Tras completar la formación como especialistas, los médicos en Costa Rica debemos realizar un año denominado Servicio Social. El lugar donde ejerceremos durante ese periodo se asigna mediante una rifa que determina el orden en que cada profesional escoge su destino.
El día del sorteo, mi ficha no fue la primera, pero tampoco de las últimas. Para el momento de mi elección, aún había plazas disponibles en la Gran Área Metropolitana (GAM), en zonas de alto atractivo turístico y en otros centros muy cotizados; sin embargo, opté por una de las menos solicitadas: el Hospital Tony Facio, en Limón.
Mi decisión respondió a un ideal de contribuir donde la desigualdad es mayor. No obstante, la reacción de compañeros, familiares y amigos –quienes me preguntaban cómo me sentía con expresiones propias de quien da un pésame– me hizo entender que pocos habrían tomado la misma ruta.
Tras un año de trabajo en el Hospital Tony Facio, puedo afirmar que en la provincia “número siete” sí existe calidad humana, compromiso y un profundo deseo de salir adelante. A pesar de ello, la infraestructura limita severamente la atención que se puede brindar: goteras sobre las camas de los pacientes, escasez de escritorios para el personal de salud, quirófanos cuya temperatura se asemeja a la de una tarde en la playa de Puerto Viejo. Todo esto, inevitablemente, repercute en la calidad del servicio.
La provincia, sin embargo, me recibió con los brazos abiertos y no me llevo más que gratitud. Aun así, es evidente lo difícil que resulta para quienes venimos de fuera crear arraigo en esta región del país en un contexto en el cual, en menos de un año, viví de cerca una balacera en la playa que solía frecuentar los fines de semana, el rapto de un trabajador de salud y, días antes de Navidad, el asesinato de una compañera en su propia casa como consecuencia colateral de la violencia que golpea la zona.
El instinto más primitivo del ser humano es la supervivencia. Bajo esta premisa, pocos especialistas elegirán voluntariamente laborar en la costa caribeña; y quienes por azar sean asignados allí, probablemente tomarán la primera oportunidad para abandonar la región.
Aunque existen planes urgentes y concretos para construir un nuevo Hospital Tony Facio, sin suficiente personal especializado, el edificio será poco más que un pueblo fantasma.
Si no se abordan de manera integral la inseguridad y demás problemáticas estructurales de la provincia, Limón seguirá careciendo de médicos especialistas, y su población continuará pagando las consecuencias del temor que unos pocos logran infundir en el personal médico mejor capacitado del país.
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Mariana Peña Miranda es médica especialista en Ginecología y Obstetricia.