
Muy buenas tardes, señor Jeffry Umaña Avendaño, primer caballero de la República, mi esposo.
Don Rodrigo Chaves Robles, expresidente de la República.
Signe Zeikate, ex primera dama de la República.
Señora Yara Jiménez Fallas, presidente de la Asamblea Legislativa.
Señor Orlando Aguirre Gómez, magistrado presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Señor Max Alberto Esquivel Faerron, presidente magistrado interino del Tribunal Supremo de Elecciones.
Su majestad el rey de España, don Felipe VI.
Excelentísimo presidente de la República Dominicana, señor Luis Abinader.
Excelentísimo presidente de la República de Honduras, señor Nasry Juan Azfura Zablah.
Excelentísimo presidente de la República de Guatemala, señor Bernardo Arévalo.
Excelentísimo presidente de la República de Chile, José Antonio Kast.
Excelentísimo presidente del Estado de Israel, señor Isaac Herzog, y su señora esposa, Michal Herzog.
Excelentísimo presidente de la República de Panamá, José Raúl Mulino Quintero, y su esposa, señora Maricel Cohen.
Jefes de delegaciones que me honran con su presencia esta tarde.
Señor Francisco Gamboa Soto, primer vicepresidente de la República.
Señor Douglas Soto, segundo vicepresidente de la República.
Señoras y señores ministros.
Excelentísimas y excelentísimos señores embajadores, honorables representantes del cuerpo diplomático acreditado ante el Gobierno de la República.
Monseñor Bartolomé Buigues Oller, secretario general de la Conferencia Episcopal.
Señoras y señores diputados.
Señoras y señores magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Supremo de Elecciones.
Señora Marta Acosta Zúñiga, contralora general de la República, y señor Bernal Aragón Barquero, subcontralor general de la República.
Señor Alonso Arnesto Moya, procurador adjunto a. i. de la República.
Señor Juan Carlos Pereira Jiménez, defensor adjunto de los Habitantes.
Queridos compatriotas.
Muy buenas tardes a todos. Hoy, al asumir la presidencia de la República, mi primera decisión es encomendar este nuevo gobierno a Dios. Le pido con humildad sabiduría para decidir, firmeza para actuar y un corazón justo para servirles.
Anhelo con fervor que su voluntad me guíe en cada paso, porque hoy no asumo un cargo; asumo un deber, un pacto conmigo misma, un compromiso claro e inclaudicable con Dios y con Costa Rica. Y créanme que esta no es una promesa a la ligera, es una decisión de vida. Me verán trabajar con lealtad, con honestidad, con convicción y con esfuerzo que no conoce descanso. Porque este pueblo, costarricenses, nuestra querida Costa Rica, cambió para siempre y enhorabuena.
Costa Rica abrió los ojos. Primero uno, cuando apostó por el cambio, y luego el otro, cuando ratificó que quería seguir por esa senda. Y como quien se despierta de una pesadilla, se levantó de golpe. Y hoy, queridos compatriotas, somos un pueblo espabilado, informado, exigente. Un pueblo que ya no come cuento. Un pueblo que pide resultados, que llama a cuentas y que no quiere, ni va a volver atrás.
Somos el pueblo costarricense, un pueblo que resolvió romper con un pasado que nos falló. ¡Nos falló! Con estructuras que nos alejaron de la gente. Pero hoy, costarricenses, juntos deseamos recuperar la esperanza. Decidimos recuperar lo que nos hace grandes. El amor por esta tierra. Y ese pueblo lúcido me dio un mandato claro, contundente, innegable. Jóvenes, adultos mayores, comunidades indígenas, afrocostarricenses, todo un país que participó más en las urnas, que habló con fuerza y que decidió una ruta clara: continuar con el cambio.
Sí, soy la heredera de ese cambio. Soy la heredera de ese cambio y lo digo sin titubeos. Heredera de una forma de hacer política distinta. Heredera de una lucha constante, sin armas pero con resultados. Heredera de una convicción que se resume en un simple principio: no aflojar.
Pero, compatriotas, mi promesa no es solo administrar la herencia. Mi reto es multiplicarla y llevarla a cada rincón de Costa Rica. ¿Y cuál es, compatriotas, cuál es la nueva forma de hacer política? La que deja de hablar y empieza a resolver. La política que mide metas, mide resultados y les rinde cuentas. La política que no tolera la corrupción, la política que no tolera el clientelismo, el amiguismo, que entiende algo básico: aquí los dueños, los dueños de la patria son ustedes.
Ustedes, pueblo de Costa Rica, son nuestros patronos. Y yo voy a honrar esa responsabilidad trabajando más duro que nadie, porque estamos, sí, estamos a las puertas de construir una tercera república. Tercera república, una nueva Costa Rica que no le tiene miedo al cambio. Una tercera república que moderniza sus instituciones sin destruir lo que funciona, que fortalece la democracia haciéndola más ágil. Más transparente, más efectiva.
Tenemos, compatriotas, la madurez para reconocer lo que está bien, pero también tenemos el valor y la determinación para corregir lo que está mal. Y sí, eso implica revisar nuestra institucionalidad, implica tomar decisiones que por años se evitaron.
