
La Real Academia los define como “personas que se precian y hacen alarde de lo que no son” y que, en particular, se las tiran de valientes.
Todos los conocemos de sobra; desde la escuela, en la secundaria y en el trabajo, siempre nos ha tocado compartir estos espacios con personas pretenciosas que se jactan de una y otra cosa que ni tienen ni son en realidad.
Esta característica, junto con una buena estrategia para venderse, les permite, en algunas ocasiones, alcanzar puestos de dirección y de toma de decisiones, y es ahí donde empieza el problema, pues todo lo que se dijo y se asumió que ofrecían no existe.
En las organizaciones, la mayoría de las veces, estos comportamientos y sus consecuencias son detectados a tiempo, antes de que el daño sea irreparable; sin embargo, cuanto más grande sea la organización, el asunto se pone más difícil, ya que, por lo general, tienen también la habilidad de saber diluir las responsabilidades entre los demás, para quedar siempre fuera de la mira cuando las cosas no salen bien.
Ahora, si extrapolamos esta situación a una organización del tamaño de un país, aun uno tan pequeño como Costa Rica, la amenaza que supone este tipo de persona debe considerarse con seriedad, pues, como se mencionó antes, su habilidad para vender humo les puede permitir llegar alto y colocarse en posiciones en las que su actuar termine afectando a toda la población.
En los últimos cuatro años, hemos visto desfilar por Zapote y varias de nuestras instituciones a un sinnúmero de estas personas: ministros que no han logrado o no les ha dado la gana articular un plan de trabajo, presidentes ejecutivos que atienden con desdén las carencias de las organizaciones a su cargo, y un jefe del Poder Ejecutivo que se jacta de ser quien se come la bronca y que hace promesas un día si y el otro también, pero nunca cumple.
Ya no pueden ser de recibo falsas promesas de cambio carentes de contenido, sin planes de acción concretos o rutas de trabajo. Ya no podemos seguir dando apoyo a un pequeño grupo de fanáticos que solo nos hablan de los problemas que enfrentamos y de los culpables, pero nunca de las soluciones.
Es hora de decirles que para los próximos cuatro años queremos profesionales que tengan oficio en las tareas que asumen, que cuenten con herramientas y una visión país que marque la ruta hacia la Costa Rica que todos merecemos. Es hora de mostrarles con nuestro voto que ya no queremos más fanfarrones en el poder.
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Gerson Alvarado Corella es ingeniero consultor.