
Las mujeres no votamos por impulso. Votamos desde el entendimiento, la experiencia y el corazón. Desde la experiencia de sostener hogares, criar hijos, trabajar, cuidar y organizarnos para que la vida funcione. Porque una mujer no solo representa a una persona, representa a una familia.
Por eso, cuando llega una elección presidencial, nuestra pregunta no es ideológica; es profundamente práctica. ¿Quién resuelve? ¿Quién les habla a las mujeres, desde sus necesidades, realidades, prioridades e incertidumbres?
Hoy, Costa Rica atraviesa un momento complejo. No es percepción, es una realidad.
El país cerró el último año con 873 homicidios. En materia de empleo, casi el 7% de las mujeres están desempleadas, cifra que aumenta en zonas costeras y fronterizas. Pero nadie mide el impacto de la alta informalidad entre las mujeres, la baja remuneración que reciben, el hecho de que muchas veces son expulsadas de la fuerza laboral formal por la ausencia de alternativas de cuido para sus hijos, nietos o adultos mayores a su cargo.
En educación, los datos son claros, estamos en una coyuntura que se agrava año con año, en perjuicio del futuro de nuestros hijos. En Costa Rica, más del 40% de los hogares están liderados por mujeres; dirigidos por ellas en lo emocional, lo económico y lo social. La inseguridad dejó de ser un tema lejano y se metió en los barrios, las escuelas y el transporte público.
Frente a todo esto, las mujeres no buscamos discursos incendiarios, sino respuestas que permitan vislumbrar soluciones claras.
Esta elección la definiremos las mujeres. Por eso, necesitamos que nos hablen de realidades y nos den respuestas claras. Pero con respeto.
Porque el miedo no educa, la descalificación no protege, la confrontación permanente no da tranquilidad. Las mujeres sabemos que la autoridad verdadera no grita, sino que resuelve. El liderazgo real no humilla y que gobernar no es imponer carácter, sino tomar decisiones con responsabilidad humana.
Por eso, cuando analizamos esta elección, muchas llegamos a la misma conclusión: no podemos seguir igual. El país necesita un cambio de tono y de prioridades; urgen soluciones en democracia.
Necesitamos un liderazgo serio, preparado y empático. Que represente capacidad para entender el Estado y hacerlo funcionar; serenidad para gobernar sin miedo ni agresión y sensibilidad para poner a las personas en el centro de las decisiones.
Por eso yo votaré por alguien con criterio, planteamientos claros, con equipo, humanidad y vocación democrática. Porque las mujeres no elegimos desde el odio, elegimos desde la responsabilidad, desde el futuro que queremos para Costa Rica, para nuestros hijos.
Este 1.º de febrero, las mujeres no solo votamos; definimos el rumbo del país. Y lo hacemos como siempre, con los pies en la tierra, la cabeza clara y el corazón firme. Sin olvidar que Costa Rica necesita seguridad, sí. Pero una seguridad que no sacrifique la democracia. Necesita orden, sí. Pero con respeto. Necesita liderazgo, sí. Pero con humanidad.
Hoy no solo elegimos a una persona, elegimos qué país dejaremos a nuestros hijos, qué valores defendemos y qué tipo de liderazgo permitimos que nos represente.
analucd@gmail.com
Ana Lucía Delgado Orozco es exdiputada del PLN (2018-2022).