
Hace 44 años, a la edad de 38, el presidente Luis Alberto Monge Álvarez (1982-1986) me hizo el honor de nombrarme presidente ejecutivo de la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva). Terminaba entonces mi periodo como diputado por la provincia de Limón (1978-1982), durante la administración del presidente Rodrigo Carazo Odio.
Admito que era un inexperto en asuntos portuarios y temas de desarrollo. Mi campo es la química, pero tuve la gran bendición de contar con colaboradores experimentados como el ingeniero Rodolfo Martín, el ingeniero Rachid Esna, el experto en puertos Juan Guillermo Castro y el especialista en desarrollo Luis César Pión. Gracias a ellos y a otras personas, mi curva de aprendizaje fue corta.
El ingeniero Rodolfo Martín Borges, pionero de los primeros sembradíos de banano en la provincia de Limón, era el gerente general. Don Rodolfo fue una de las personas más sabias que he conocido. Podía discernir fácilmente entre lo que se debía hacer y lo que no, y estaba convencido de que, con la Ley de Japdeva, estábamos preparados para emprender cualquier proyecto relacionado con el desarrollo de Limón.
Entre ellos, estuvieron la carretera a Manzanillo, la carretera a puerto Lindo (Barra del Colorado), la instalación de la primera grúa pórtica en el llamado Muelle Alemán, el traslado de las operaciones portuarias de Japdeva a Moín (muelle de Recope) y la urbanización Los Cocos. También, la construcción de la embarcación El Gran Delta para transportar personas por los canales de Tortuguero y proyectos de criaderos de búfalos, tilapias, camarones, ostras y patos, además de la fabricación de muebles y artículos de bambú.
La lista es larga, pero lo principal era la mística y el compromiso de los trabajadores. Algunos, dolorosamente, murieron en accidentes mientras ejercían sus funciones.
Siempre se trabajó en silencio, sin mucha publicidad, y al final estaban los frutos, que era lo importante.
Menciono esto porque me preocupa la actuación de este gobierno y el anterior, que hacen una publicidad excesiva de los proyectos que piensan realizar. Cualquiera podría pensar que detrás existe un interés político-electoral cuando se trata de Limón.
Para Limón, es urgente contar con una terminal de cruceros que permita a la gente abordar los barcos en la provincia y no tener que viajar a Panamá u otros países que cuentan con este tipo de instalaciones. La marina es un proyecto adicional e interesante, pero me preocupa la forma en que se pretenden desarrollar ambas iniciativas.
Las alianzas público-privadas no terminan de convencerme. En el pasado, se intentó una entre Recope y la empresa china Soresco, de ingrata memoria.
En el proyecto de la marina se habla de una inversión privada de $850 millones, una suma comparable con el costo de una refinería de 50.000 barriles diarios o con la inversión realizada en los muelles de APM, cuyo costo, según se informa, ya ronda los $1.000 millones. A cambio, Japdeva debería ceder 27 hectáreas de sus terrenos más valiosos frente al mar, desde el muelle Hernán Garrón, frente al parque Balvanero Vargas, hasta la calle frente al centro comercial El Colono.
Es un costo altísimo para Limón. Desde luego, habrá muchas empresas interesadas en un negocio tan atractivo. Sin embargo, tengo entendido que existen estudios sobre la costa caribeña que señalan otros sitios donde podría construirse una marina.
Sinceramente, y recordando a don Rodolfo Martín, estoy seguro de que Japdeva, con sus propios recursos (canon) y, si fuera necesario, algún préstamo, estaría en condiciones de hacer esta obra monumental en sus propios terrenos. Es una iniciativa necesaria para desarrollarnos y crear nuevas fuentes de empleo en la provincia de Limón. Todo es cuestión de un poco de imaginación y voluntad política.
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Rafael Barrientos Germé es exdiputado (1978-1982) y expresidente de Japdeva (1982-1986).