
Hace unos meses, mi espejo me confirmó la abundancia de los hilos de plata. Primero en las sienes; luego, en una barba que hoy reclama su blancura con orgullo. Pero mientras mi fisonomía ganaba carácter, mi valor en el mercado laboral parecía diluirse.
A los 57 años y tras un buen rato de entregar resultados, me encontré con una carta protocolar y un apretón de manos que sabía a despedida prematura. En el mundo corporativo, las canas parecen funcionar como tinta invisible: cuantas más tienes, más invisible te vuelves para los algoritmos de reclutamiento.
Sin embargo, esta invisibilidad es el síntoma de una ceguera económica suicida. Mientras nuestras vallas publicitarias y estrategias de mercado siguen obsesionadas con la estética de la eterna juventud, la realidad en las calles de San José, Cartago o Escazú cuenta una historia distinta.
Somos el país que envejece más rápido en la región: según las proyecciones de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) para el año 2050, uno de cada cuatro costarricenses tendrá más de 65 años. Sin embargo, seguimos tratando a este grupo demográfico como un “segmento de salida” o, peor aún, como una carga asistencial. Es hora de entender que este mercado no es un problema de salud pública, sino la mayor oportunidad de innovación de nuestra década.
Con una tasa de fecundidad que cayó al 1,29 (muy por debajo del reemplazo poblacional), el “bono demográfico” se ha esfumado. Pero en su lugar, ha surgido lo que el BID denomina la economía plateada. Si las industrias creativas y tecnológicas costarricenses –desde el diseño de software hasta el turismo de bienestar– lograran quitarse las gafas del edadismo, descubrirían un océano azul de posibilidades.
El error fundamental radica en nuestra mirada. Padecemos de un sesgo cognitivo: asociamos la vejez con la fragilidad y el retiro, ignorando que los “nuevos mayores” son, en realidad, los consumidores más sofisticados y con mayor poder adquisitivo del mercado. Estamos ante una generación que no solo busca “ser cuidada”, sino que demanda experiencias, tecnología, viajes y, sobre todo, pertenencia.
El problema versus la oportunidad
Los datos de la CCSS también confirman que el gasto en pensiones y salud se disparará, pero ese es solo un lado de la moneda. El otro es el poder de compra. El segmento de más de 55 años en Costa Rica es, paradójicamente, el que posee mayor estabilidad patrimonial y capacidad de gasto discrecional. Sin embargo, las empresas siguen diseñando para un cliente de 25 años que lucha con la precariedad, ignorando al de 60.
¿Por qué nuestras aplicaciones móviles de banca o comercio siguen teniendo interfaces hostiles para quienes no nacieron con un celular en la mano, asumiendo que después de los 50, la curiosidad se apaga? ¿Por qué el sector inmobiliario nacional sigue construyendo apartamentos “para solteros jóvenes” en lugar de viviendas inteligentes, con diseño universal y servicios integrados para la longevidad activa?
La oportunidad no es solo vender productos; es rediseñar la sociedad. La industria creativa tiene aquí un papel estelar: cambiar la narrativa del “abuelito” por la del “ciudadano sénior” que sigue produciendo, aprendiendo y consumiendo. Necesitamos un marketing que hable de vitalidad, no solo de vitaminas; de destinos turísticos con accesibilidad total, no solo de descuentos de “ciudadano de oro”.
¿Qué podemos aprender del mundo?
Para hackear este sistema, necesitamos herramientas que cambien la narrativa, aprovechando modelos globales que han demostrado que la longevidad es un negocio extraordinario.
Vivienda Colaborativa (Cohousing): En Dinamarca y España, comunidades sénior autogestionadas combaten la soledad urbana. En Costa Rica, desarrollar proyectos habitacionales con diseño universal en zonas de alta plusvalía es una oportunidad para un sector construcción que hoy ignora a quienes ya pagaron su primera hipoteca.
Universidades de la Tercera Edad: Inspirados en La Sorbona de Francia, debemos transformar nuestras universidades en centros de re-skilling. Según la CCSS, mantener al adulto mayor cognitivamente activo reduce drásticamente los costos en atención por demencia y depresión. La educación continua es, además de un negocio, una política de salud preventiva.
Plataformas de talento sénior: Modelos como Wisdom Together conectan a ejecutivos “retirados” con startups. En lugar de liquidar el talento de 57 años, las empresas costarricenses deberían crear “consejos de sabios”. La templanza de quien ya vio caer tres crisis económicas es una ventaja competitiva imbatible.
Turismo de regeneración: El mercado plateado no busca solo rampas; busca propósito. Costa Rica puede ser la sede mundial de un turismo donde los séniors participen en conservación o artes locales, moviendo una aguja económica que hoy depende de temporadas altas de jóvenes mochileros.

La urgencia de un nuevo contrato social
La sostenibilidad de nuestro sistema solidario depende de esta visión. Si no logramos que el “mercado plateado” sea vibrante y productivo, la presión sobre el régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) será insoportable. La verdadera “revolución de las canas” ocurrirá cuando dejemos de diseñar para los adultos mayores y empecemos a diseñar con ellos.
El futuro de nuestra economía ya no tiene piel lozana; tiene canas, tiene experiencia y, sobre todo, tiene un capital que no podemos seguir ignorando. La pregunta para nuestras empresas y políticos no es cómo vamos a sostener a los mayores, sino cómo vamos a crecer junto a ellos.
Escribo esto con el peso de mis 57 años, pero también con la ligereza de quien ya tiene poco que demostrar, salvo que sigue vivo. Ser expulsado del mercado por el color de mi barba no fue un final, sino un bautismo de realidad. Por ello, mi barba blanca no es una señal de retiro, sino la bandera de una rebelión que apenas comienza.
jpferrari68@gmail.com
Juan Pablo Ferrari S. es periodista y consultor.