
Alcanzar la categoría de país de ingreso alto no es, para Costa Rica, un dato meramente económico. Es la consecuencia de décadas de decisiones nacionales que el mundo admira: apuesta por la educación como política de Estado, disolución del ejército para sembrar paz, construcción de una institucionalidad democrática sólida y haber hecho del Estado de derecho una práctica cotidiana.
Los $15.620 de ingreso per cápita que registró el país en 2025 son un reflejo de esa trayectoria, pero también el prólogo de un desafío mayor: seguir asegurando que el crecimiento se traduzca en bienestar equitativo para cada persona, en cada territorio. Los datos de reducción de pobreza, estabilidad macroeconómica, y crecimiento económico muestran pasos en la dirección correcta.
Ese nuevo umbral de país de ingreso alto coincide con un gesto que habla de la identidad profunda de Costa Rica: la decisión de postular a una candidatura a la Secretaría General de las Naciones Unidas. Esta es la expresión de un país que, precisamente cuando podría centrarse en celebrar sus propios indicadores, elige reforzar su apuesta por el multilateralismo, por la solución colectiva de los problemas globales y por un orden internacional basado en reglas y la solidaridad.
Esa vocación no es improvisada. El país basa sus raíces en la tradición de paz, derechos humanos y desarme, acciones clave que ha defendido Costa Rica consistentemente en los foros mundiales, y que la propia ONU ha tenido el privilegio de atestiguar y acompañar durante ocho décadas.
La alianza entre Costa Rica y Naciones Unidas es mucho más que una relación de cooperación: es una sociedad histórica forjada en valores compartidos. La presencia consolidada en suelo costarricense del Sistema de las Naciones Unidas, la Universidad para la Paz, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y múltiples organismos internacionales es el reconocimiento de que aquí la paz y el desarrollo sostenible no son eslóganes, sino activos nacionales que se cultivan generación tras generación.
Acompañar ese esfuerzo desde la ONU ha significado ser testigo de cómo un país pequeño en tamaño, pero enorme en ejemplo y compromiso, puede convertirse en referente mundial de sostenibilidad, democracia y protección de la dignidad humana.
Hoy, esa trayectoria adquiere una nueva resonancia con la llegada del gobierno de la presidenta Laura Fernández, a quien felicitamos por este logro histórico. La nueva administración hereda un tejido institucional robusto y, al mismo tiempo, ha expresado con claridad su decisión de conducir la transición desde el crecimiento económico hacia un desarrollo sostenible que cierre las brechas territoriales que aún separan a las comunidades costeras, rurales y fronterizas de los centros urbanos más dinámicos; la priorización de la seguridad ciudadana como una prioridad compartida por la sociedad y como condición indispensable para el bienestar; la aceleración de la digitalización como palanca de inclusión, modernización del Estado y creación de oportunidades; y que, en ese mismo impulso, amplíe oportunidades para las mujeres; la integración plena de las personas en movilidad y la preparación para las transformaciones tecnológicas y ambientales que ya están en marcha.
Desde Naciones Unidas, vemos en esta etapa una oportunidad extraordinaria para profundizar nuestra contribución como socio estratégico del Estado costarricense, con pleno respeto a la soberanía nacional, poniendo nuestras capacidades al servicio de las metas que el propio país ha definido.
Con ese propósito, y para acompañar a Costa Rica en el cumplimiento de sus prioridades nacionales, la ONU iniciará este 2026 la ruta hacia su nuevo Marco de Cooperación 2028-2032. Este proceso incluirá consultas amplias con el gobierno, el sector privado, la sociedad civil, la academia, las comunidades y los más diversos sectores del país, con el fin de definir, desde la escucha y la construcción colectiva, la cooperación que Costa Rica realmente necesita en esta nueva etapa de desarrollo.
Nuestros resultados son los logros de Costa Rica
En este contexto, desde Naciones Unidas lanzamos nuestro Informe de Resultados 2025, el cual evidencia significativos aportes al país. Estos son logros de Costa Rica en los que la ONU ha tenido el honor de participar como facilitador, como puente, como aliado técnico. Los $47,7 millones movilizados, las 131 alianzas consolidadas y los 76 cantones alcanzados no serían más que cifras abstractas si no encarnaran transformaciones concretas, las cuales son impulsadas en primer lugar por las instituciones nacionales y por las propias comunidades.
Este Informe evidencia, por ejemplo, las 359 mujeres lideresas que hoy cuentan con herramientas para incidir en la vida pública de sus territorios, o las más de 4.000 mujeres y niñas en movilidad que accedieron a servicios de protección y sintieron que su dignidad era prioridad. Ahí está la histórica rehabilitación del puente sobre el río Virilla con barreras anticaídas, protocolos contra el acoso callejero y prevención del suicidio, porque el desarrollo, cuando es real, protege vidas.
Ahí están las 124 empresas que adoptaron los Principios para el Empoderamiento de las Mujeres, los 4.462 centros educativos que hacen del modelo Segured un escudo para más de un millón de estudiantes, y los 16.043 trabajadores agrícolas migrantes que regularizaron su situación y hoy aportan al país con pleno reconocimiento.
La ONU no sustituye; acompaña. Como coordinador residente de la ONU en Costa Rica, puedo afirmar que nuestra organización está lista para esta nueva etapa. Lo está con humildad, con la experiencia acumulada de décadas de trabajo conjunto, y con la convicción de que el multilateralismo que Costa Rica defiende en el mundo es la misma lógica de cooperación que podemos continuar aplicando casa adentro.
La postulación a la Secretaría General de la ONU es un recordatorio elocuente de que los países no solo se miden por su ingreso, sino por su vocación de construir un orden global más justo. Costa Rica lo ha entendido así desde siempre. Y nosotros, con respeto y compromiso renovado, seguiremos caminando a su lado.
Pablo Salazar Canelos es coordinador residente de la ONU en Costa Rica.