
Los políticos populistas y autoritarios sostienen, de forma equivocada, que el desarrollo de las naciones depende de la desregulación de los servicios, aun cuando ello implique afectar el ambiente y la salud pública. Un ejemplo claro son las directrices emitidas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al anunciar un giro hacia la “desregulación y crecimiento económico” en la gestión del agua, alejándose del enfoque de sostenibilidad de la administración anterior.
Este nuevo enfoque, más temprano que tarde, tendrá repercusiones en la salud pública. El banderazo de salida quedó plasmado en el anuncio del retiro de EE. UU. de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque se trate de la mayor potencia económica del mundo, ese país evidenció debilidades en su sistema sanitario durante la reciente pandemia de covid-19.
La agenda de desregulación impactará áreas clave como la infraestructura hídrica y los estándares de calidad del agua, lo que obligará al Gobierno Federal y a los gobiernos locales, así como a operadores y empresas del sector, a adaptarse a un nuevo panorama normativo.
En un segundo anuncio, publicado por The Wall Street Journal con base en fuentes de la Casa Blanca, se informó de que Trump anulará normativa ambiental y climática mediante acciones significativas de desregulación en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), con el propósito de “liberar el dominio energético estadounidense”. Esta directriz dejaría sin efecto la declaración EPA Endangerment Finding, adoptada en 2009 durante el gobierno de Barack Obama, que estableció que el dióxido de carbono (CO₂) y otros gases contaminantes representan una amenaza para la salud pública.
La derogación implicaría eliminar la obligación de establecer estándares federales de emisiones de CO₂ para automóviles y pondría en riesgo las regulaciones aplicables a plantas eléctricas y a las emisiones de CO₂ y metano en operaciones de petróleo y gas.
Incluso antes de estas directrices, Estados Unidos ya era –y continúa siendo– el segundo mayor emisor de CO₂ del mundo, con entre 4.850 y 5.050 millones de toneladas métricas emitidas en 2022, sobre todo por la combustión de combustibles fósiles en transporte, generación eléctrica e industria. Los mayores emisores son China, EE. UU., India, Rusia y la Unión Europea.
A estas decisiones se suman las posiciones antivacunas del secretario de Salud estadounidense, Robert Kennedy Jr., quien ha cuestionado las vacunas elaboradas con ARN mensajero. Su postura ha contribuido a disminuir las tasas de inmunización contra enfermedades infecciosas como el sarampión.
Pareciera que el mundo está al revés: en vez de fortalecer la protección ambiental y la salud pública, algunos liderazgos autoritarios avanzan en sentido contrario, priorizando intereses económicos sobre el bienestar colectivo.
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Darner Adrián Mora Alvarado es salubrista público.