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Promovamos la economía de lo que no existe

Entre las muchas cosas necesarias para crear empresas y empleo está descubrir productos y servicios, o mejorar los existentes

Entre las muchas cosas necesarias para crear empresas y empleo, está promover la innovación tecnológica, entendida como descubrir productos y servicios, o mejorar los existentes.

Uno de mis amigos, Marcelo Lebendiker, me habló sobre el concepto la economía de lo que no existe, es decir, bienes, productos o mercados por inventar.

Viene a mi mente el ejemplo de Steve Jobs. El iPhone y el iPad no solo no existían, tampoco donde venderlos ni demanda. Pero él transformó el mundo y surgieron miles de fuentes de empleo en Estados Unidos y el resto del mundo.

Costa Rica cuenta con 400 empresas multinacionales de media y alta tecnología, y con compañías locales muy sofisticadas, las cuales pueden considerarse potenciales semilleros de otras empresas y diferentes fuentes de trabajo de lo que no existe. El reto es pensar cómo aprovechar las oportunidades que están allí esperando ser explotadas.

Las multinacionales, principalmente de alta tecnología, tienden a caracterizarse por poseer el conocimiento más avanzado en su área a escala mundial. Su superioridad tecnológica y habilidades administrativas pueden ser transferidas o imitadas por empresas del país anfitrión, especialmente los que están en vías de desarrollo.

Este fenómeno es conocido como derrames de conocimiento y se define como externalidades positivas que benefician a las compañías locales gracias a la inversión extranjera directa.

Modelo de éxito. La apertura de negocios por exempleados de las empresas de manufactura de alta tecnología (EMAT) se considera un ejemplo de derrame de conocimiento desde las multinacionales hacia las locales, producto de la movilidad laboral. Es una forma muy eficiente de transmitir los conocimientos tácitos e imbuidos a sus pares locales.

De acuerdo con la literatura económica, la creación de empresas como tal está ligada a múltiples beneficios para el desarrollo económico de una nación, e incluso hay estudios que definen este fenómeno como el hilo conductor que puede hacer que los esfuerzos en educación, investigación e innovación de los países desemboquen en crecimiento económico.

En Costa Rica existe evidencia empírica, aunque preliminar, de emprendimientos de exempleados de las EMAT. Un estudio que realicé hace unos 10 años con un grupo de colegas para el Banco Interamericano de Desarrollo reveló que del 2001 al 2007 un 15,6 % de esos exempleados manifestaron haber abierto sus propias empresas, lo cual significó 1.735 emprendimientos, o bien, 248 al año.

Se determinó también que de ese total el 83,3 % seguía operando una década después. El resultado contrasta con la tasa de supervivencia promedio de nuevas empresas en Costa Rica durante el período 2001-2012, la cual era de solo el 30,3 %. Además, sus rendimientos financieros y en ventas fueron iguales o superiores a la media típica de sus competidores.

Las mayores dificultades que enfrentaron se enmarcaban en el contexto comercial y financiero (hacerse de una clientela, competir con otros y financiamiento).

Mejores herramientas. Hoy contamos con fortalezas institucionales para apoyarlos, aunque no con un programa diseñado para tal propósito. Por ejemplo, organizaciones empresariales de multinacionales (Azofras) y empresas locales (Cámara de Industrias), programas para promover encadenamientos productivos (Procomer), financiamiento (Sistema de Banca para el Desarrollo), instituciones de capacitación para el diseño o subcontratación de programas hechos a la medida a fin de brindar acompañamiento a los emprendedores (INA), incubadoras públicas y privadas, la promotora costarricense de innovación e investigación (Micitt), etc.

Claro está, también afrontamos enormes obstáculos que deben ser removidos, como la tramitomanía y burocracia, carencia de un gobierno digital, problemas para obtener financiamiento tradicional (capital de trabajo) o deficiente infraestructura en telecomunicaciones (Internet de banda ancha).

El gobierno debe movilizar a la sociedad y las empresas nacionales y extranjeras a explorar las actividades que no existen, pero para las cuales está prácticamente casi todo el ecosistema requerido.

Necesitamos un programa en esta dirección y mecanismos de coordinación público-públicos y público-privados para la correcta toma de decisiones por los formuladores de política, y ejecutarlos, así como también monitoreo y evaluación de impacto de las políticas y los programas.

No existe ninguna justificación para desaprovechar la inversión extrajera de alta tecnología para impulsar la economía de lo que no existe. Ya desearan muchos otros países tener la oportunidad que se abre para Costa Rica en este campo.

rmonge@academiaca.or.cr

El autor es presidente de la Academia de Centroamérica.