
Francisca Pancha Carrasco, declarada heroína nacional y defensora de las libertades patrias, suma ahora un nuevo reconocimiento: el martes anterior, los diputados le confirieron también el máximo honor de benemérita de la patria. Cada 8 de abril, además, se conmemora su día, en recuerdo de su nacimiento en 1816, en Taras de Cartago.
Tantos honores para una figura fundamental de la historia nacional contrastan, sin embargo, con un hecho poco conocido: Pancha Carrasco no tiene una tumba que identifique su descanso eterno.
Sus restos –o lo que queda de ellos– reposan en un nicho del Cementerio General de San José, perteneciente a una familia de apellidos Ramírez Arias. No hay ninguna placa que indique que allí yace quien fuera la primera mujer en integrarse al Ejército nacional durante la campaña contra los filibusteros de William Walker, entre 1856 y 1857.

Cuando Rolando Rodríguez, exalcalde de la Municipalidad de Cartago, estaba en el ejercicio del cargo, había solicitado a la Junta Administradora del citado camposanto el traslado simbólico de los restos de Carrasco, con el fin de depositarlos en un mausoleo en el Cementerio General de Cartago. La petición, sin embargo, fue rechazada.
Hoy, bajo esta nueva circunstancia histórica, su reciente declaratoria como benemérita de la patria abre una oportunidad para retomar esa iniciativa y permitir que la heroína regrese a su tierra natal.
Pancha Carrasco falleció el 31 de diciembre de 1890, en San José. A su muerte, se le rindieron honores de Estado, reconocimiento coherente con su trayectoria durante la Campaña Nacional.
Su valentía quedó registrada en múltiples episodios. Testimonios de la época destacan su participación en la recuperación de un cañón en la batalla del 11 de abril de 1856, que había sido capturado por los filibusteros y estaba causando numerosas bajas al Ejército costarricense. También intervino con coraje en la batalla de Santa Rosa, en los combates navales de San Juan del Sur, en San Jorge y en el Castillo Viejo.
Por su destacada actuación, al finalizar la guerra fue condecorada por el presidente Juan Rafael Mora Porras.
Hoy, más de un siglo después de su muerte, el país le rinde honores. Pero aún queda una deuda pendiente: que su nombre, como su historia, tenga un lugar visible donde ser recordado.
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Fernando Gutiérrez Coto es excorresponsal de ‘La Nación’.