¿Qué implica lo reciente? ¿Es lo reciente lo más relevante solo por ser lo reciente?
El otro día, un amigo me comentó que René Descartes era su filósofo favorito. Por pura casualidad, yo había retomado el Discurso del método unos días antes, y le dije: “No hay nada mejor repartido en el mundo que el buen sentido (…)”.
Se impresionó, claro. ¿Quién podría citar así, de memoria, una frase de un libro que no se lee precisamente por accidente? Yo, al parecer.
La realidad es mucho menos romántica: mi memoria es pésima. No fue ningún talento divino. Simplemente, la frase estaba demasiado reciente. Y lo interesante es esto: con “buen sentido” de parte mía, lo reciente se me presentó como profundo, elevado, superior.
Ahí me quedó la sospecha: qué hace a lo reciente tan relevante.
Esto no es ningún tipo de crítica a la modernidad tecnológica, ni una queja sobre cómo hoy “todo se amplifica”. Tampoco es una apología a El Aroma del Tiempo. No es tan profundo, ni lo pretende ser. Es algo más simple: un cuestionamiento a la irracional grandeza de lo cercano.
Porque, recientemente, pareciera que el país se vendió a sí mismo la idea de que, con las elecciones presidenciales, todo cambiaría. Al inicio, todo es de locos. Para unos, el fin del mundo. Para otros, la panacea.
Y luego pasa lo inevitable: amanece. El tránsito sigue idéntico. Los problemas que llevan años seguirán tardando años. El político seguirá prometiendo. Y, en general, el país seguirá igual –o al menos no tan distinto como el ruido juraba–: quieto.
Para quienes lo sintieron como un acontecimiento definitivo: ¿lo siguen sintiendo igual tantos días después? ¿Lo sentirán años después? ¿Son todos los días posteriores a las elecciones idénticos?
Pareciera que lo cercano posee un tipo de extraña autoridad, una jerarquía sobre lo lejano. Sospecho que la razón es relativamente sencilla: lo reciente posee una ventaja injusta, y es que simplemente no ha sido desmentido por el tiempo.
¿Será que esta alegría de muchos, o tristeza de otros, será desmentida con el tiempo, como ha sucedido tantas veces en los últimos años de realidades políticas del país? No lo sé.
Solo me remito a una máxima: el tiempo desmiente lo efímero y mantiene lo eterno.
Hay demasiados carros rojos. ¿Cuántos carros rojos verá al salir hoy de su casa?
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Franco Guevara L. es economista.