Por supuesto que eso no significará nunca atentar contra la división de poderes. Nunca lo haría. Pero a cada uno de nosotros le toca darle cuentas al pueblo de sus acciones, pero también de sus omisiones. Y también implica algo fundamental: recuperar la confianza en la justicia. Costa Rica no puede, compatriotas, normalizar la vergüenza de ver a sus instituciones penetradas por el crimen. No podemos aceptar que el narcotráfico encuentre grietas en nuestro sistema.
Costarricenses, la reforma que necesitamos es profunda y la vamos a impulsar, y sin miedo, sin vacilaciones, con resolución. Muy pronto inauguraré una megacárcel. Y uno de los más modernos centros de vigilancia policial. Uno de los centros de vigilancia policial más modernos del mundo. Pero eso no servirá de nada si los jueces siguen soltando a los delincuentes peligrosos. No servirá de nada si las leyes también los protegen con la cultura del pobrecito. A las madres que han perdido a sus hijos, les digo: su dolor no me es ajeno; lo llevo conmigo. Y esa empatía se traducirá en una firme respuesta, una respuesta de mano dura, porque es lo que ustedes esperan y lo que merecen de mí como su presidente.
No me temblará el pulso para enfrentar al crimen organizado. Desde el gobierno, asumiré con responsabilidad el liderazgo de esta lucha, al lado de cada policía que arriesga su vida por devolvernos la paz y la seguridad. Al lado de cada comunidad que exige paz, que merece paz; al lado de cada familia costarricense. Y convoco también a los señores diputados, a los jueces honestos de este país, a que caminemos juntos. Porque recuperar la seguridad no es una tarea de uno solo.
También, compatriotas, estoy lista para modernizar el Estado. No podemos continuar con 335 instituciones públicas. Instituciones que perdieron el norte y se convirtieron en fines en sí mismas. Las que permanezcan darán servicio de calidad a los ciudadanos. Me empeñaré en acortar el vergonzoso rezago de 30 años en infraestructura pública, impulsando el tren rápido de pasajeros, impulsando todas las obras de infraestructura que algunos frenaron por mezquindad.
Pero también avanzaré en proyectos anhelados por décadas. Como la ruta 1, la carretera a San Carlos, la finalización de la ruta 32 y el tramo Limonal-Barranca. Este, mi gobierno, no será un gobierno de oficina, será un gobierno en la calle. ¡Un gobierno en las comunidades, en cada cantón del país! Sin dar un solo paso atrás.
Y lo digo con mucha claridad: a quienes pensaron que podían recuperar privilegios, a quienes pensaron que se iban a reinstalar las viejas prácticas, a quienes creyeron que conmigo de presidente se iban a volver a acomodar la corona de sus cabezas, les digo que están muy equivocados. No dejaré ningún espacio a retrocesos.
Vamos, costarricenses, a dar las batallas que sean necesarias para construir Ciudad Gobierno, para desarrollar la marina de Limón, para resolver de una vez por todas el saqueo y la contaminación en Crucitas. Para eliminar, sí, para eliminar las pensiones de lujo. También, compatriotas, para impulsar las jornadas más flexibles que generen empleos de calidad que tanto necesita nuestro pueblo. Y para garantizar que quienes destruyen la paz encuentren consecuencias reales y de mano dura.
En el ámbito internacional, Costa Rica seguirá siendo un país de paz, un país de democracia y de respeto a los derechos humanos. Fortaleceremos alianzas, abriremos mercados, acompañaremos a nuestros productores y llevaremos al mundo lo mejor de nosotros: nuestra estabilidad, nuestro talento y nuestros valores.
Soy, a partir de hoy, la presidente número 50. Y seré la presidente de todos. Asumo este mandato con determinación, con conocimiento y con sensibilidad; con el arrojo que me da ser una hija de la clase media de esta Costa Rica donde el esfuerzo no es un discurso; es un requisito para superarse.
Soy puntarenense, puntarenense a mucha honra. Soy madre, mujer de familia, servidora pública y, ciertamente, compatriota. Yo no vengo de los apellidos esculpidos en las vitrinas del poder, vengo de un país que da oportunidades. Y soy la prueba fiel de que esas oportunidades se conquistan solo trabajando.
Mi lealtad, compatriotas, es clara: es con Dios y con el pueblo de Costa Rica. No tengo duda de que gobernaré con la misma entrega para todos y cada uno de los rincones de este país. Para las mujeres, para los niños, para nuestras comunidades indígenas, afrocostarricenses, para nuestras costas que hoy tienen voz en esta presidencia.
Costarricenses, el camino, el camino no empezó hoy, inició un día como hoy hace cuatro años. Pero hoy, hoy, compatriotas, toma un nuevo impulso. Así que, en este nuevo impulso, los invito a caminar conmigo, a trabajar juntos, a no desperdiciar este momento histórico, porque lo que está en juego no es un gobierno, es el rumbo de nuestra amada Costa Rica.
Y en mí tendrán a una presidenta que no va a aflojar. Y tendrán en mí a una presidente que apretará aún más para forjar el país pujante, el país igualitario, el país eficiente y lleno de oportunidades con el que soñamos todos nosotros y que todos merecemos.
Así que, amado pueblo de Costa Rica, que Dios bendiga a esta patria bendita. Y costarricenses, que nunca, que nunca, volvamos a cerrar los ojos.
Muchísimas gracias, muy buenas tardes.