico como el (escaso) acceso al agua potable.
No es un problema nuevo. Es una crisis estructural advertida desde hace años: un sistema que no da abasto, redes con pérdidas, crecimiento urbano sin la infraestructura necesaria y una gestión fragmentada entre instituciones que no logran responder con la urgencia que la situación exige.
El resultado lo vive la gente todos los días.
Por eso, en este contexto, la inauguración de una piscina municipal el pasado 14 de abril no pasa inadvertida. No porque la obra sea negativa. Todo lo contrario: el deporte, la recreación y la inversión en espacios públicos son necesarios y bienvenidos. No estoy en contra de la piscina. Estoy a favor de este tipo de obras, incluso como ciudadano que podría beneficiarse directamente de su uso.
El problema es otro. Ante el malestar ciudadano, la Municipalidad de San Ramón ha explicado que la piscina cuenta con un sistema de recirculación que permitiría mantener el agua sin cambiarla durante varios años. Técnicamente, esto puede ser correcto. Pero la explicación, aunque cierta, está incompleta.
Porque esa agua no es estática. Se evapora, se pierde, se reemplaza constantemente. Requiere mantenimiento, reposición y consumo continuo de un recurso que hoy es insuficiente para miles de hogares del cantón.
Y hay un dato que no puede ignorarse: el llenado inicial se realizó mediante camiones cisterna adquiridos con recursos públicos, es decir, con dinero de todos los contribuyentes.
Agua que pudo haberse utilizado para abastecer, aunque fuera de forma temporal, a familias que hoy pasan días sin servicio.
Aquí es donde surge la incomodidad.
Porque mientras la Municipalidad explica cómo se llena una piscina, hay comunidades enteras preguntándose por qué no se les lleva agua a sus casas bajo el mismo mecanismo. Mientras se justifica el uso técnico del recurso, hay hogares que pasan días sin poder abrir un tubo.

No se trata de estar en contra de la piscina. Se trata de prioridades.
San Ramón afronta una crisis real de abastecimiento. A eso se suma un cantón con calles gravemente deterioradas a consecuencia de los trabajos del AyA, obras necesarias pero que avanzan sin una respuesta clara sobre plazos ni soluciones inmediatas para la población afectada.
En ese escenario, inaugurar una piscina no es solo abrir una instalación deportiva. Es enviar un mensaje. Un mensaje que muchos interpretan de una sola forma: sí hay capacidad para mover agua, pero no para resolver la escasez en las casas.
La responsabilidad no puede diluirse entre instituciones. Para el ciudadano, no importa si la competencia es del AyA, de una Asada o de la Municipalidad. Lo único que importa es que el problema persiste y nadie lo resuelve.
San Ramón no necesita explicaciones técnicas aisladas. Necesita coherencia. Necesita que el uso de los recursos –especialmente el agua– responda primero a las necesidades más urgentes de su gente.
Cuando el agua no llega a los hogares, no se trata de cuestionar una obra, sino de exigir –con toda razón– que lo urgente se atienda primero. Y en San Ramón, lo urgente sigue pendiente.
romacruz05@gmail.com
Rodolfo Manuel Cruz Morales es pensionado y vecino de San Ramón de Alajuela.