
Estamos a horas de ejercer, una vez más, el deber cívico de elegir a la próxima persona que dirigirá Costa Rica. Mientras esta siga siendo una opción democrática, es indispensable que cada ciudadano aproveche la oportunidad de manifestar la voluntad popular.
Mucho se ha escrito en esta sección sobre la encrucijada que enfrentamos en los comicios de 2026. Se han expuesto argumentos meditados sobre lo que distintos articulistas consideran pertinente para el futuro del país.
Este artículo no debe leerse como una pieza que expone la preferencia política de su autor ni como una guía sobre a quién votar o no votar. Pero sí me permito advertir, con firmeza, sobre el riesgo inminente que representa un segundo gobierno del Partido Pueblo Soberano (PPSO) y sus propuestas, extremadamente riesgosas para la estabilidad democrática de Costa Rica.
Las encuestas disponibles, publicadas por el CIEP e Idespo, muestran una preferencia marcada por la candidata Laura Fernández del PPSO, tendencia visible desde los primeros informes de intención de voto. También revelan que ocho de cada diez indecisos ya tomaron una decisión, la mayoría inclinándose por Fernández. Aunque siempre existe la posibilidad de una sorpresa el 1.º de febrero, los datos indican que el apoyo hacia la candidata oficialista crece, la oposición permanece estancada y el abstencionismo podría ser alto ante opciones poco atractivas para quienes aún dudan.
Ante este panorama, como periodista con afición al análisis político y como ciudadano, siento la necesidad de expresar con claridad qué estaríamos escogiendo si las encuestas aciertan.
Con dolor y preocupación, creo que, si esa es la voluntad del pueblo, debemos respetarla mientras sigamos contando con un gobierno democrático.
Hay que reconocerle al presidente Chaves su jugada estratégica para truncar la alternancia en el poder. Ungió a Laura Fernández para prolongar su proyecto gobierno. Los seguidores del PPSO esperan que Chaves sea la sombra detrás de Fernández y que utilice esa continuidad para mantener las riendas del país más allá del periodo que le permite la Constitución.
Sin la venia del presidente, Laura Fernández no tendría el apoyo del electorado decidido. Sería un error considerar que Fernández y Chaves son líderes independientes que coinciden por afinidad ideológica. Fernández se sostiene en tanto esté supeditada a la voluntad y dirección del actual mandatario. Una ruptura entre ambos sería desastrosa para el movimiento chavista y para un eventual gobierno de Laura Fernández.
Si el país decide entregar la dirección del Estado al movimiento chavista, será porque el estilo político del presidente y su círculo caló profundamente en el electorado costarricense.
Ese estilo sigue el guion de los movimientos populistas contemporáneos, algunos de corte autoritario. Desde su ascenso, Rodrigo Chaves ha ejecutado el manual del populismo que ha dado resultados en El Salvador, Argentina, Hungría, Serbia, India, Turquía, Venezuela, Nicaragua y Estados Unidos.
¿Le agrada que el chavismo tilde a críticos y opositores como enemigos del pueblo y traidores de la patria, en lugar de buscar consensos? Eso hizo Bukele en El Salvador. ¿Ha escuchado cómo los chavistas culpan a los otros poderes de la República, a la prensa y al aparato estatal de obstaculizar su proyecto? Ese es el guion que ha seguido Donald Trump. ¿Ha visto cómo este movimiento afirma que una victoria contundente legitima su agenda, incluso si nos acerca al borde del autoritarismo populista? Eso hizo Hugo Chávez en 1999.
Un segundo gobierno chavista abriría la puerta a cambios extremadamente delicados y riesgosos: la reelección presidencial inmediata y continua; la sustitución de jueces y fiscales para permitir designaciones con fines políticos; la entrega de nuestras garantías y libertades individuales al Ejecutivo bajo el pretexto de combatir el crimen organizado, e incluso la posibilidad de convocar una asamblea constituyente en una coyuntura compleja.
Estas propuestas del PPSO se asemejan a lo ocurrido en El Salvador bajo Nayib Bukele, quien aprovechó el debilitamiento institucional y la insatisfacción popular para afianzar su poder con una retórica personalista, mesiánica, polarizante y anti-establishment. ¿Les suena familiar?
Bukele no es la única inspiración del PPSO. Chaves ha seguido el mismo guion de Donald Trump para minar la confianza en la prensa y en la institucionalidad costarricense. También utiliza un estilo personalista similar al de Viktor Orbán, Javier Milei y Narendra Modi, quienes se presentan como salvadores ante el fracaso de “los políticos de siempre”.
Invito a los seguidores del movimiento chavista a un examen de conciencia política. Si simpatizan con Chaves y Bukele por sus logros, pero rechazan a Trump, Orbán o Recep Tayyip Erdogan por su estilo personalista, deben reconocer la contradicción: los estilos son notablemente similares.
Aunque este texto pueda sonar pesimista, aún confío en la sensatez del electorado costarricense. Quizás no en este periodo, pero confío en nuestra capacidad para corregir el rumbo. En El contrato social, el filósofo ginebrés Jean-Jacques Rousseau describía los procesos electorales como momentos de aprendizaje colectivo: solo los votantes pueden corregir las malas decisiones mediante el voto. Las democracias se renuevan cuando los ciudadanos enfrentan sus errores y rectifican.
La experiencia demuestra que, cuando el electorado se decepciona ante la falta de soluciones de los partidos tradicionales, busca opciones más radicales. En Costa Rica, los informes del Estado de la Nación muestran que llevamos 20 años sin resolver problemas en seguridad, infraestructura, costo de vida, pobreza, empleo, movilidad urbana y ambiente. Es comprensible que, ante este estancamiento, los votantes busquen alternativas más arriesgadas.
Costa Rica no es inmune al atractivo de las opciones populistas. Pero debemos ser conscientes de que estas decisiones equivalen a jugar con fuego. Si un movimiento populista, especialmente uno con tendencias autoritarias, se consolida en el poder, podríamos poner en riesgo una de las democracias plenas más longevas de América Latina. Y, si eso ocurre, enfrentaremos problemas mucho más graves.
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David Vargas Chacón es periodista, fotógrafo y estratega digital. Ha ejercido como periodista, director de fotografía, jefe de prensa, profesor universitario, estratega de social media, y creador de contenidos en Costa Rica, Estados Unidos, Rusia y Ucrania.